EL ANHELO DE IGUALDAD

Alexis Alzuru

Alexis Alzuru

Alexis Alzuru

 

En Venezuela, el espíritu de cambio es masivo…. Pero la desconexión emocional entre dirigentes de oposición y pueblo, lo obstaculiza.

 

Sintonizar con las aspiraciones de la gente fue el legado que Martin Luther King dejó a los políticos. Su hazaña fue advertir que una parte del pueblo americano se encontraba inspirado por el deseo de igualdad. Su conexión con el colectivo le permitió trasmutar en acción política lo que era una esperanza. Martin Luther King comprendió que aquella expectativa era un virus. En especial, entendió que cuando esa pulsión aparece su actividad no cesa. Su presencia y efectos se pueden desvirtuar, se pueden postergar. Pero regresan por vías diferentes. Por supuesto, el cambio se concreta cuando se interpreta de forma correcta. Por ejemplo, se sabe que Martin Luther King potenció la lucha por los derechos civiles porque capturó el tono moral de las protestas que se desataron por la detención de Rosa Parks. Una afroamericana que defendió el derecho que tenía de sentarse en un autobús.

 

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Martin Luther King

 En Venezuela el espíritu de cambio es masivo. Sus señales son múltiples. Pero los líderes siguen sin armonizar con los sentimientos de la gente. Por eso, las encuestas revelan un dato extraño: Decrece la aprobación de los dirigentes. La noticia incomoda cuando se examinan las cifras sobre los dirigentes de la  oposición. El favoritismo por esa representación cayó en 6 puntos entre marzo y septiembre.

 

¿Cómo se explica que la opinión favorable hacia los dirigentes de oposición en algunos casos haya retrocedido y se haya estancado, en otros? ¿Cómo se entiende que la oposición no capitalice el descontento en momentos en los que hay más de cuatrocientas protestas mensuales? Algunas repuestas surgen a través de una lectura sin prejuicios de las encuestas. Por ejemplo, los estudios reconocen que existe un gran malestar generalizado por la escasez de productos y la inflación. Más del 80% de la población reconoce su desacomodo con la situación. Sin embargo, también señalan que los voceros de la oposición enfocan el problema dejando de lado lo esencial del desasosiego popular. 

 

Mientras los venezolanos esperan por una visión de futuro que les permita soñar con una vida digna y confortable, la estrategia de la oposición se agota en el golpe por golpe. Sus líderes se encuentran acorralados en una agenda de confrontación. Basta señalar que el disgusto que hay por la escasez de bienes y la inflación lo reducen a una cuestión de inventarios. Pero el desarreglo social es por el buen vivir; no un asunto de cantidades. Lo que se cuestiona es la calidad de las condiciones que cualquier ciudadano aspira tener para vivir con dignidad su vida. Sin embargo, el reclamo por el deterioro de la calidad de la vida la oposición lo resuelve en una crítica por la ineficiencia de la burocracia pública.

 

El malestar que existe está relacionado con la autoestima del ciudadano; no es un desacomodo por las políticas públicas. Pero el aspecto moral de la protesta no ha sido interpretado por quienes adversan al gobierno. Por supuesto, su desenfoque ha desvanecido el entusiasmo que deberían generar. Por eso, no extraña que la aprobación hacia la oposición toque techo a la par que el bloque de indecisos aumenta. Las proyecciones indican que los no alineados pudiesen representar un mercado superior al 50% de la población.

 

El anhelo de cambio y el liderazgo opositor

 

La evolución que está en efervescencia es radical. Algunos números muestran la magnitud del quiebre. Por ejemplo, la mayoría estima que el valor regulador de la sociedad debe ser la igualdad. Esta esperanza colocó patas arriba los códigos culturales de la sociedad venezolana. Pero es bueno advertir que ese deseo es en una aspiración que se hizo consciente. La mayoría espera que la igualdad ordene la vida de la República. Por cierto, hay que decir que ese acto mediante el cual se coloca el valor de igualdad como eje trasformador del país es una alteración moral en la conciencia colectiva. Tal vez la más definitiva que se ha producido en Venezuela desde el Pacto de Punto Fijo.

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La igualdad es el valor más importante para las democracias contemporáneas. Basta pensar que es el alimento del sistema de libertades políticas y civiles; o si se quiere: Cuando están afincadas en la igualdad, las libertades se ejercen a plenitud. Sin embargo, en Venezuela se confundió esa ambición con el ideal de igualdad que perfiló el fallecido Hugo Chávez. Este error ha provocado la ruina. Pues permitió que unos mercenarios se apropiaran del poder; a la vez que ha motorizado el estancamiento de quienes adversan al gobierno.

 

Las encuestas confirman que los venezolanos prefieren el ideal de sociedad de Hugo Chávez a cualquiera otro en el que la igualdad esté ausente. Vale decir que el liderazgo opositor ha sido incapaz de comunicar que el ideal de Hugo Chávez nada tiene que ver con los postulados de igualdad política. Sobre todo, no han comprendido que los sentimientos de equidad de los venezolanos están más próximos a los principios liberales de justicia que al populismo autoritario, defendido por quienes hoy se aferran al poder.

 

La desconexión emocional entre dirigentes de oposición y pueblo obstaculiza el cambio político. La aspiración de igualdad es el conector de ese nexo. Mientras ese puente moral permanezca roto, las encuestas continuarán anunciando que o bien un liderazgo convierte los anhelos de transformación de la vida pública en realidades políticas o un tsunami social pasará sus facturas.  

 

Tomado de: @ElNacionalWeb 

 

 

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