Olvídense de Messi

343 Lionel MessiEl genio no está triste ni incómodo. Solo tiene la cabeza y el objetivo en otra cosa: el Mundial de Brasil en 2014.

Rodolfo Chisleanschi

 

Detrás de los ojos pequeños y la mirada huidiza, de los espontáneos gestos seudoinfantiles y las dificultades de expresión oral, se esconde una mente sagaz, astuta, calculadora y fría: la mente del genio. Lionel Messi, de profesión mejor futbolista del planeta, es exactamente eso, un genio. El sábado, después del pálido paso del 10 por el clásico, las redes sociales se llenaron de rumores, especulaciones y apuestas. La realidad enseña que, si bien en los números su producción de la temporada no se aleja demasiado de las anteriores, en el rendimiento su caída resulta más que evidente.

¿Qué le puede estar pasando al genio? Su carácter cerrado, casi hosco, y su boca callada dan escasas pistas al respecto y obligan a analizar su psicología a partir de sus hechos y sus humores. Pero también, y sobre todo, a partir de cómo ha ido construyendo su carrera, una trayectoria casi sin baches en la que ha ido derribando mitos y récords como quien tumba despreocupadamente castillitos en la arena.

El genio no está ni triste, ni incómodo. Solo que tiene la cabeza y el objetivo en otra cosa, en el Mundial de Brasil

El 17 de mayo de 2006 no trae un buen recuerdo a Messi. Aquella noche, en París, el Barça ganó su segunda Copa de Europa, pero el chico de Rosario no jugó ni un minuto, pese a estar recuperado de una lesión producida en octavos frente al Chelsea. Nunca sintió aquel triunfo como propio. Lo expresó no participando en las celebraciones. Aquella noche se planteó su primer gran reto: quería una Champions suya, ganada por él. Con dos bocados y durante cinco años fue saciando su apetito: en Roma 2009 y más aún en Londres 2011 sintió que el trofeo ya le pertenecía.

Después llegaría el duelo con el Real Madrid de José Mourinho, tres años que elevaban el listón partido tras partido y que el 10 iba liquidando a medida que se convertía en el verdugo más implacable de Casillas. Casi simultáneamente, Cristiano le desafió a un duelo particular, por el Balón de Oro, pero también marcando un récord extraordinario de 41 goles en Liga en aquella temporada 2010-2011. Messi dedicó el año siguiente a pulverizarlo, y alcanzó los 50, mientras encadenaba trofeos FIFA.

Pero al mismo tiempo, el genio tenía otro reto. Resulta difícil entender por qué un chico que deja su casa, su barrio y su ciudad a los 13 años tiene tan afirmadas sus raíces a su suelo natal. Lo cierto, en todo caso, es que más allá de su cariño y su respeto a Barcelona, Cataluña y España, en ese estricto orden, Messi siente un amor profundo por Argentina, Rosario y Newell’s, su club de origen, en este caso, con un orden indiferente. Y durante mucho tiempo, demasiado, ese amor no fue correspondido. Su rendimiento en la selección era muy menor en relación al Barça y el hincha de la blanquiceleste le silbaba, le hacía saber que no era uno de los suyos. Pero en la clasificación para el Mundial 2014, el 10, por fin, ha logrado conquistar a su gente.

Y aquí hemos llegado al punto clave. El próximo reto de Lionel Messi tiene día, fecha y hasta hora determinada: 13 de julio de 2014 en Maracaná a las 16. La final del inminente Mundial es para el 10 del Barça la conquista del Olimpo definitivo. Porque es el título que le falta, porque le instalaría definitivamente entre los grandes más grandes de la historia. Nada excita la pasional mente de los argentinos más que la foto de su capitán con la Copa del Mundo en el corazón mismo del fútbol brasileño. Y nadie lo sabe más que el propio Messi. Hacia allí enfoca todos sus cañones esta temporada. Por eso mide y medirá cada esfuerzo, cada sprint, cada regate. Gerardo Martino también debe saberlo. Su obligación, entonces, es adaptar el equipo a lo que será una presencia de Messi a cuentagotas durante el curso. De ahí los cambios de posición, de estilo, la aparente renuncia a determinados dogmas… El genio no está ni triste, ni incómodo. Solo que tiene la cabeza y el objetivo en otra cosa. Olvídense de Messi.

@rodochisleanchi es periodista argentino.

 

 
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