Un Papa sorprendente

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Miguel Durán

 

El nuevo Papa lanza unos mensajes que dan a entender que en la nueva Iglesia casi todo vale

 

No me considero, vaya por delante, un católico ejemplar. Ni siquiera sé a ciencia cierta cuánto de católico tengo, porque si lo analizo desde la perspectiva de mis convicciones, de mi fe, de mi profunda fe en Dios, tendría que decir que me siento absoluta e irreversiblemente creyente, pero si lo digo desde mi lado de sujeción a las normas de la Iglesia, es muy posible que suspendiera el examen.

Puestos a confesar, confieso que escuchando al nuevo Papa uno se siente un poco relajado, porque este ciudadano argentino, merecedor de ocupar la cátedra de San Pedro, lanza unos mensajes que darían a entender que en la nueva Iglesia casi todo vale. Si lo suyo es innovar, a fe que lo está haciendo o –por lo menos, de momento– diciendo.

Acaba de poner en pleno funcionamiento el Consejo de los ocho cardenales y se supone que no habrá de ser para que todo siga igual. Dice cosas muy sorprendentes, a la par que atractivas e impactantes, sobre la homosexualidad, sobre el divorcio e, incluso, sobre el aborto, de manera que a quienes estaban y están anclados en la tradición eclesiástica más genuina les está poniendo las meninges del revés. Se dice de quien pretende abarcarlo todo que va con una mano por el cielo y otra por el suelo, pero suele afirmarse en el sentido de que es una actitud tan omnicomprensiva que suele resultar o imposible o ineficaz. Claro, tratándose del Papa, ¿quién le niega la capacidad de tocar el Cielo con una mano y arrastrar la otra por la corteza de la Tierra?

Sin embargo, siendo como es el ecumenismo un objetivo saludable (sobre todo si se hace manteniendo la identidad de cada credo en su respectiva independencia), me parece a mí que no lo es menos que un ecumenismo vacío o meramente voluntarista puede entrañar muchísimo riesgo. Es muy posible que con este giro, de momento sólo dialéctico pero casi copernicano, que el nuevo Papa está dando, Francisco logre atraer mucha gente que se había auto-excluido de la Iglesia tradicional, pero –y también está por ver– ¿cuánta gente de la que tenía y tiene convicciones muy arraigadas puede sentirse perpleja y próxima al desaliento o al despiste? Si creemos que Dios es infinita misericordia y que el perdón divino también es infinito, está bien que el Papa trate de extender el manto espiritual del nuevo papado urbi et orbi, pero si sigue valiendo aquello de que “extra eclesiae nulla salus” es difícil –sin que el nuevo Papa nos diga cómo– pensar en que las cosas resulten tan sencillas como a veces él da a entender.

 

La Teología es una ciencia vastísima y ha establecido muchas cosas de las que, naturalmente, algunas pueden entrar en revisión, pero el nuevo Papa Pontifex et maximus magister deberá medir muy bien cuántas cosas quiere poner patas arriba, en cuánto tiempo desea hacerlo y cuáles puedan ser las consecuencias de todo ello.

 

Tomado de @LAGACETA

 

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