Yo no lloraré a Mandela

 

Henrique Salas Römer

Henrique Salas Römer

Henrique Salas Römer
hsr.personal@gmail.com
@h_salasromer 

 

 

Recuerdo bien el sacudón que me produjo la trágica desaparición de Arístides Calvani, y las imágenes que como torbellino brotaron entonces de mi alma conturbada.

No. Este no es el caso de Madiba. Madiba, que así lo llamaban cariñosamente, no se fue de repente. Se fue apagando poco a poco, hasta que un buen día, hace muy poco, un soplo sorpresivo de brisa, viajando sobre las olas del mar, se llevó el último aliento de esa maravillosa llama que logró fundir en una sola voluntad una nación, la suya, dividida por odios y profundamente atormentada.

Todavía su cuerpo inerme yace en el África austral, a la espera de que se congreguen para despedirlo las más relevantes figuras del mundo… pero para mí, tal fue la naturaleza de nuestro encuentro, hace 22 años, que el sigue vivo, como siempre lo estuvo desde que lo conocí. Por tanto, que cosa mejor que compartir con ustedes un poquito de esa historia.

Nelson Mandela fue puesto en libertad en febrero de 1990 y quince meses más tarde decidió realizar un periplo mundial para expresar su agradecimiento a gobiernos e instituciones que habían defendido su causa en los cuatro rincones del mundo.

A su lado izquierdo, mi hermano Jacobo. Al fondo, el hoy vicerrector de la UC, José Ángel Ferreira.

A su lado izquierdo, mi hermano Jacobo. Al fondo, el hoy vicerrector de la UC, José Ángel Ferreira.

A Venezuela llegó para recibir de  la Universidad de Carabobo el doctorado Honoris Causa que le había sido conferido. Lo acompañaba Winnie, su esposa de aquellos largos años de prisión, una mujer emocionalmente arrolladora, quien, sin embargo, salvo por un instante de explosiva alegría, guardó silencio, mientras su esposo ocupaba la atención de los demás.

Yo era  para entonces gobernador de Carabobo, el primero en ser electo por voluntad popular, en una época, además, cuando los gobernadores éramos respetados e incluso, en ocasiones, exaltados por el Presidente de la República y por las más altas figuras del estamento militar. Hago este paréntesis para que se comprenda mejor lo que en adelante relataré.

Mandela llegó a Valencia, traído por el primer mandatario nacional, Carlos Andrés Pérez, a quien recibí como corresponde, al pie de la escalerilla del avión presidencial, consciente además de que seríamos durante todo el día anfitriones de la pareja que nos visitaba.

Nos esperaba un contingente militar, y luego de pasar revista a la tropa en formación, nos dirigimos al Teatro Municipal de Valencia que sería escenario del acto organizado por la UC.

Recuerdo la bulliciosa multitud que rodeaba la edificación, y el repique de los tambores de San Millán, que, llegados de Puerto Cabello, recibían con alegría a la pareja visitante. El acto fue imponente, y luego de los discursos de rigor, hube de escabullirme por un ala lateral, para despojarme de la toga y el birrete, y esperar a Mandela, quien de allí se trasladaría al Capitolio estadal. Mi sorpresa fue grande, sin embargo, cuando, media hora más tarde, arribó escoltado por el propio Carlos Andrés Pérez, quien a pie, tuvo la cortesía y sencillez de traerlo hasta el portal de entrada de la casa de gobierno.

Allí, privadamente, conversamos y privadamente lo condecoré, antes de caminar juntos hasta el Salón Bolívar, donde unas doscientas personalidades, quizás un poco menos porque el Salón tiene sus límites, nos esperaban para conocer de cerca al hombre-leyenda que nos visitaba.

Ya para ese momento, se había desarrollado entre nosotros cierta camaradería, tal como lo recoge la foto, cuando sonriente me pasa el brazo mientras nos abrimos paso para llegar al gran salón.

Sin embargo, fue durante el almuerzo íntimo que le ofrecimos, Raiza y yo, cuando pudimos catar, si, ese es el mejor verbo, catar, toda la dimensión humana de Mandela.

Los siguientes comentarios, tomados de una entrevista que me hicieran, los recoge Noticias24.

“…Después de los actos protocolares en el Salón Bolívar del Capitolio de Valencia, nos fuimos a un almuerzo muy íntimo y familiar en la suite presidencial del hotel Intercontinental. A Mandela por su naturalidad y sencillez, lo sentíamos como un amigo de toda la vida. “Muy pronto nos dimos cuenta de que no estábamos ante un revolucionario cualquiera, sino de una persona culta, con una visión geopolítica mundial muy clara.”. También ante un hombre de temperamento alegre. En un momento se paró de la mesa al escuchar una lejana música que provenía de la zona de la piscina y asomándose a la ventana lo vimos bailotear al ritmo de la melodía.

Aun queda en la memoria de Salas Römer una frase de Mandela que hoy sigue más vigente que nunca. “Hay que conocer la verdad para saber a quién perdonar”. De esa manera, nos hizo comprender aunque de manera indirecta, como había sido su proceso mental para convencerse de que el camino era hacia la reconciliación y no hacia la confrontación con quienes habían sido los enemigos políticos de su causa y de su raza. En ningún momento observamos algo que denotara resentimiento, amargura o rencor. Un rasgo admirable en un hombre que había pasado 27 años en prisión. En ese almuerzo nos acompañaron solo mi hermano Jacobo con su esposa, el historiador Asdrúbal González y Julio Castillo. Éramos 8 en total.” Fin de la cita.

Finalizado el almuerzo y, cambiadas nuestras respectivas indumentarias, nos fuimos a la Plaza Bolívar, desde donde Mandela, parado sobre la plataforma que alguna vez sirvió para las retretas dominicales, se dirigió a una multitud. Habló con mucha fuerza, y luego, elevando el brazo con la mano empuñada y el rostro sonriente, transmitió a todos esa mezcla tan suya de fuerza, cariño y solidaridad.

Fue camino al Aeropuerto cuando se produjo la explosión. El sol comenzaba a descender. Mandela viajaba del lado derecho en el asiento de atrás. Yo en el otro extremo y Winnie, su esposa, hasta entonces recatada, en medio de los dos. Fue entonces cuando le dije “Winnie, tu marido ha recibido todo tipo de reconocimientos, pero tú no has recibido nada.” Me saqué un botoncito de oro que llevaba para ella en el bolsillo, y se lo coloque en la solapa. Su reacción fue indescriptible. Dio como un salto en el asiento, y en una explosión de inmensa alegría, por un instante en sus brazos me aprisionó.

¿Cómo voy a llorar, hoy, mis amigos lectores, la partida de Mandela? ¿Cómo lo voy a olvidar, cuando su lucha contra el Apartheid, está viva entre nosotros? ¿Cómo no tener presente, en esta hora menguada, que nuestro camino, el de los venezolanos, es el mismo suyo, el del reencuentro y la reconciliación? ¿Cómo no recordar que no todos son culpables o que debemos conocer la verdad, para saber a quién perdonar?

En fin, ¿Cómo lo voy a llorar cuando nunca se ha marchado?

 
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8 Comentarios

  1. Tibisay Wendehake said:

    Me conmovió el recuento de ese encuentro. Gracias por escribirlo.

  2. Maria de la Luz said:

    LO LEI, CON DETENIMIENTO Y SABOREANDO CADA PALABRA, HERMOSO RECUENTO, PERO TAMBIEN DEBO DECIR… 1a. vez que estoy de acuerdo con algo del Dr. Salas..
    Fin de la cita!

  3. eddy barrios said:

    Hermosas palabras, recogen la esencia de una vida, la vida de un alma grande. Leí el escrito con gran regocijo por ser la persona quien lo escribió un ser excepcional y por la extraordinaria persona a la cual se dedican tan bellas frases, las cuales recogen una anécdota sencilla pero de gran profundidad. Gracias amigo Henrique.

  4. Eduardo Villarreal said:

    Maria de la luz.. Pienso que en este momento el mombre de quien escribe No ES LO IMPORTANTE. El alli ( salas ) fue un narrador, podo haber sido otro, lo que tiene trascendencia, y un singo imborrable es EL MAS QUERIDO Y EXCEPCIONAL DE LOS POLITICOS DEL MUNDO. Que nunca perdio su estirpe de ser humano, solo por el hecho de estar en cumbre del poder. Y porque pese a las arbitrariedades y a su injusta condena, SU ALMA NOBLE LE PERMITIO OLVIDAR Y PERDONAR A QUIENES LE SOMETIERÓN. REPITO AQUI EL LIDER Y ELMA QUE SE CONTEMPLA ES EL DE MADIBA…

  5. Gladys Lange said:

    Sentidas expresiones de bellisimos momentos , los que me llevan a una reflexion: sabra reconocer Venezuela el hombre que sea capaz de despertar el sentimiento de perdon en el alma social?

  6. neptali mavarez said:

    cuando una persona es luchadora y lee estos comentarios y mas aun cuando en los últimos tiempos en el país hemos vivido una desunión tan tremenda , no nos queda otra cosa que admirar a quienes en alguna oportunidad fueron protagonistas de un hecho tan importante felicitaciones dr Salas….

  7. Wilmer Palencia said:

    Realmente me conmocionó el relato. Yo estuve en la plaza Bolivar ese dia y ví a Mandela montado en el Pedestal donde todos nos hemos montamos alguna vez en alguna marcha. Fué ese dia dia un momento históricos y así lo tengo grabado en mi mente. Coincido con HSR con su relato, muy bueno.

  8. Henrique said:

    Sus palabras, queridos amigos, para mi valen mucho. Gracias.
    Cordial saludo, HSR

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