El tumbaíto

 

Ruth Capriles

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com

 

No hay prohibición de salida del país, pero no podemos salir porque no tenemos para pasajes

 

Venezuela no es Cuba. No es una isla y tiene muchos recursos naturales. Además “Venezuela es como un cuero seco: si lo pisas por un lado por el otro se levanta”. Son argumentos que hemos usado para convencernos de la improbabilidad de llegar al estado de cerramiento comunista de la desdichada isla del Caribe.

 

El fenómeno es que ya estamos allí, pero no nos damos cuenta, porque aquí todo es… pero no lo parece. En 1992 llamé esta característica nuestra “el tumbaíto” y me perdona el lector si me repito, porque es descriptiva de que nunca encajamos bajo las etiquetas de los modos de ser social, económico y político. Estos aciagos días se asestó el último golpe gubernamental a la libertad económica. El golpe reiterado que ha estado aplicando estos 15 años al agro, la industria, las finanzas, los sindicatos, los medios de comunicación. Pero todos contentos porque estamos adquiriendo desaforadamente bienes del capitalismo. “‘Ta barato, dame dos” en representación eterna.

 

Sí, no somos Cuba. Aquí hacemos cola para comprar leche, harina pan y azúcar, pero no tenemos carta de racionamiento para comprar pantallas planas y zapatos de moda. Si, no somos Cuba. No hay prohibición de salida, sólo es que no podemos salir del país porque no podemos adquirir pasajes. Y hay libertad de expresión pues aunque hemos perdido la televisión y la radio, nos queda uno que otro medio impreso, aún amenazado. Si, en Venezuela nada encaja en los tipos ni correspondemos a etiquetas. La cosas son, pero van tumbaítas por caminos alternos, desviados, los caminos de la miseria en la abundancia; de la anarquía en el totalitarismo, de la desobediencia en el autoritarismo. Dicen algunos politólogos que esto es “autoritarismo competitivo”, sin embargo la competencia es tan sesgada que ya ni siquiera tenemos forma de ver el partido; sólo a un contrincante. El escenario de la política venezolana ha cambiado. La competencia política se ha vuelto invisible. Es el nuevo tumbaíto. El que tendrá que asumir la oposición.

 

 

 

 
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