Parra

Peter Albers

Peter Albers

Peter Albers 
@peterkalbers

 

Soy de los pocos pendejos que en este país creen que cada quien es inocente hasta que se demuestre lo contrario; al revés que la gran mayoría de los venezolanos, siempre dispuestos a condenar a priori a cualquiera que resulte bajo alguna investigación por un supuesto delito. Tan es así que el sospechoso pierde hasta el derecho a la libertad, cuando aún no se ha demostrado su culpa en el delito que se le achaca.

 

Es una actitud generalizada, y para muestra basta un botón: Los arquitectos e ingenieros que tramitamos permisos de construcción ante los organismos municipales debemos presentar una copia del certificado de solvencia con nuestros respectivos gremios, con sello húmedo original estampado sobre dicha copia. Esto, para prevenir que algún profesional maula y deshonesto manipule la fecha de validez, ya caduca, alterándola para hacerla aparecer como vigente. Es más fácil suponer que todos los arquitectos e ingenieros somos maulas y deshonestos, y que nos la pasamos adulterando documentos, que cotejar la fecha indicada en la copia presentada con los registros llevados en la contabilidad del gremio y, de comprobarse la falsificación, castigar a quien incurra en ella. Con el engorro de tener que ir a la sede del gremio, pedir el certificado, salir a sacarle copias, y regresar a que le estampen el sello húmedo a cada una. Los justos pagando por los pecadores.

 

Alcalde ParraCaso cuyo comentario es casi obligado en la actualidad es el de la situación “sobrevenida” con la investigación al alcalde Edgardo Parra y su gente.

 

Conozco a Edgardo Parra desde que él era niño. Desde entonces, nuestros encuentros han sido más bien ocasionales, y no podría decirse que hemos sido amigos asiduos. Pero sí lo fui de su padrastro, Natividad de nombre, y “Margarito” de apodo por su procedencia, un ingeniero jovial (como joviales son todos los margariteños) profesional serio y honesto, y con quien mantuve una buena amistad y una limpia relación profesional; su madre, una maracucha, luchadora y dedicada a su hogar y sus hijos. Juntos levantaron una numerosa prole pues, además de los que ya María tenía de su anterior esposo fallecido (los Parra Oquendo) de su unión nacieron varios más (los Rodríguez Oquendo). A todos les reitero mi amistad, y repudio la bajeza de quienes ahora le voltean la cara y le desconocen, caído en desgracia, sufriendo la incuria de todos aquellos que antes le adulaban y solicitaban favores.

 

Bastante se ha escrito ya sobre lo que viene aconteciendo con Edgardo Parra y su desempeño como Alcalde de Valencia. Árbol caído del cual leña se ha hecho. Tiempo hace que se da crédito a muchos rumores sobre las actividades de su hijo y de algunos de su familia, hechos de los cuales, de ser ciertos, era imposible no conociera Edgardo, dejemos que la justicia siga su procedimiento. Aunque ella no sea del todo ciega, y se ensañe con quienes han caído en desgracia con el régimen, mientras ignora acusaciones que, por los mismos delitos que le imputan a Parra, sean hechas contra personajes influyentes del Gobierno y sus amigos.

 

Graves consecuencias tendrá el caso Parra, más un aviso (para aquellos chavistas con “techo de vidrio” que piensen saltar la talanquera o enfrentarse a los más influyentes), que un castigo a quienes se aprovechen de sus posiciones privilegiadas para enriquecerse ilícitamente.

 

 

 
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