PARA APRENDICES DE MOMIOS

Roberto Giusti

Roberto Guisti

Roberto Giusti
rgiusti@eluniversal.com
@rgiustia

 

La mayoría chilena votó por Bachelet y su idea de una mejor distribución de la riqueza

 

Cuando uno observa el desarrollo de las elecciones chilena no puede evitar las comparaciones: en el Chile postpinochetista, donde la derecha, pese a su derrota, sigue siendo factor político decisivo, hay mayor transparencia y garantías de un proceso pacífico, en igualdad de condiciones, sin trapisondas de baja estofa, ni ventajismos fraudulentos, que en “el mejor sistema electoral del mundo (Chávez dixit).

 

El triunfo parcial de Michelle Bachelet, (de izquierda socialista, hija de general opuesto al golpe de Pinochet y asesinado por el régimen militar) sobre Evelyn Matthei, (de derecha e hija de general pinochetista que participó en la asonada), no obstante que en esta oportunidad el proceso lucía como el más polarizado de los últimos veinte años, transcurrió en absoluta normalidad, se conocieron los resultados en un par de horas luego de finalizadas las votaciones y fueron acatados por ambas damas, pese a que una salió derrotada (pero clasificó para la segunda vuelta) y la otra no ganó, como se esperaba, en la primera vuelta.

 

Pero más allá de las notables diferencias con nuestros procesos electorales, siempre traumáticos y poco fiables, aparece en Chile una señal que habla de la madurez de una sociedad, que no obstante sus claros avances en cuanto al crecimiento económico, considera llegada la hora de ir a una mejor distribución de la riqueza, como lo acotó Bachelet este domingo al abogar “por un Chile moderno pero solidario y más justo”.

 

La apuesta suena a arriesgada en un país donde una parte de la sociedad percibe, en las propuestas de Bachelet, (reforma constitucional, reforma educativa, reforma tributaria), el regreso de la inestabilidad y el desmantelamiento de las políticas económicas que han convertido a Chile en un modelo a seguir por el resto de los países latinoamericanos. El problema está en que casi la mitad de la población cree, con Bachelet, (torturada por el régimen militar y madre soltera de tres hijos), que la existencia de una ancha y profunda brecha social no se corresponde con las cifras macroeconómicas. Por tanto es necesario un replanteamiento que pasa por la gratuidad de la enseñanza universitaria, un mayor aporte de quienes más ganan y un renovado marco constitucional a la luz de la nueva realidad.

 

Fue prudente y no lo hizo durante su primer gobierno, pero ahora se dispone a cambiar en la continuidad, modificar sin destruir el aparato productivo, sin trastornos sociales, sin arbitrariedades ni robo de la propiedad privada, ajustada a derecho, con una oposición de derecha que acata pero se opone (o al revés) y en desarrollo pleno de las libertades democráticas. Una lección para los aprendices de momios que pululan por la comarca.

 

 

 
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