YA VOTAMOS ¡ALELUYA! ¿Y AHORA QUÉ?

Orlando Viera-Blanco

Orlando Viera-Blanco
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@ovierablanco

 

Revisando notas de cultura comprada sobre polarización (bipolarisation politique/ Robert Bertram/2011), llama la atención cómo algunas naciones han resuelto el problema del anclaje político, clivage o polos en disputa, mediante consensos profundamente tolerantes y críticos. Es el ejemplo de la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría; del proceso de independencia de la Nouvelle Caledonie en la Polinesia o la restauración de la democracia en Chile. Comparativamente en Venezuela los esfuerzos son banales, por lo que aún estamos en la antesala de un largo camino de desanudación.

 

Dedos votarNueva Caledonia, es un territorio conquistado por los franceses en 1853, que devino en “colectividad sui generis” en el congreso territorial de 1946. Aunque es un protectorado francés con autonomía política, podrá ir a referéndum en el 2014 y decidir su independencia. La polarización se debate en reivindicar los valores tradicionales de la cultura melanesia o kana (humano), basada en la integración de etnias de múltiples dialectos (28) y en la emancipación del hartazgo colonial, expresión de discriminación y sujeción. El debate va al fondo. O seguir de la mano de un conservadurismo que se aferra a la ocupación Francesa o favorecer la soberanía territorial. Un polo (no-separatista) describe la independencia como un mosaico caótico de utopía igualitaria de la sociedad melanesienne, mientras el otro, apela al ideal de soberano (socialistas). Pero hay voluntad de consenso y respeto a las tendencias, apelando a una autonomía moderada bajo el lema: el futuro es juntos por Nueva Caledonia.

 

Revisando el consenso de Chile en la obra de Ernesto Ottone y Sergio Muñoz Riveros, (Después de la revolución/2012), utilizando el diálogo socrático, los autores disertan sobre lo que califican la coalición más importante del siglo XX, conductora de un socialismo renovado (calcado por Brasil, Uruguay o Perú). La polarización chilena al tiempo de la caída de Allende y la llegada de Pinochet, vivió un largo camino de confrontación y abuso de poder, hasta el plebiscito de 1989. Resaltan los autores que la sociedad chilena ya no se batía entre comunismo o liberalismo. La desanudación de los clivajes chilenos (valores), pasó irremisiblemente por la adopción de la justicia como motor de convergencia. Tanto fue dejada de un lado la lucha de clases de Allende y su republicanismo anárquico, pleno de agavillamiento, expropiaciones y abusos de la disciplina militante, como las barbaridades de la dictadura de Pinochet y la violación a DDHH, más segregación clasista. Ni el intervencionismo soviético y cubano de Allende, ni el norteamericano del militar. Una nueva sociedad no podía construirse sobre la base del control asfixiante del Estado y la intemperancia grupal de ricos contra pobres, ni sobre los privilegios elitescos del mercado, lanzados a la humanidad por los discípulos de Milton Friedman y su Chicago Boys. El debate de los 90 en Chile se fue a temas serios e históricos que fueron pensados por un Chile posible de forma igualmente seria y con sentido de relevancia histórica, por lo que hicieron historia…

 

En Venezuela la discusión se reduce a Chavismo vs. Antichavismo. No pasa de ser una polarización superflua. El país político (no el ciudadano) sigue validando al caudillo y la democracia de botín, al mito del dorado; reflejando un apetito insaciable por el control central y distributivo de la riqueza petrolera. Tanto lo practica el chavismo mordaz como la variopinta “unidad” expresada en la MUD. Vale recordar el esfuerzo de 100 soluciones para Venezuela (MUD/2012), donde una perla del texto, dejó ver las costuras de lo que pintaba ser un buen desiderátum de “despetrolización” de nuestra economía. El ideal de Uslar de sembrar el petróleo (1936), quedó desechado en el aparte 75 de ese documento, que llama a “administrar con eficiencia y justicia los ingresos derivados de la riqueza del subsuelo y los minerales… como pilar del financiamiento de la inversión real productiva…”. Retórica de la buena, que cabalga sobre el fantasma de Páez, Guzmán Blanco, Boves, Gómez, Pérez y Chávez. Entonces el debate no es de fondo, es lírico ¡y es hipócrita! Es una carrera por “quien administra”, vale decir, le pone mano al subsuelo petrolero. Y bajo esa visión de país feudal, Chávez se queda desde el más allá… porque nuestro “clivaje” termina siendo temporal y electoral (para colmo con un árbitro impropio por parcial).

 

La despolarización de sociedades complejas como los Balcanes, las Alemania, la Polinesia o Chile, pasó por un ideal de emancipación histórica. Emancipación que comporta una profunda reflexión ética-caso Venezuela-sobre el desmantelamiento real del Estado-gobierno personalista, centralista y autoritario. Esa discusión no se ha dado… A las partes “en conflicto” no les conviene. El 8D el ciudadano cumplió una vez más (de 20 en tres lustros). Votó. ¿El país es otro? Muchos “espacios ganados” serán encomunados.

 

¿Y ahora qué?

 
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