¿EXISTE EL ORGASMÓMETRO?

Angel Oropeza

Angel Oropeza

Angel Oropeza
oropeza@usb.ve
@angeloropeza182 

 

No. Un aparato o medida para cuantificar la cantidad de orgasmos que se producen en el país en un momento dado, no existe. Como tampoco existe tal cosa como un “felizómetro”, para saber con exactitud el nivel de algo tan subjetivo como la felicidad de cada uno de los habitantes de un país. Ciertamente se han inventado algunas estimaciones, como es el caso del estudio “World Happiness Report”, que realiza el  “Earth Institute” de la Universidad de Columbia. Sin embargo, se trata de  investigaciones de tipo cualitativo, basadas en auto-reportes subjetivos realizados por una muestra de ciudadanos, y nunca una medida objetiva y cuantificable que permita evaluaciones confiables y replicables. En otras palabras, no sirven como medida de políticas públicas.

 

344 sonrisa falsaEl problema con elementos tan subjetivos como la felicidad estriba justamente en su carácter eminentemente intangible. Nadie en su sano juicio aceptaría que, al buscar un empleo y preguntarle al patrón cuánto es la paga, éste le responda que le va a pagar con felicidad.  Ningún trabajador aceptaría tamaña burla, que además esconde una muy mal disfrazada explotación.

 

Los gobiernos serios existen para resolver problemas concretos de la gente. Los gobiernos circenses se escudan en promesas intangibles para justificar permanentemente su indolencia y su fracaso. Y si ya es condenable recurrir a ofertas gaseosas e impalpables para escurrir el bulto de su responsabilidad, resulta todavía más ofensivo que estas sean, además de etéreas, burlas ridículas a la dignidad de los pueblos. No otra cosa es la payasada tropical madurista –muy propio de repúblicas bananeras-  de crear un parapeto llamado “Viceministerio para la suprema felicidad social”.

 

Por encima de la lógica mofa con la que fue recibido por la población este chiste de mal gusto, seguramente salido de las lujosas oficinas de los bien pagados asesores cubanos del madurocabellismo, es importante subrayar cómo esto evidencia una vez más la irresponsabilidad de la actual oligarquía en cumplir siquiera con los requerimientos mínimos que se le exigen a cualquier gobierno, y es que al menos resuelva algún problema. Y cuando hablamos de problemas de la gente, nos referimos a cosas concretas: seguridad y control de la delincuencia, empleos de calidad, salarios que alcancen, viviendas decentes, escuelas dignas, salud, servicios que funcionen, abastecimiento de alimentos, control de la inflación. Estas cosas se pueden medir, y por tanto, se puede saber si el Gobierno las hace o no. Es simple: el pueblo sabe si las tiene o no las tiene. Pero cuando el régimen no puede con eso, recurre entonces a la salida fácil y engañosa de ofrecer intangibles –como esta guasa de la “suprema felicidad”- que nunca podrás ver ni medir, y por tanto jamás podrás evaluar.

 

344 gobierno-bolivarianoUna cosa son las necesarias utopías que iluminan la actividad pública, como aquella de Rousseau, según la cual el verdadero fin de la política es hacer cómoda la existencia y felices a los pueblos. Pero las utopías sirven como faros que orientan al marino en las noches de tormenta en alta mar. Le indican hacia dónde dirigirse, pero sabe que la meta es el puerto –que es lo tangible- y no la luz, que es solo para guiarse pero nunca para ser tocada. Del mismo modo, las utopías son para iluminar los caminos, pero no son políticas públicas. La política no es el arte de prometer el cielo imposible para más nunca, sino de ayudar a conseguir la tierra posible para hoy. La política adulta trabaja con posibilidades, con objetivos concretos, y es evaluada por resultados tangibles. La politiquería ofrece fetiches que solo persiguen distraer al pueblo para esconder su incapacidad y permitir la perpetuación de su estrategia explotadora.

 

Si esto fuera un concurso de ridiculez creativa, habría que darle al madurocabellismo el primer premio por esta última y novedosa burla. El problema es que mientas el Gobierno y sus asesores juegan a la politiquería y al circo, siguen matando impunemente a los venezolanos en las calles, no se consigue leche ni papel higiénico, los salarios alcanzan cada vez menos hasta para lo más imprescindible, y la gente siente que su país se va por un despeñadero. Ese es el verdadero cuadro de la más “suprema” de las infelicidades y tragedias.

 

 

 
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