EL MOMENTO LO EXIGE…

Vicente Diaz

Vicente Diaz

 

Vicente Díaz
@VicenteDz

 

Nadie puede. Un modelo de sociedad se hace hegemónico por consenso o a la fuerza. No hay de otra. En Venezuela nadie puede imponer un proyecto político porque el país está partido en dos pedazos equivalentes. Imponer, del lado del gobierno el socialismo contra la resistencia de por lo menos la mitad de la población, es ser ilusos o arriesgarse a terminar usando la fuerza, y eso tiene las patas muy cortas. Lo mismo vale para la oposición con su propio modelo social.

 

El gobierno está tratando eso: imponer una sociedad socialista, pero la angustiante situación económica, la inseguridad personal y la incertidumbre política están acosando a la familia venezolana. Son problemas abrumadores que requieren soluciones inmediatas. El agobio puede acabar con la esperanza. Eso es muy peligroso. Un pueblo sin esperanza es un pueblo resentido. La factura la puede  terminar pagando la clase política en su conjunto si no se sale de la peleadera empinándose sobre las diferencias. Los problemas del país solo tienen solución en el diálogo, nunca en la imposición.

 

En El Salvador, izquierda y derecha (disculpen el simplismo maniqueo),  se asesinaron durante años hasta que un proceso de facilitación exitoso permitió que se sentaran en una mesa a dialogar.  Varios días de insultos y descalificaciones iniciales le fueron dando paso a una  conversación compleja pero de altura que permitió acabar con la guerra civil. Y a estas alturas tanto Arena como el FMLN han sido gobierno, con la oposición respectiva pero con el respeto del otro.

 

344 DialogoEn Chile, por el contrario los radicales de izquierda y derecha impidieron el diálogo. Todos conocemos el resultado: el palacio de La Moneda fue bombardeado, el presidente Allende terminó muerto, la izquierda diezmada y los políticos de la derecha desechados por Pinochet, el ministro de la defensa de Allende que término imponiendo la más feroz dictadura militar conocida en América.

 

Colombia pareciera que luego de medio siglo de guerra civil por fin está encontrando un camino de paz, por medio del diálogo. Ojala, que nosotros no tengamos que pasar por eso para entendernos.

 

Pelear es más fácil que dialogar, pero no más útil. Y se requiere más valentía. Y más grandeza. Por algo el humano es la única especie que puede resolver sus conflictos conversando.

 

Pero en Venezuela el dialogo esta saboteado. Esta saboteado por percepciones y prejuicios e intereses. Resolver los últimos es lo sencillo. Lidiar con percepciones y prejuicios es lo complicado. Hay quienes no se atreven por pensar que serían percibidos como débiles y claudicantes. Otros que no se animan porque piensan que tienen al oponente contra las cuerdas.

 

Y en las respectivas esquinas los enemigos de la política, con diferentes pelajes, susurran al oído “al enemigo ni agua”. Esos susurradores, sembradores de cizaña, valientes pero con las bolas ajenas, deben ser espantados como moscas por quienes aspiren a graduarse de estadistas.

 

En estos tiempos difíciles, pretender imponer salidas sin contar con el otro sólo conduce al desastre. El camino que se está escogiendo para lograr imponer la Ley Habilitante, es apenas un ejemplo de lo que no debe ser. Es probable que lo logren, pero no es un paso que nos aleje del abismo. Ojala no sea lo contrario.

 

Este pueblo pareciera estarse cansando. Hay señales de eso. Es urgente un diálogo nacional o los pescadores en rio revuelto harán su agosto.

 

 

 

 
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