EXPOLIACION E INDOLENCIA

Alfredo Fermín

Alfredo Fermín

Alfredo Fermín
afermin@el-carabobeno.com

 

 

Valencia no solo está perdiendo sus monumentos, también sus mejores hijos se están marchando a la eternidad, como si no soportaran el desamparo en que se encuentra esta ciudad, odiada por la herencia de un gobernante que la quiso satanizar llamándola “nido de traidores”. Su pecado es haber tenido la valentía en 1830 de reunir un congreso constituyente que le dio a Venezuela su primera Constitución para que se convirtiera en república soberana e independiente, como lo asentaron los padres libertadores en el Acta de la Independencia de 1811.

 

De acuerdo con la política de Estado que tiene el Gobierno nacional para desacreditar a Valencia, en Valencia puede ocurrir cualquier cosa. (El autor se detiene para recordar acontecimientos del pasado y narrar incidentes del presente antes de proseguir…)

 

En vida, don Luis Ovalles una vez comentó: “La Casa Páez me da vida, armonía y felicidad”

En vida, don Luis Ovalles una vez comentó: “La Casa Páez me da vida, armonía y felicidad”

En los dos últimos fines de semana pedimos, con la mayor decencia y criterio democrático, al gobernador Francisco Ameliach que, como primera autoridad del estado, informe en qué situación se encuentra la colección de Arte Venezolano del Ateneo de Valencia, de inmenso valor artístico, cultural y económico.

 

No nos sorprende que esa solicitud no haya tenido respuesta, porque la hicimos para demostrar que estamos ante un Gobierno en el que los derechos de los ciudadanos no son lo importante. Lo que nos deja perplejos es que nadie se haya hecho eco de esa preocupación por un patrimonio que debe constituir un orgullo porque fue construido por generaciones de valencianos que creían en el arte, en la cultura, para dejarlos a las generaciones que vendrían.

 

Nos hemos convertido en una sociedad de indolentes. Hay gente que se ha molestado porque hemos escrito que el fallecimiento de don Luis Ovalles se debió a que lo sacaron de la Casa Páez como no se hace ni con los invasores. No hemos afirmado eso, pero estoy seguro de que la forma como fue tratado y la presión que le hicieron para que se fuera de allí, agravaron su padecimiento de diabetes y generaron un cuadro depresivo que lo consumió.

 

Luis Ovalles fue comisionado por María Clemencia Camarán de Aude, presidenta de la Sociedad Bolivariana, para que cuidara la casa del general José Antonio Páez cuando era un adolescente. Esa casona, residencia del primer presidente constitucional de Venezuela, José Antonio Páez, en 1830, fue conservada como un verdadero museo y convertida en un centro cultural del primer orden. Allí se celebraban las grandes efemérides nacionales, el Día de Valencia, el onomástico del Libertador el 28 de octubre, y el primer domingo de Adviento, cuando se inicia el tiempo de espera de la Navidad, con una chocolatada que reunía a la gente de Valencia de todos los tiempos. Atendía una surtida biblioteca con temas históricos y sobre Valencia; guiaba a los visitantes y a los estudiantes para realizar sus trabajos de historia de Venezuela. Sin devengar sueldo por ese trabajo pasó allí casi toda su vida, en un anexo construido por el gobernador del estado don Pancho Melet para residencia del guardián de la casona. El espacio está separado por lo cual su presencia no quitaba al inmueble su carácter museístico. El cuido era esmerado y para impedir la presencia de ratas y ratones tenía una gata cazadora que volaba hasta alcanzar insectos.

 

Cuando menos lo esperaba, el procurador del estado dio instrucciones para que se fuera de allí, no sin antes hacerle una investigación a su patrimonio. Lo primero que hicieron fue enviar a una presunta especialista en museos que sacó sus pertenencias de la oficina. Don Luis calló y entró en una depresión de la cual se dieron cuenta cuando sufrió una descompensación por la que debieron operarlo. Estando hospitalizado le mandaron a decir que no podía volver a la Casa Páez porque la iban a fumigar.

 

Han pasado cuatro meses y el museo continúa cerrado. Después obligaron a su hijo Nixon a que sacara las pertenencias de toda su vida. Entró en un silencio sin quejarse del sufrimiento que destruía su alma. El viernes sus restos fueron cremados sin que antes se permitiera abrir la Casa que fue su mundo para que lo despidiéramos. Esta es la verdad de lo sucedido. Otra versión no es posible.

 

N/R La estatua heroica de Páez, quien a caballo, desde el oeste de la ciudad, alegóricamente miraba hacia el Campo de Carabobo, continúa desaparecida.  Este hecho y muchos otros también ha sido denunciado Fermín.

 

Versión editada por razones de espacio

 

 

 

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