Modernidad petrolera

Juan C. Sosa Azpúrua
@jcsosazpúrua

 

Hoy, la infraestructura venezolana ha perdido toda su competitividad

 

Nada es más elocuente que el observar cómo los países latinoamericanos impulsan importantes proyectos energéticos. A principios de los noventa, Venezuela era el faro del mundo en estas cuestiones. Se estaba llevando a cabo un proceso virtuoso que atrajo a las mejores empresas. Los contratos se negociaron en tiempo récord, y fueron el modelo que nuestros vecinos aplican hoy. Se entendió que la única forma de aprovechar las vastas reservas que nos regaló la providencia era a través del apalancamiento financiero y tecnológico que brindaba la empresa privada. La ideología que privaba era la de los negocios, al fin y al cabo se trata de maximizar la explotación de los recursos naturales para generar la riqueza, por medio de la cual es posible la prosperidad de la nación.

 

Pero lastimosamente, las cosas cambiaron y los resultados están a la vista. Hoy, la infraestructura venezolana ha perdido toda su competitividad. El estado de las refinerías, las estaciones de servicio, las gandolas y tanqueros, pozos y oficinas, recuerdan las fotografías que circularon cuando cayó la cortina de hierro y se pudo constatar el estado fantasmagórico al que habían reducido la infraestructura petrolera rusa, que a comienzos del siglo XX brillaba por su excelencia.

 

Nada es más pernicioso que pretender que un Estado, por naturaleza burocrático y multifuncional, administre una empresa tan compleja y llena de inmensos retos como la petrolera. Algunas operadoras pareciera que por fin están recibiendo un trato más amigable y flexible. Es evidente que Pdvsa las necesita, y urgentemente. Lo importante es que cualquier cambio positivo que se dé, esté enmarcado dentro de una política energética estructural y a largo plazo, que sea moderna y competitiva.

 

 

 

 
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