GUERRA NO ADMITE ELECCIONES

JESÚS HERAS – 

 

El oficialismo perderá las elecciones de diciembre. Es lo que la lógica indica. No se trata de preferencias personales, que las hay, o de apasionamiento, que en mi caso no existe. Veamos.

 

Quienes desde la democracia observamos el acontecer venezolano, no advertimos nada que no apunte a un cataclismo económico, político y social: Colapso progresivo de la infraestructura pública; desmantelamiento de la producción privada (entregando expresamente a terceros nuestra soberanía alimentaria); subsidios masivos para mantener un nivel adecuado de “popularidad”; despilfarro en alocadas iniciativas: “Gallineros Verticales”, “Ruta de las Empanadas”, ficticias cooperativas de producción; permisividad total para que la avaricia abriera caminos anchos a la revolución; obsequios generosos para garantizar aliados internacionales, facilitando de paso la penetración cubana en el continente. Y, cuando el petróleo escaseó, endeudamiento exponencial, entregando en prenda valiosísimas riquezas y reservas.

 

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Las consecuencias han llegado: Caída abrupta de las reservas internacionales, devaluación exponencial del signo monetario, inflación galopante, escasez de productos esenciales, síntomas de explosión social, descontento general.

 

Esta es una lectura escueta de los hechos. El cataclismo ha sido propiciado (ex profeso o no, es cuestión de criterios), por el gobierno mismo.  Y todo apunta, si hay liderazgo, porque sin liderazgo no hay nada, a un inminente cambio democrático, a una renovación.

 

El gobierno está contra la pared, pero, ojo, tiene su propia narrativa.

 

No es Maduro quien ha fracasado. Se trata de una guerra económica articulada por el imperio, la oligarquía, la derecha, la mafia amarilla y pare Ud. de contar. En la práctica, no es narrativa alguna. Se trata de una estratagema dirigida a un reposicionamiento suyo y de su gobierno en el tablero político nacional.

 

Maduro fabrica un responsable exógeno: la guerra económica. A la vez, declara su propia guerra, la suya contra la corrupción, no importa que los corruptos estén en sus propias filas. Un clavo mata otro clavo. En passant, retira al país de la Corte Internacional de Derechos Humanos, evadiendo de antemano cualquier dictamen de peso sobre sus futuras actuaciones.

 

El momento de la verdad.

 

Si hay guerra, medidas hay que tomar. Maduro exige una Ley Habilitante.

 

¿Sus intenciones? Combatir la corrupción no lo es. Para ello ya existen leyes que él mismo está aplicando. Este es el menú: Decretar un estado de guerra (estado de excepción); procesar penal y sumariamente a sus adversarios; imponer el “Estado Comunal”; eliminar la votación libre, universal y secreta… 

 

Cuba aplica este menú completo desde hace 50 años: después de todo, un estado guerra no admite liberalidades… y elecciones limpias, mucho menos.

 

Son dos narrativas distintas, dos posiciones contrapuestas. Una democrática, que propende al cambio. Otra, superpuesta, la guerra, que persigue sepultar la renovación.

 
Jesús HerasNo photo

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