CRUCIGRAMAS SUBVERSIVOS

Sergio Dahbar

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dahbar@hotmail.com
@sdahbar 

 

Ya mucha gente sabe que la palabra jazz resulta una derivación de un término vulgar del creole, que significa copular. Otros investigadores asumen que proviene del patois negro, y quiere decir excitar. Esta última acepción podría describir lo que sintió el trompetista Winston Marsalis, cuando su suite para orquesta, “Blood on the Fields”, recibió el Pulitzer en 1997.

 

En esa ocasión el jurado reivindicó un error que esa misma institución cometió en 1965, cuando le negaron el honor a Duke Ellington, quien respondió con humor.

 

WILLIE RUFF (ARRIBA) Y DWIKE MITCHELL

WILLIE RUFF (ARRIBA) Y DWIKE MITCHELL

“El destino está siendo bondadoso conmigo: no quiere que llegue a ser famoso tan joven”. Tenía 66 años de edad. Pero Estados Unidos no era el único país donde el jazz era segregado como una enfermedad contagiosa.

 

La historia de Tan Shuzen, subdirector del Conservatorio de Música de Shanghai, era desconocida para Occidente hasta 1980. Ese año el documental From Mao to Mozart: Isaac Stern in China (Murray Lerner) obtuvo un Oscar de la Academia. La obra es una revisión crítica de lo que ocurrió en China durante los crueles años de la Revolución Cultural (1966/1976).

 

Tan Shuzen colaboró con el documental de Lerner, y fue invitado a Estados Unidos para la entrega de los premios Oscar en Los Ángeles.

 

Así se supo que Shuzen cometió el siguiente delito: enseñar Bach, Mozart, Beethoven y Brahms en el Conservatorio de Shanghai. Por semejante perversión, que revelaba no pocas debilidades burguesas, Shuzen fue apaleado públicamente y encerrado en prisión durante catorce meses.

 

El jazz estaba prohibido desde 1949, cuando Mao llegó al poder.

 

Las restricciones se acentuaron en 1966, cuando la Revolución Cultural desató una ola de violencia y muerte contra todo lo que tuviera una resonancia occidental. La música que se había consolidado en Nueva Orleans hacia 1909, lejos de rememorar el dolor de los negros en años de esclavitud, se convirtió en una vocación suicida para los orientales.

 

Tan Shuzen aprovechó para conocer Nueva York en 1980, y allí tropezó por azar con Willie Ruff y Dwike Mitchell, dos músicos negros estadounidenses. Conversaron por largas horas, y los invitó a realizar un concierto de jazz en el Conservatorio de Shanghai, ante estudiantes que no conocían esa música. También indagó la posibilidad de que ofrecieran una charla didáctica, especialidad del dúo. Así fue como el jazz trascendió oficialmente en China la tarde del 2 de junio de 1981.

 

Willie Ruff (contrabajo y trompa) y Dwike Mitchell (pianista) no eran músicos corrientes. Se graduaron en academias musicales y sabían todo lo que era necesario conocer sobre música clásica o culta. Pero eran negros y ambos sabían que ninguna orquesta sinfónica estadounidense los contrataría.

 

349 Caratula chinaEn 1959 Ruff (que hablaba seis idiomas) aprendió ruso. Entonces viajaron por la Unión Soviética. Al regresar a Estados Unidos, se dedicaron a ofrecer conferencias ilustradas sobre el jazz, a un ritmo de setenta por año. Por eso, cuando en 1979 se cruzaron en una calle de Nueva York con Tan Shuzen, y éste los invitó a China, dijeron que sí. Ruff comenzó a estudiar mandarín.

 

La conferencia fue luminosa. Remontaron la historia de la esclavitud en el siglo XVII, con comentarios sobre las habilidades de los negros con tambores africanos, su adaptación a los instrumentos occidentales, los cantos religiosos protestantes, la creación del ragtime en el XIX, la definición de los blues, todo esto narrado en chino, con improvisaciones musicales en vivo.

 

En la sección Contrapunto de la conferencia, Ruff y Mitchell combinaron a Bach con el jazz moderno. El acto terminó con una improvisación de Ruff y Mitchell que titularon Shanghai Blues. Entonces alguien cuestionó la veracidad de la improvisación. Ruff pidió que una persona del público interpretara en el piano una melodía china que fuera extraña para dos músicos negros que nunca habían estado en China. Un joven emprendió el desafío.

 

En ese instante Ruff y Mitchell retomaron la melodía, la extendieron en una serie de variantes lúdicas y dejaron a aquellos estudiantes con la boca abierta. Nadie lo sabía, pero esa tarde enterraron el comunismo en Shanghai. Esas cosas pasan cuando uno menos las espera.

 

 

 
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