Maduro y el infierno

 

Javier Espinosa
javierespinosa05@gmail.com

 

El presidente Maduro, en días pasados, tomó una decisión económica, pero no lo hizo sin pensarlo, aunque pueda parecer lo contrario.

 

En vísperas de Navidad: el mes más comercial del año, y unas tambaleantes elecciones para los chavistas, no se podía conformar con regalarle electrodomésticos al pueblo para ganar su voto. Necesitaba otra medida populista que impactara en la mente del pueblo indeciso, necesitado, y consumidor, para persuadirlo a decidirse por los candidatos chavistas a las alcaldías.

 

Necesitaba un chivo expiatorio, explotador por lo demás, que pagara las consecuencias de sus abusos con cárcel y con miles de consumidores en las puertas de sus establecimientos comerciales reclamando un precio justo; o saqueándolos.

 

Maduro sabía que esto podía tener un costo; por eso sacó a la Guardia Nacional. Creó una pobre réplica del Caracazo para evitar así que se repitiese debido a su horrible administración heredada de otro peor presidente que no vale la pena ni nombrarlo. Esto lo sabe el país que lo adversa.

 

Sin embargo, desde que murió el innombrable, Maduro era presidente por su fraudulenta elección y porque había heredado el poder. Por lo tanto, ante el pueblo y los miembros de su partido, que aún conspiran contra él, necesitaba consolidarse como el líder que no había sido hasta ahora.

 

Necesitaba mostrarse implacable, inclusive contra aquellos corruptos que militan en su propio partido. Pero esto no le va a servir de nada si sus regulaciones estrangulan el precio de venta en la economía, y así borre de todas las pantallas del mundo el valor del dólar malo, porque si no libera el dólar bueno, aquél seguirá subiendo al cielo indefinidamente, mientras Venezuela se hunde en el infierno.

 

 

 

 
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