País de maletín

07 Corrupcion VenezuelaRafael J. Chavero Gazdik
rchavero@hotmail.com

 

Tenemos un sistema productivo distorsionado, falso y corrupto, pues todo depende del gobierno

 

Recientemente hemos escuchado algunos oficialistas cuestionar la existencia de empresas de maletín, creadas con el único propósito de conseguir divisas de Cadivi. Estas, como siempre, serían las culpables de toda la catástrofe económica del país: inflación, desabastecimiento, pérdida del valor real de nuestra moneda, entre otros tantos problemas. La culpa, entienden ellos, no es del gobierno, sino de quienes se aprovechan de la inocencia de aquél.

 

La verdad es que nos hemos llenado de empresas de maletín, pues los revolucionarios no han hecho otra cosa que acabar con el emprendimiento privado, para premiar a cualquier improvisado que goce de la dicha de conocer gente influyente con la llave de Cadivi. Y es que al existir una brecha tan abismal en el valor del dólar, todo el éxito pasa a depender de quien obtenga divisas a precio preferencial. Lo demás es socarronería.

 

No importa la eficiencia que pueda tener una empresa productora de cualquier bien o servicio, pues lo determinante será si puede obtener divisas para su materia prima o sus productos. Y esto, como sabemos, no depende, precisamente, de los años, tradición, calidad o compromiso de los empresarios, sino pura y simplemente de lóbregas influencias o dinero. Es decir, de conocer a alguien o de pagar un precio por el dólar preferencial. Tenemos un sistema productivo distorsionado, falso y corrupto, pues todo depende del gobierno.

 

Cuando un país pasa a depender de un gobierno se destruye la iniciativa privada, la sana competencia, el deseo de emprender y superarse. De nada sirven las buenas ideas si un funcionario nos niega el derecho a obtener divisas. Y peor es cuando pasamos a depender de un gobierno mediocre y corrupto. No hay competencia sana, pues difícilmente pueden sobrevivir quienes tienen poco o ningún acceso a los dólares que se distribuyen con la más absoluta discrecionalidad.

 

Las grandes fortunas de los últimos años no se han hecho creando centros productivos, construyendo infraestructura o generando fuentes de trabajo; más bien se han hecho con negocios financieros donde poco importa la estabilidad y perdurabilidad del negocio. Se obtiene una autorización, se importa cualquier cosa y luego se vende a un precio exponencialmente mayor. Ello, sin incorporar a esta ecuación los sobreprecios de las importaciones o los delitos aduaneros.

 

En suma, en este país de maletín sólo tienen éxito quienes manejan y reparten las divisas y quienes tienen acceso o controlan las mafias de las importaciones. No en vano los grandes millonarios son quienes visten de verde oliva. Ahora sí los pusieron donde hay.

 

 

 

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