LA REVOLUCIÓN Y SU CABALLO DE TROYA

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez 
daniellansbergr@gmail.com
@dlansberg 

 

A principios del año 2002, los gerentes financieros del Banco Central en Atenas se enfrentaban con un problema; el acumulado de deudas y gastos públicos por parte de su gobierno llevaba años sin ser sostenible, pero reducir los gastos –necesaria solución para mitigar una crisis financiera insurgente- resultaría poco popular y sus gobernantes buscaban la forma de evitar esa situación de cualquier manera. Para ganar tiempo, comenzaron a pedir más dinero del exterior, incurriendo en deudas mayores con el fin de financiar sus obligaciones.

 

Sin embargo, el Tratado de Maastricht, acuerdo fundamental de la unión monetaria de Europa, define limitaciones muy específicas sobre los límites de endeudamiento aceptables para cualquier miembro de la Unión. Es una medida de protección contra la posibilidad de que cualquier país–actuando irresponsablemente- pudiese envenenarle el pozo a los demás países de la zona.

 

12 Caballo TroyaLos griegos intentaron solucionar el dilema de una manera que, a la postre, resultaría catastrófica. Utilizando los servicios de Goldman Sachs, un prominente banco de inversión, acordaron un gran negocio con banqueros de EEUU, quienes diseñaron un tipo de transacción cambiaría que, sin entrar en detalles técnicos, utilizaba un “crédito” disfrazado que aparecería en las estadísticas de la deuda griega, sin violar (técnicamente) las leyes. Grecia obtuvo su dinero, de una manera que nadie pudiera enterarse del nuevo endeudamiento. A cambio, Goldman les cobraría una prima con intereses, por sus creativas fórmulas contables.

 

Cuando casi una década más tarde, el engaño fue descubierto, el mundo reaccionó con disgusto hacia Grecia e igualmente hacia Goldman Sachs por haber facilitado este engaño.

 

Ahora, en Venezuela, la historia se repite, con Goldman una vez más en el centro de la narrativa. Por lo que se sabe, Goldman propone proporcionar $1.68 millardos en efectivo al Gobierno, respaldado por $1.85 millardos de oro desde el Banco Central. Mediante esta transacción espera el gobierno generar liquidez que le permita, ya casi agotadas las reservas operativas, hacer frente a las demanda por productos importados.

 

Pero no duden que este acuerdo también tiene su magia.

 

Aunque la mayoría de los países mantienen sus reservas en moneda extranjera, Venezuela ha acumulado una gran cantidad en oro, ya que Hugo Chávez lo veía como un camino más para independizarse de las fuerzas nefastas del imperio. Solo que es poco común utilizar el oro directamente en transacciones internacionales. En circunstancias normales, el oro tendría que ser vendido, es decir convertido en dólares, antes de ser utilizado para comprar bienes o servicios.

 

Pero en Venezuela, esta estrategia podría traer conflictos, ya que transmutar las reservas a dólares sería visto como un rechazo a las sabias políticas económicas del “Comandante Eterno”, además de convertirse en la práctica en una admisión de la precaria situación económica en que se encuentra el país. Si todo está bien, la gente se preguntaría ¿por qué tienen que andar vendiendo estas reservas? Justo antes de las elecciones de diciembre, admitirlo no resultaría favorable.

 

En realidad, no quiero juzgar a Goldman Sachs por sus hechizos financieros. Como banco, su responsabilidad primaria es con sus inversionistas y no es ilegal obtener una prima adicional ayudando a un gobierno adicto al endeudamiento a adquirir su próxima dosis. 

 

Pero si bien la responsabilidad del banco es con sus accionistas, la de un gobierno es con sus ciudadanos. El colapso de la economía de Grecia, tras años de irresponsabilidad fiscal, impactará a su pueblo por generaciones. Sin embargo, ellos, al menos, contaron con la Unión Europea para respaldarlos, aunque fuera a regañadientes.

 

Venezuela se ha aislado, no cuenta con ningún respaldo financiero exógeno. Estremece pensar dónde terminaremos.

 

Version editada

 

 
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