La democracia

Julio Dávila Cárdenas
julio.davilacardenas@gmail.com
@jdavilac

 

El derecho a disentir es algo natural y consustancial a la democracia, por ello cuando se gobierna debe ser para todos. No cabe la exclusión alegando que existen conflictos que son irreconciliables, menos aun cuando se fomentan desde el mismo gobierno, haciendo uso de medios dirigidos a crear una supuesta lucha de clases, que de existir, debe ser conciliable, lo cual es preferible a la guerra civil o a la tiranía.

No resulta permitido tampoco aparentar que se actúa dentro de la letra de la Constitución, cuando lo cierto es que se mantiene lo más lejos posible de su espíritu, buscando con ello mantener el apoyo, o al menos la neutralidad de las fuerzas armadas, mientras los cimientos de la democracia se deterioran por vías extralegales.

No se puede olvidar que la fuerza armada debe ser una institución esencialmente profesional, sin militancia política, al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Lamentablemente algunas de las más altas autoridades militares prefieren cantar continuamente consignas a favor de una parcialidad, creyendo ganar méritos, cuando en realidad alejan a la institución del respeto que se le debe guardar.

Un gobierno verdaderamente democrático se caracteriza por permitir y estimular la existencia de una oposición libremente formada, que se exprese sin limitaciones y que pueda pedir el sufragio popular en igualdad de derechos, para así disponer realmente de la posibilidad de convertirse en gobierno. Sólo así se dará un poder concreto a la soberanía del ciudadano.

El sistema democrático se fundamenta en la independencia de los poderes. De esta manera pueden actuar los contrapesos. De nada vale que se establezca una independencia formal, si en la práctica se limitan a obedecer los mandatos de uno solo. La democracia no puede ser de aquiescencia y el Parlamento mucho menos. Éste debe estar abierto al gran debate, es allí donde debieran discutirse a fondo las necesarias reformas que hagan posible el progreso de la sociedad. Cuando se cercena el derecho a expresarse a un miembro del Parlamento se están violando sus derechos fundamentales, sin que pueda alegarse para ello motivo alguno, máxime cuando se encuentra consagrada en la Carta Magna su libertad de conciencia.

En una democracia es inaceptable la ineptitud administrativa, ya que de no ser así, el naufragio de la economía y del país es inevitable.

La tragedia es que los comunistas no se pueden conformar con el poder democrático, que es por naturaleza limitado y pacífico, ellos requieren un poder totalitario y belicoso.

 

 

 

Versión editada

 

 
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