El ABC de María Teresa Romero Internacionalista

“En el exterior hay preocupación por la vía que está tomando el gobierno venezolano”.

“En el exterior hay preocupación por la vía que está tomando el gobierno venezolano”.

Chávez se sentía un líder, el continuador de la Revolución Cubana y el jefe de la Revolución Bolivariana continental. Sigue la exclusión de funcionarios de carrera en el servicio exterior. Los organismos internacionales se están manejando con más distancia hacia el gobierno venezolano, señala la autora del libro “El enigma SAC. Travesía vital de Simón Alberto Consalvi”.

 

Manuel Felipe Sierra

 

Es periodista e internacionalista, con una amplia experiencia como docente en la UCV y en universidades del extranjero. Sus libros sobre la política exterior venezolana son textos de uso obligatorio. Es autora de una biografía de Rómulo Betancourt y recientemente, ha publicado un relato biográfico sobre el también periodista y diplomático excanciller fallecido Simón Alberto Consalvi. Estas son sus reflexiones para ABC de la Semana.

 

Se cumplen 6 meses del gobierno de Nicolás Maduro, ¿percibes algún cambio en el tema de la política internacional en relación al mandato de Chávez?

 

— Realmente, el gobierno ha radicalizado y profundizado su política exterior. Se esperaba, no solamente entre los venezolanos, sino en la comunidad internacional, que con la muerte de Chávez y la llegada de Maduro, hubiese más diálogo con la oposición democrática venezolana y también con las instituciones internacionales. Pero eso no ha sucedido, ha sido la misma política de confrontación con aquellos gobiernos democráticos que han hecho cuestionamientos a la actitud radical del gobierno de Chávez y ahora, al de Maduro. Ha sido una política, a la vez, de mayor vinculación con regímenes que desafían el derecho internacional, las leyes internacionales y los principios democráticos en el mundo, tales como: el gobierno de los Castro, Irán, Rusia, Bielorrusia y los gobiernos en América Latina miembros del ALBA. Parece que lo que ha pasado aquí es que se ha agudizado esa política exterior ideologizada que siempre tuvo Chávez, no con la impericia o la forma que lo caracterizaban, con un estilo diferente, pero igualmente negativo para los intereses nacionales.

 

Claro, porque esa era una política que estaba muy a  tono con la personalidad de Chávez, que además de militar era un líder carismático, fuerte y que sin duda produjo un impacto en América Latina y en el plano internacional. Pero Maduro es un presidente que tiene que moverse de forma distinta.

 

— Exactamente, y no es así. Claro, eso tiene descontenta a la comunidad internacional y lo hemos visto, quizás no en tantas críticas, pero como que prefieren no caer en la trampa de estar peleando con Maduro. Pero si se ve, fundamentalmente en el hecho de que la inversión extranjera ha disminuido bastante en Venezuela. Los organismos internacionales están tratando de manejarse más aisladamente, con más distancia hacia su gobierno. Se percibe que afuera hay preocupación por la vía que está tomando el gobierno venezolano. Y una base fundamental para la política exterior de Maduro es, por supuesto, lo que nosotros llamamos “el aparato diplomático” y allí, hemos visto que sigue la persecución contra funcionarios diplomáticos.

 

— Y que hemos evidenciado con la gestión de la Cancillería.

 

— La propia Cancillería, sus representantes diplomáticos en el servicio exterior, en consulados, embajadas, están más ideologizados y sigue la exclusión de funcionarios de carrera que venían desde antes de que llegara al poder Hugo Chávez. También siguen cerrados los concursos de oposición mediante los cuales se ingresaba a la Cancillería, entonces funciona ahora más que nunca el apuntamiento a dedo. Allí vemos reflejada también esa radicalización. Uno se pregunta si en estos momentos de debilidad  institucional del gobierno, si le es conveniente este grado mayor de radicalización que va acompañado de una mayor militarización también.

 

Romero considera que en estos momentos de debilidad  institucional del gobierno de Maduro, no le es conveniente una mayor radicalización.

Romero considera que en estos momentos de debilidad institucional del gobierno de Maduro, no le es conveniente una mayor radicalización.

Chávez, el líder

 

— Ese es el otro elemento, la militarización. Porque sin duda alguna esto tendría la explicación de fortalecer las bases del chavismo, de mantener cohesionado al chavismo, que como sabemos es un mundo también con divergencias, con muchos sectores contrapuestos. Tú ponías el ejemplo también, en un programa reciente, de lo que es posible ver a través del portal de Aporrea, donde existe una discusión fuerte en algunos casos.

 

— No solamente entre simpatizantes del chavismo y militantes chavistas, sino también de personajes extranjeros como Heinz Dieterich, el profesor y analista mexicano-alemán que en un momento dado fue asesor del presidente Chávez, que es muy crítico de este gobierno y dice que va a llegar a explotar de alguna forma, porque no le ve viabilidad a largo plazo.

 

— Y esto de la radicalización de la estrategia internacional se da cuando muchos de los aliados, o que sirvieron de aliados a Chávez en esta estrategia, si bien no han cambiado, han manifestado cierta flexibilidad, como el caso particular de Irán y también en el caso de Putin.

 

— Así es. Yo creo que esos gobiernos, también radicales, sin ninguna duda han leído los problemas y los descontentos internos de sus países y también la impaciencia de la comunidad internacional, que no es un momento favorable y que lo más conveniente es abrirse, que era lo que se creía aquí que iba a hacer Maduro, tanto interna como externamente, pero no lo ha hecho. Como bien dices lo único que explica la actitud de Maduro es mantener la cohesión, hasta donde sea posible, de los diversos factores que conforman lo que llamamos chavismo. Porque yo no creo en eso de que haya un “madurismo”, esto es como otra faceta. Pero es una apuesta muy arriesgada porque eso es como una calle ciega, cuando te metes por la calle de la radicalización la llevas hasta el final y siempre, hasta algún momento, va a haber un parado interno y externo, porque no tienes a donde más seguir.

 

— Y eso lo hacía Chávez con un estilo mucho más claro y aunque tenían un lenguaje muy duro, como militar sabía también dar el paso atrás. Y ello lo demostró en el caso de las relaciones de Colombia.

 

— A diferencia del gobierno de Maduro, que no es de Maduro, es del grupo que llaman los “maduristas” y que también están muy apegados a los cubanos (hoy más que nunca). Porque yo creo que hasta el propio Chávez, con todo el amor confesado que le tenía a Fidel Castro y esa adoración por la Revolución Cubana, Chávez quería ser independiente y autónomo.

 

— Y el trato entre los Castro y Chávez fue totalmente distinto al trato que tiene Maduro con ellos.

 

— Claro, porque Chávez se sentía un líder, el continuador de la Revolución Cubana y el gran jefe de la Revolución Bolivariana Continental. Pero Maduro no tiene esa entidad, Maduro está mucho más supeditado al régimen cubano, a los asesores de otros países que también están aquí, a otros factores del chavismo que algunas veces han tenido sus divergencias (como es el caso de Diosdado) y a los militares. Entonces, esta radicalización se le ve falsa o por lo menos mal llevada y yo creo que le está haciendo mucho mal.

 

Relaciones diplomáticas

 

— ¿Y en relación al caso de la situación con Guyana y la captura de este buque?

 

— Bueno, ese es un caso excelente para ejemplarizar lo que vengo diciendo. El gobierno de Chávez, en un principio y durante su campaña, dijo que iba a preservar la soberanía venezolana y a luchar para que el conflicto con Guyana se solucionara sin que fuera ninguna pérdida territorial o marítima para Venezuela. Después, tal vez convencido de no pelear con otros países del Caribe y para tener sobre todo su favor y su votación en organismos como la OEA, la ONU, entre otros, dejó que Guyana hiciera lo que quisiera en el territorio en reclamación y en las aguas que se derivan de ese territorio, lo que se llama “la fachada atlántica de Venezuela” que no ha sido delimitada tampoco. El acuerdo de Ginebra, firmado en 1966, establece que mientras haya ese litigo Venezuela tiene que denunciar cualquier concesión que Guyana de en esa zona. Entonces, ahora a instancias de la oposición venezolana y de muchos analistas e internacionalistas que vienen denunciando ese silencio, que lo que haces es que Guyana haga lo que quiera y perder Venezuela en ese litigio futuro, parece que (según quienes vienen analizando con acuciosidad este tema) la Armada, sin el permiso o sin decirle al presidente Maduro, y otros factores que son muy nacionalistas y que no están de acuerdo con esto, capturaron a este barco de una multinacional norteamericana, que pasaron por aguas territoriales y que Guyana no le había dicho nada al gobierno de Venezuela. De modo que ahí observamos la división que existe dentro del chavismo, que, a pesar de la militarización, no todos los militares están de acuerdo con las políticas de Maduro en el área nacional y en el área internacional.

 

— Y esto obligó a que se reunieran los cancilleres de Guyana y de Venezuela.

 

— Claro, porque fue Guyana la que protestó y dijo “si llevan años sin decirnos nada, ¿cómo es esto ahora?”. Entonces, el gobierno tuvo que mandar al canciller Jaua a que solventara la situación diplomáticamente con Guyana, pero la Armada hizo lo que quiso.

 

— ¿Y las relaciones con Estados Unidos, que cuando la reunión Jaua-Kerry parecían que iban a mejorar? De hecho se habló de nuevo del envío de embajadores y luego, ocurrió este incidente con los diplomáticos norteamericanos acá y hubo también la medida similar del gobierno de Washington con nuestros diplomáticos allá…

 

— Es una relación que también ha sufrido la radicalización internacional de Maduro. Lo que pasa es que el gobierno dio ese paso de acercamiento con Estados Unidos y pidió hablar con el Jefe del Departamento de Estado, John Kerry y se reunieron a petición de parte de Venezuela, fue porque en ese justo momento habían pasado apenas dos o tres semanas que Henrique Capriles Radonski, como líder de la oposición, se habia reunido con varios mandatarios, entre ellos el presidente Juan Manuel Santos, como después lo hizo con Piñera. Y se estaban movilizando mucho también los parlamentarios de la oposición en el exterior, tratando de explicar porqué ellos no reconocían al gobierno de Maduro, que las elecciones presidenciales de abril, para ellos habían tenido visos fraudulentos, porqué habían pedido el reconteo, todo eso lo estaban explicando y habían tenido éxito, los estaba recibiendo la comunidad internacional. Eso hizo que Maduro y su canciller, Jaua, pidieran una entrevista con Kerry, tratando de hacerse ver más moderado. Pero apenas consiguieron que la comunidad internacional reconociera en parte a su gobierno y empezaran otra vez a sostenerse diálogos serios con el gobierno venezolano, echaron a un lado esa línea y reanudaron la confrontación de siempre, sobre todo con los Estados Unidos.

 

— ¿Y cómo ves las relaciones con Colombia? De cara a las elecciones colombianas, Colombia vive una situación política muy tensa, se han registrado diversas protestas y las negociaciones con las FARC parece que se han enfriado, no se han cancelado pero en algún momento se pronosticaban ciertos acuerdos…

 

— Sí, se han enfriado mucho. Juan Manuel Santos está viviendo un momento muy difícil dentro de Colombia, como lo evidencian las manifestaciones sociales que ha tenido, las divergencias entre el mundo político y el mundo también militar, en torno a cómo llevar el proceso de paz y el enfrentamiento y la guerra, no solamente contra las FARC sino contra el ELN. También contra las fuerzas paramilitares y los grupos del narcotráfico. Hay muchas críticas al gobierno de Santos y recordemos que él busca la reelección para el año que viene, de modo que ha preferido dejar la relación con Venezuela también en un muy bajo perfil. Tanto que después de ese impase que tuvo con Venezuela por haber recibido a Capriles, ha mantenido una diplomacia sin micrófonos con Venezuela y parece que las relaciones estuviesen muy bien, pero en realidad es muy poco lo que se ha logrado en relación a lo que se esperaba.

 

— Recientemente escribiste el libro “El enigma SAC. Travesía vital de Simón Alberto Consalvi” y como hablamos de política internacional, Consalvi fue un gran internacionalista, fue Canciller de Venezuela en dos oportunidades, embajador en la ONU, un hombre dedicado a la política internacional. Cuéntanos un poco sobre este libro y sobre el Consalvi diplomático.

 

— Este es un esfuerzo de investigación y de análisis, forma parte del género biográfico, un género que me gusta mucho porque es una forma más popular y más abierta para conocer la historia de Venezuela a través de la vida de un personaje, que además ha dejado mucho, como es el caso de Simón Alberto. Él fue periodista, fue historiador, fue gran promotor cultural y fue diplomático. En el área de la diplomacia, además de los cargos que ejerció, dejó una escuela diplomática muy bien formada. Él hizo del servicio exterior profesional en Venezuela uno de sus caballitos de batalla y yo creo que lo logró. El libro trata de recoger en cada de una de las facetas de Simón Alberto, no solamente su trabajo sino su trabajo en equipo, sus escritos sobre la diplomacia y bueno, eso recoge cómo era también la vida diplomática en la Venezuela del siglo XX, durante los 40 años de democracia, que si bien tuvo fallos, en la diplomacia y en otras áreas, fue una época brillante para la lucha democrática en materia de política exterior.

 

Twitter Ma. Teresa Romero: @mt_romero

 
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