DE RICOS Y MALOS

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

  

Ya lo dijo el malévolo difunto: “ser rico es malo”. Si se da por cierta esta premisa, como lo hace hipócritamente el chavismo, con mayor razón, también lo es generar riqueza, de allí que cualquier fuente de empleo, producción, comercio o ingenio es condenable.

 

Como la frase no parece hacer distinciones entre ricos buenos y malos, dará lo mismo obtener riqueza con el esfuerzo y el trabajo de años que con el robo; y como para los inescrupulosos y faltos de preparación es más fácil robar, pues habrán de inclinarse por esta opción. Así nacen y crecen los bolichicos y sus hermanos pobres, los saqueadores.

 

ser rico es maloNo se deduce necesariamente de la premisa comentada que ser pobre sea bueno, pero las acciones tomadas no sólo por el chavismo, sino fundamentalmente por el castrismo, que son quienes realmente gobiernan, hacen evidente que para ellos es bueno que los demás sean pobres. En otras palabras, ser pobre es bueno, siempre que no se trate de los usurpadores del gobierno. Así, el enunciado sufre una metamorfosis: ser rico es malo si se es gobernado, pero es bueno si se es gobernante; la razón es sencilla: un poder hegemónico y una masa amorfa de criaturas sometidas y empobrecidas trituran la ciudadanía y fabrican un chorizo colectivista nauseabundo. Al eliminar la ciudadanía, convierten a la masa en esclavos, dependientes de la única fuente de manutención -que no de riqueza-: el Estado-gobierno totalitario.

 

Una vez allí, cualquier actividad económica del exciudadano es criminalizada. Todo deja de ser comercio para convertirse en estafa, no hay inversión sino rebusque, no hay empleo sino que se mata un tigre en el tiempo que dejan las colas para reclamar lo que se consigue en el racionamiento sin libreta, versión comercial de la libreta de racionamiento.

 

Entonces nos damos cuenta que nos ahogamos en el verdadero mar de la felicidad: una sociedad donde unos pocos inútiles, sin mérito, sin escrúpulos ni moral alguna, lo controlan todo, someten a la masa a sus deseos y les tiran sardinitas de recompensa como se hace con las mascotas de circo. La decisión es nuestra: o defendemos la ciudadanía por todos los medios o nos volvemos esclavos de los Castro.

 

 

 

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