El ABC de Vladimir Villegas – Conductor del programa “Vladimir a la 1” en Globovisión

Lo más notorio en el escenario internacional es la ausencia de Chávez”.

Lo más notorio en el escenario internacional es la ausencia de Chávez”.

Más que el fracaso de un modelo es la ausencia de uno, porque aquí hay retazos de varios modelos económicos. El rentismo no es sólo un asunto económico, es un problema cultural. No estuve de acuerdo con la Reforma Constitucional de 2007. Maduro tiene una experiencia política y creo que subestimarlo es una forma de equivocarse, señala el periodista y exembajador.

 

Manuel Felipe Sierra

 

Pertenece a una familia de profundas raíces políticas. Asumió el periodismo con un alto espíritu de combate. Apoyó a Chávez y le fueron asignadas responsabilidades como Presidente de VTV, embajador en Brasil y México y viceministro de Relaciones Exteriores. Se separó en desacuerdo con la Reforma Constitucional de 2007 y ahora, es columnista de el Nacional y conduce un programa radial y uno de televisión. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

 

— Para muchos estamos bajo un cuadro bastante delicado, en términos no sólo económicos sino también en el plano social y en plano político.

 

— Yo digo que estamos en un momento muy difícil porque hay varios elementos que alteran la normalidad y la tranquilidad de la ciudadanía. El primer elemento por supuesto es el económico, por primera vez los estudios de opinión indican que este tema está por encima de la inseguridad, entre los problemas fundamentales de la gente y eso es ya muy revelador de la situación: Una inflación que hace años no se veía en Venezuela. En cuanto a desabastecimiento, primera vez que el país vive una situación tan prolongada y tan general, no en productos puntuales. Ese es un cuadro que evidentemente revela errores en la política económica. ¿Qué diría yo? Que el gobierno tiene que descartar primero todas las medidas que no se han podido aplicar antes de hablar de una “guerra económica”. Es decir, si el gobierno prueba con estímulos a la producción, prueba con reuniones en las cuales se incluyan decisiones consensuales con el sector privado, si no prueba un plan de inversión en el campo que implique una política de incentivos para que la gente siembre y vayamos a una siembra competitiva y eso no funciona, pues entonces si pudiéramos hablar de algo que está detrás de todo esto, pero de buenas a primeras atribuirle todo a una “guerra económica” es una tesis poco creíble hasta para el propio chavismo.

 

— Lo que está ocurriendo es el fracaso de un modelo económico que ya se sabía que era inviable, que después de 14 años se ven sus resultados y éstos han sido, como eran previsibles, contrarios a lo que se esperaba Chávez.

 

— Más que el fracaso de un modelo es la ausencia de uno, porque aquí hay retazos de varios modelos económicos: tenemos capitalismo de Estado, tenemos estatismo, en algunos casos tenemos un esquema neoliberal en las relaciones laborales de algunas empresas incluso del Estado con sus trabajadores, tenemos tercerización, tenemos problemas por ejemplo de falta de incentivos a la producción. Hay digamos de todo un poco y además, hay centralismo, exceso de centralismo en algunos casos. Es decir, no podemos hablar de que esto es la repetición mecánica del modelo cubano, soviético o chino, aquí no hay repeticiones de modelos, aquí lo que hay es la no existencia de un modelo definido, hay como varias rutas y ninguna se ha terminado de tomar en serio y todo porque no cumplimos con el modelo económico que está plasmado en la Constitución de 1999. Si nos ciñéramos a esa propuesta constitucional de un modelo económico en el cual pueda haber espacios para diversas formas de propiedad por ejemplo, no estaríamos en lo que estamos.

 

Un problema cultural

 

— De alguna manera lo que está pasando es que se ha profundizado el famoso rentismo petrolero, que todo sabemos lo que ha significado en la historia de Venezuela y que suele ponerse de manifiesto cuando hay alzas en los precios del petróleo.

 

— Fíjate, no porque se repita ese argumento deja de ser válido. Desde hace muchísimo años ese problema se planteó, creo que los primeros que hablaron de ello fueron Uslar Piertri y Alberto Adrián y aquí nunca se le hizo caso a en serio. Es decir, siempre respondimos por la vía del rentismo, porque el problema del rentismo es que no se trata de un asunto meramente económico, es un problema cultural. El rentismo es una cultura y entonces, no solamente con cambiar un modelo económico y decretar ese cambio se resuelve el problema, hay que cambiar la cultura del venezolano.

 

— ¿Qué pasos habría que dar para cambiar esa cultura?

 

— Por ejemplo, el venezolano tiene que pasar de ser receptor de beneficios sociales a emprendedor sin dejar de recibir apoyo cuando lo necesite, pero necesitamos crearle al venezolano el hábito, la sensación, la costumbre, la disposición a emprender, eso es muy importante. Mientras no seamos un país de emprendedores no podremos emprender en materia política, en materia de industria nacional, no vamos a favorecer el surgimiento y recuperación de las cooperativas que se han visto muy afectadas por esta crisis. Es decir, es un cambio cultural. Pasar del modelo rentista al modelo productivo es un reto que no cumplió la IV ni cumplió la V República.

 

—Tú vienes del chavismo, has participado activamente en las luchas de los sectores opositores y ahora para muchos, estás en una posición “ni-ni”, ¿es ello cierto?

 

— Más que en una posición “ni-ni” en una posición absolutamente autónoma, individual frente a lo que está pasando en Venezuela. No agarro líneas de la Mesa de la Unidad Democrática ni del chavismo, tengo mi propia manera de ver las cosas y creo que si hay una militancia que yo asumo en estos momentos es la militancia del diálogo, creo que ello es necesario para resolver los problemas del país. Ahora, eso no implica que uno renuncie a las críticas del gobierno y que uno no deje de compartir algunas visiones que están en la oposición.

 

“Maduro no es un gobernante auténtico, es prisionero de una circunstancia”.

“Maduro no es un gobernante auténtico, es prisionero de una circunstancia”.

Ruptura con el chavismo

 

— ¿Cómo fue tu experiencia en el gobierno?

 

— Yo fui Presidente del canal 8, fui embajador en Brasil y México, miembro de la Constituyente de 1999, viceministro de Relaciones Exteriores, que fue cuando salí del gobierno y de verdad fue una buena experiencia en cuanto a que me dieron la oportunidad de hacer mi trabajo y donde se me asignaron tareas que creo que lo cumplí.

 

— ¿Cuándo se produjo esa ruptura?

 

— La razón fundamental de mi salida fue porque no estuve de acuerdo con la Reforma Constitucional de 2007. Yo milité durante mucho tiempo en el Partido Comunista de Venezuela (PCV), alrededor de 12 ó 13 años, después estuve en la Causa R, en el PPT y luego tuve una breve pasantía en Avanza Progresista, que fue un movimiento que se constituyó entre los factores progresista y de izquierda que apoyamos en aquél momento a Henrique Capriles, que apoyé más que por los méritos de Capriles por superar el chavismo, incluso más que eso el tiempo de Hugo Chávez. Yo no me considero ni chavista ni antichavista, me consideró postchavista, la era de Chávez terminó y por supuesto, ahora viene un ciclo totalmente distinto, estamos en una transición no se sabe hasta dónde, si hacia el madurismo o hacia el real chavismo sin Chávez.

 

— Sin embargo, de alguna manera el comportamiento del gobierno y de la oposición reflejan que para ellos pareciera que Chávez no ha muerto.

 

— Bueno, porque precisamente ese ha sido el punto para lograr la cohesión entre ellos y esa es una irresponsabilidad del propio Chávez, porque él no contribuyó con la formación de un real liderazgo colectivo, que se expresara de abajo hacia arriba, sin ningún tipo de manipulaciones o preferencias. Chávez contribuyó a que se dependiera exclusivamente de una figura mesiánica. El mesianismo de Chávez justamente es lo que ha producido la crisis de liderazgo en el chavismo hoy en día. Pesa mucho la ausencia de él porque él fue el “gran decisor”. Maduro no es un gobernante auténtico, en el sentido de lo que él pudiera dar como líder político, es prisionero de una circunstancia.

 

— Por cierto que fuiste compañero de lucha de Maduro.

 

— Claro, yo lo conocí en el liceo, incluso militamos juntos en el Movimiento Estudiantil. Maduro tiene una experiencia política, yo creo que subestimarlo es una forma de equivocarse. Él se formó en la calle, en las luchas de calle, eso vale mucho, no es algo que se adquiera en una academia. De hecho, recuerdo que una vez Maduro llegó a estar preso en la DISIP. Esas escuelas de la calle, de la cárcel por supuesto, que enseñan mucho. Y esa pasantía por el gobierno… En la Cancillería, el estar lado de Chávez. Lo que pasa es que él también tiene un problema muy grave y es que está siendo comparado con Chávez.

 

— Ahora, también en el lenguaje y en el comportamiento de la oposición pareciera que estuvieran enfrentando todavía a Chávez.

— Sí, pareciera que para la oposición Chávez no ha muerto. Por ello tienen que replantearse su estrategia. Fíjate que frente al gobierno hay varios tonos, varias maneras de escuchar la música. Hay sectores que le exigen al gobierno rectificación y hay sectores que creen que es que Maduro tiene que irse y que el resultado de las elecciones municipales legitima la salida de Maduro por la vía que sea, lo cual es una revelación de impaciencia y una falta de respeto a las reglas de juego. Aquí hay un cronograma constitucional que tendría que seguirse. Ahora, ¿esa es la tónica de toda la oposición? No. Hay una oposición, que es la tradicional, la más vieja, la que tiene más experiencia, es la que realmente es menos impaciente, es la que tiene mayor capacidad de análisis y que tiene quizás las repuestas más asertivas, la que promueve más bien una estrategia más pensada que otros sectores de la oposición.

 

— ¿Y cómo ves el panorama del 8 de diciembre?

 

— Bueno, es un escenario complicado porque en ambos sectores estamos apreciando algo distinto al objetivo de una elección municipal. Las elecciones municipales son para renovar liderazgos locales y eso no es lo que está presente en estos momentos. Lo que está presente para el gobierno, reivindicar a Chávez y su pensamiento como estratagema electoral y hablar del  “Día de la Lealtad y el Amor a Chávez”, porque ese día casualmente o no coincide con el último discurso del Presidente.

 

— ¿Y en el caso de la oposición?

 

— En el caso de la oposición, es una especie de plebiscito para saber si el gobierno tiene mérito o no para quedarse. Los objetivos que se persiguen por parte de los bloques en el medio de los cuales estamos son objetivos distintos a lo que es la finalidad principal de una elección municipal. El escenario para el gobierno es muy complicado porque si la gente vota pensando el desabastecimiento, en la inseguridad, en los problemas no resueltos, el gobierno puede salir duramente castigado. Ahora, si la gente vota y medita sobre cada candidato, pueden haber sorpresas. Como también puede ocurrir que el discurso del sector opositor que habla de convertir el 8 de diciembre en una especie de “hora cero” movilice al gobierno que está descontento o también haga que se abstenga un sector. Eso está por verse, está muy difícil medir eso en estos momentos. Sin embargo, yo creo que va a haber una mayor participación en comparación a otras elecciones municipales, ahora es muy probable que quizás la oposición logre una cantidad de votos mayor que la del gobierno, pero que pase lo mismo que pasó con la Asamblea, que el gobierno se quede con la mayoría de las alcaldías, lo que también es muy probable.

 

— Y cómo ves la política exterior, ¿tú crees que ha habido cambios con la desaparición de Chávez o ha habido un reacomodo en la política latinoamericana? ¿Cómo ves la estrategia que en su momento resultó exitosa para Chávez, de la exportación del socialismo del siglo XXI?

 

— Ya esa estrategia está agotada porque Maduro no tiene la capacidad de liderazgo internacional, primero por la magnitud de la crisis que tenemos en Venezuela, segundo porque la distancia que hay entre él y Chávez es más que evidente, no concita el mismo entusiasmo y adhesión que concitaba Chávez. Está el elemento petrolero que con eso se puede jugar pero no es suficiente, incluso PDVSA tiene sus propios problemas que atender. Es decir, creo que estamos en un momento de repliegue internacional. Lo único que persiste es la retórica con Estados Unidos. Lo más notorio en el escenario internacional es la ausencia de Chávez.

 

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