GOLPE A LA PAZ EN COLOMBIA

Andrés Oppenheimer

Andrés Oppenheimer

Andrés Oppenheimer
oppenheimer@elnuevoherald.com 
@oppenheimera 

 

Tras entrevistar al ex presidente colombiano Álvaro Uribe poco después de que el gobierno de Colombia anunció que había desarticulado un plan guerrillero de las FARC para asesinarlo, salí más pesimista que antes sobre las posibilidades de éxito de las actuales conversaciones de paz con los rebeldes. El plan de las FARC para matar a Uribe -el líder más popular de la oposición y candidato a senador en las elecciones del año próximo- plantea grandes interrogantes sobre la buena fe de los rebeldes y sobre su capacidad de implementar un posible acuerdo de paz.

 

347 UribeSegún el gobierno del presidente colombiano Juan Manuel Santos, el autor intelectual del plan de asesinar a Uribe fue “el Paisa”, un ex miembro del Cartel de Medellín que ahora encabeza el Frente Teófilo Forero de las FARC. Pero la pregunta clave es si el Frente Teófilo Forero actuó aisladamente o con el conocimiento del comando general de las FARC que está negociando la paz en Cuba con el gobierno de Santos. Si se comprobara esto último, aumentarían las presiones para que el gobierno colombiano cancele las conversaciones de paz.

 

Cuando le pregunté eso a Uribe, un duro crítico de las conversaciones de paz, sugirió que el liderazgo de las FARC tenía que estar al tanto del plan para asesinarlo. Las FARC son una organización “articulada” y “jerárquica”, me dijo. Uribe citó otras razones por las que se opone a las negociaciones de paz con los rebeldes, que, según dijo, son responsables de más de 30.000 secuestros y miles de asesinatos. “Mire, las FARC llenan titulares de la prensa internacional hablando de paz, pero en el último fin de semana secuestraron a los pasajeros de 200 vehículos y asesinaron a cuatro policías. ¿Qué ciudadanía del mundo acepta que su gobierno negocie con el terrorismo y en el curso de esas negociaciones el terrorismo asesine a sus soldados y policías?”, preguntó.

 

Uribe atacó lo que describió como una oferta del gobierno colombiano para que los dirigentes de las FARC no vayan a la cárcel y puedan presentarse como candidatos para el Congreso. “La impunidad es la madre de nuevas violencias -me dijo Uribe-. La historia de Colombia lo ha demostrado.”

 

Pero ¿acaso los procesos de paz no acaban todos con algún tipo de perdón?, le pregunté. ¿No es eso lo que ocurrió en Sudáfrica, Nicaragua o El Salvador? “No se puede comparar el terrorismo de las FARC en Colombia con lo ocurrido en Sudáfrica o en América Central”, respondió Uribe.

 

Mientras en Sudáfrica el ex líder de la oposición Nelson Mandela combatía contra el régimen del apartheid y los rebeldes de América Central luchaban contra dictaduras o casi dictaduras, en Colombia los terroristas de las FARC “han estado luchando contra una democracia respetable”, argumentó.

 

Alias "El Paisa"

Alias “El Paisa”

Pero acaso él mismo, cuando era presidente, ¿no había ofrecido a los rebeldes de las FARC clemencia y representación política?, le pregunté. “Yo nunca ofrecí impunidad”, respondió. “Este gobierno ha ofrecido impunidad y ha permitido la legitimidad política de personas que incurrieron en atrocidades. Hay una gran diferencia”, agregó.

 

Mi opinión: aunque no comparto la oposición absoluta de Uribe a las actuales conversaciones de paz de Colombia, el nuevo plan de las FARC para matar a Uribe me genera un cada vez mayor escepticismo de que se logre un acuerdo de paz significativo. Si Uribe está en lo cierto y el Frente Teófilo Forero actuaba con conocimiento del comando general de las FARC, eso implica que los rebeldes no están negociando de buena fe, sino siguiendo una estrategia de “combate en todos los frentes”. Y si Uribe está equivocado y el Frente Teófilo Forero actuaba sin conocimiento del liderazgo de las FARC, la situación es igualmente mala. ¿Qué sentido tiene negociar con la dirigencia de las FARC, si no puede controlar a sus combatientes?

 

Lo más probable es que Santos firme con las FARC un papel que ambas partes denominarán “acuerdo de paz”. Pero -y ojalá me equivoque- es en extremo improbable que ese documento termine con la violencia narcoterrorista de Colombia.

 

 

 

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