Una verdadera revolución

Peter Albers

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peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

El poco espacio asignado a esta columna no permite entrar en detalles y precisiones sobre el tema de hoy. Quienes deseen hacerlo pueden ver “Historia de Francia” de André Maurois, u otro texto similar, aparte de la información que ágilmente suministra Internet. Pero para establecer ciertos paralelismos que el lector podrá deducir, baste decir que Luis XIV (1638 – 1715) reinó en Francia como le dio la gana, con un Consejo de Secretarios (que podrían ser los ministros de hoy) a quienes no escuchaba, sin controles de una Asamblea (tenía años que no se reunía), y engrandecido por la adulancia de quienes le rodeaban en su corte de ociosos y parásitos. El duque de Saint-Simon escribió en sus “Memorias” que este rey “había nacido con un espíritu más abajo de lo mediocre, pero capaz de formarse, refinarse y tomar prestado de los demás sin límite ni afectación”. Famosa es su frase “El Estado soy yo”, que resumía su manera de imponer su voluntad sobre todo el país.

 

Fue clima propicio para que filósofos e intelectuales comenzaran un proyecto que terminó acabando con el escandaloso sistema donde unos pocos disfrutaban de toda la riqueza, siendo el resto una masa greñuda, sucia y pobre hasta el extremo. En medio, una clase emprendedora dedicada al comercio y la manufactura.

 

revolucion francesaFilósofos e intelectuales se dieron a la tarea de producir una extensa obra, contenida en numerosos volúmenes, llamado “La Enciclopedia”. Comenzó en realidad como un negocio de libreros que, a pesar de su extensión y volumen, tuvo buena aceptación entre la clase pudiente, que consideró “de buen gusto” poseer una. En los lujosos y amplios salones donde residían las más encopetadas familias, se celebraban reuniones periódicas, a las cuales concurrían los más célebres intelectuales, quienes eran el centro de atención de los demás, por sus ideas avanzadas y su ingenio. Entre ellos, los “enciclopedistas”.

 

Al principio, la policía del régimen (lo que hoy vendría siendo el SEBIN de Maduro) no dio importancia a la Enciclopedia. Su ignorancia hacía que la vieran como un diccionario común, y no lograban captar las ideas de igualdad social, de justicia equitativa para todos, y de libertad de todos los ciudadanos, que se encontraban no tan implícitamente en sus numerosas páginas.

 

Al morir el todopoderoso Luis XIV, le sucedieron otros Luises: XV y XVI. Del primero sólo queda su nombre en un estilo de muebles bastante cursi, y del segundo su inocente desconocimiento de la Revolución que se había gestado desde hacía ya tiempo, basada en los contenidos de la Enciclopedia y en el descontento de la población más humilde, hambreada y oprimida.

 

Luego de una complicada situación política, la representación del pueblo (la verdadera, no la de los cortesanos sumisos al rey) se reúne en una asamblea, considerada irregular por el régimen. Toda la situación degenera en un levantamiento popular que va tomando fuerza en las poblaciones de provincia y que finalmente estalla en el propio París, ante un gobierno arruinado que no tenía con qué pagar sus cuentas.

 

Cansado de abusos, hambre y miseria, el pueblo toma la Fortaleza de La Bastilla y se inicia así la Revolución Francesa, quizá la única revolución que ha terminado en algo positivo en este mundo. Fue iniciada por gente del pueblo, y no por un sumiso ejército ni una corrompida corte.

 

 

 

@NOTITARDE

 

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