¡Hasta que la verdad resplandezca!

amanecer-padre-hijo-347GERARDO SEMPRÚN – 

Nunca se miente tanto como 1) en la guerra 2) durante una partida de caza y 3) en las elecciones. De esos eventos, la primera víctima suele ser la verdad. La frase no es mía, ni de nadie que haya llevado mi apellido, incluidos mis borrosos  e ilustres parientes Jorge y Jesús Semprún, ambos escritores ya fallecidos, español el primero y criollazo el segundo.

La frase es del canciller de hierro prusiano, Otto von Bismarck, victorioso guerrero sin ni siquiera ser militar. La traigo a cuenta porque si en nuestro país nunca faltaron las mentiras, en los tiempos que corren han copado de tal manera el ambiente que lo extraño sería pescar alguna verdad mal puesta.

En nombre del zarandeado socialismo siglo XXI se miente a consciencia. “El fin justifica los medios”, asegura la célebre fábula que maliciosamente le atribuyen al brillante Nicolás Maquiavelo. Si aceptáramos la risible teoría de que la revolución bolivariana y el socialismo que agita furiosamente, pavimentan el camino hacia la suprema felicidad, mentir en su nombre sería piadoso y justificado. Los escrúpulos que se tengan por falta de adiestramiento en la falacia serán inaceptables debilidades burguesas.

Maduro, al igual que su antecesor, no ha ido nunca ni irá a una guerra. No obstante las advertencias y convicciones bélicas no se le caen de la boca. Ese fue el drama de Chávez. Retaba todos los días al ejército más poderoso del mundo. Lo hacía, claro, a sabiendas de que los gringos no tenían la menor intención de invadir Venezuela, mucho menos para sacarse de encima a un provechoso enemigo que no hace sino ladrar mientras mantiene a a velocidad de crucero la relación comercial con el supuesto invasor.

Maduro es igual. No se le conoce alguna modesta pelea esquinera, no digamos “guerra”. Pero la muerte de Chávez lo ha puesto a repetir sus malas costumbres. Amenaza al imperio con baterías antiaéreas en los barrios caraqueños y con un puñado de malandros disfrazados de milicianos, pero en realidad a quien persigue es a los miembros de la oposición, sobre todo a los que lo montarán en la olla el 8D.

Entretanto, EEUU anuncia que siguen al alza en el exaltado e hidrocarburado país, tanto su comercio exterior como específicamente sus importaciones de derivados del petróleo. ¡Insigne escándalo!: Maduro le compra a la madraza de los magnicidios, todo lo que aquí dejó de producir, incluso gasolina y gasoil.

De la guerra y la cacería se regresa anunciando victorias imaginarias, y venados o jabalíes sacrificados por decenas, pero de las elecciones, de estas que contemplaremos el 8D, no esperes, buen Maduro, retorno airoso que valga. No obstante, la falacia te puede servir para inventar irrisorias excusas que enreden la fecha. Ya estás con el cuento de que la derecha de tus tormentos planea incendiarlas o dejarlas sumidas en un apagón.

El drama de Maduro es que nadie le cree. Ni los suyos. ¡Vamos hombre!, tendrás que asumir el reto electoral, bajar humildemente la cabeza y aceptar una eventual derrota. En ese caso te perdonarían seguramente el esfuerzo de demostrar que ese descalabro sería a su manera una secreta victoria.

¡A mentir pues, a mentir, a mentir hasta que la verdad resplandezca!

 

 

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