TODO SUCEDE PARA ALGO

Ofelia Avella

Ofelia Avella

 

Ofelia Avella
ofeliavella@gmail.com

 

Uno está acostumbrado a decir que “todo pasa por algo”. Y en los momentos que vivimos, se escucha aún más. Creerlo realmente cuando pasa algo doloroso es difícil y, sin embargo, seguimos diciéndolo. Constatamos que es “lógico” que haya “razones” de aquello que sucede, pues si lo sucedido fuese tan “azaroso”, la vida sería un absurdo y nada tendría sentido. Parece, pues, que la vida hay que “comprenderla” en su secuencia para poder conferirle un sentido. Y lo que decimos sobre la vida personal podemos aplicarlo también a la vida de una nación, pues la realidad es que la patria tiene historia porque somos nosotros quienes la hacemos.

 

Así, pues, decir que “todo sucede por algo”, implica que todo lo que sucede tiene una razón de ser y no es, en definitiva, casual. El matiz que, sin embargo, confiere la Logoterapia, escuela fundada por el psiquiatra vienés Viktor Frankl, es un tanto distinto. El cambia un poco la perspectiva e insiste en que los sucesos son ocasión “para algo”. Asumir que lo que nos sucede nos ofrece la posibilidad de aprender, crear, hacer o sufrir, “cara al futuro” -que eso indica el “ser ocasión para algo”- incide, sin lugar a dudas, en un profundo cambio de visión de la vida.

 

345 Hombre pensando 

 

Cambios de perspectiva

 

Percibir que “la vida no es algo, sino que es siempre, simplemente, la ocasión para algo” (Hebbel), abre -sin lugar a dudas- al futuro, presupuesta -claro está-, la comprensión de lo sucedido en el pasado. Lo interesante estriba en el cambio de actitud que ayuda a lograr la sencilla introducción del “para algo”.

 

Ver la vida como “ocasión para algo” nos lleva a ser proactivos, tanto como a asumir la propia vida, en el marco de su particular contexto, con responsabilidad. Esta perspectiva ayuda mucho más a comprender que la vida tiene un sentido, pues éste se concreta asumiendo y comprendiendo aquello que nos pasa, aquello que hacemos, tanto como lo que debemos hacer.

 

Me explico: cada uno es cada uno, así como cada familia es cada familia y cada país, cada país. Por eso el “sentido” es relativo a cada quien. Lo que puede tener sentido para mí, puede no tenerlo para otro, pues éste viene determinado por las circunstancias personales, la vocación profesional, las obligaciones familiares y los sueños, diría yo. Hay mucho que nos condiciona, pues nadie ha elegido nacer, así como nadie eligió ni el país ni la familia en que nació. Las limitaciones físicas y psicológicas, las fortalezas, los talentos, todo, en definitiva, nos hace únicos. Es, pues, a partir de lo originario que somos y tenemos como debemos “moldear” nuestra vida.

 

La vida es un tapiz

 

Desde esta perspectiva, todo lo que nos sucede y sucederá se corresponde con un fin siempre abierto al futuro. La tensión por desear descubrir el sentido que todo suceso puede revelarnos si nos encuentra abiertos y bien dispuestos, nos mantendrá percibiendo signos, datos, que deben todos ser relacionados e integrados en nuestra conciencia para que nuestra vida sea un hilo hilvanado, en lugar de unos trozos rotos y desperdigados (sin conexión) de pabilo. Un hilo que, por cierto, teje un tapiz, cuya imagen final no es posible ver sino hasta que esté acabado.

 

El sentido de la vida vamos tejiéndolo nosotros progresivamente, cada vez que nos renovamos por dentro y asumimos una actitud proactiva. El sentido no es algo abstracto; hay que encontrarlo, descubrirlo en lo que nos ocurre, pues es allí sobre lo que decidimos entre una posibilidad u otra. El que todo sea ocasión “para algo” se comprende desde esta perspectiva, pues el sentido se encuentra: no se impone ni se otorga.

 

Decir que “todo sucede por algo” puede ayudarnos a comprender el presente como consecuencia del pasado, pero no necesariamente nos lanza al futuro. Comprender las razones por las cuales sucedieron las cosas ayuda a descubrir en el presente un valor y no una casualidad, pero el impulso hacia el futuro y la esperanza lo da una perspectiva que nos ayude a comprender que las cosas suceden como ocasión “para” que hagamos algo.

 

Se me ocurrió compartir esta perspectiva, nueva para mí. Pienso que puede ayudarnos en momentos como los que vivimos. No se trata sólo de comprender por qué estamos sumidos en esta crisis -importante, sí-, sino de plantearnos que estas circunstancias “son ocasión para algo”: algo que debemos hacer y crear. Cada uno desde su contexto y con su “misión” particular, si bien unidos por una misma intención.

 

Fragmento

 

 

 
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