EL LEGADO DE SHARON

Oded Balaban

Oded Balaban

Oded Balaban 
balaban@research.haifa.ac.il

 

“Ya Kant indicó que los resultados de nuestra acción no nos pertenecen con exclusividad. Sólo las intenciones son totalmente nuestras.”

 

Los obituarios ante la tumba fresca de Ariel Sharon expresan los idearios de quienes los expresan pero no necesariamente la concepción política y militar de Sharon. Uno de sus allegados, precisamente un líder de la izquierda israelí, Yossi Sarid, dice saber la mala opinión que tenía Sharon de algunos de los que hoy lo despiden (insinuando al actual primer ministro Benjamin Netanyahu y al actual presidente, Shimon Peres), y que si no hubiera caído en coma en enero de 2006, sería rememorado como el Libertador de Palestina. Para quienes lo recuerdan como combatiente militarista, y para los que lo recuerdan por el contrario como pacifista, dedico los siguientes datos que deberían tenerse en cuenta para evaluar una política aún quizás incomprendida.

 

Former Israeli Prime Minister Ariel Sharon dies

Ariel Sharon

En la guerra de Yom Kipur (1973), como comandante de infantería en el frente sur, se negó a cumplir las órdenes recibidas de sus superiores de hacer rendir a la Tercer Armada Egipcia estacionada en la península del Sinaí, salvando asi el honor del ejército egipcio. Con el cese del fuego la batalla terminó sin triunfadores ni derrotados.. La falta de humillación y victorias labró el camino para las negociaciones de separación de fuerzas emprendidas por Henry Kissinger el 28 de octubre de 1973, que permitieron la posterior visita dramática de Sadat a Israel el 19 de noviembre de 1977, y la subsiguiente Cumbre de Camp David cuyo resultado fue la firma de la paz con Egipto. Sadat, probablemente consciente del rol de Sharon en el campo de batalla, preguntó si Sharon estaba entre los que llegaron al aeropuerto a participar de la ceremonia. En el caluroso apretón de manos con Sharon, Sadat le dijo: “Te quise atrapar en el canal”, a lo que Sharon respondió: “Ahora puedes atraparme como amigo”. Sadat y Sharon mantuvieron un contacto estrecho y Sharon tuvo iniciativas de ayuda agrícola y estratégica a Egipto.

 

Como Ministro de Agricultura, Sharon fomentó el desarrollo agrícola de los territorios palestinos. Entre la izquierda israelí se sostenía que Israel necesita una paz de colaboración con fronteras abiertas, que incluye el mutuo reconocimiento. Sharon expresó en su estilo de derecha lo que otros decían en lenguaje de izquierda: “Hay que obligar a los árabes a vivir en convivencia con nosotros”. ¿Qué es, sino, en la misma medida, decir que hay que obligarnos a nosotros mismos a vivir en colaboración con ellos?!

 

Sharon consideraba que Arafat era un obstáculo para la paz e intentó debilitar su fuerza política en la primer guerra del Líbano (1982) a fin de reforzar a sus rivales, los dirigentes que residían en los territorios ocupados, a quienes estimaba partidarios de una paz estable con Israel. La idea de Sharon era presionar a Arafat para obligarlo a escapar a Damasco, lo que entonces se denominaba “enviar al ratón a la jaula siria”. Arafat quedaría así neutralizado bajo el dominio del presidente sirio, Jafez el-Assad. Fue Menachem Beigin, entonces Primer Ministro, quien salvó el liderazgo de Arafat, al decidir no avanzar sobre los cuarteles centrales de la OLP en Beirut. Como respuesta a la decisión de Beigin, Sharon reclutó a Yitzhak Rabin, entonces miembro de la oposición en el parlamento, quien en una visita al Líbano, declaró lo que Sharon quería escuchar: que es necesario reforzar el bloqueo a Beirut y cerrar la ruta Damasco-Beirut. Finalmente, contra la recomendación de Sharon y Rabin, el gobierno de Beiguin decidió “liberar” a Arafat, con sus fuerzas y armas, que se retiraron de Beirut como victoriosos.

 

En enero de 1988, Sharon afirmó que Israel debe asumir parte de la responsabilidad por las consecuencias de la guerra de 1948, y asegurar la rehabilitación de 15.000 refugiados palestinos dentro de la línea verde (la línea que separa el territorio Palestino de Israel) incluyendo la responsabilidad por ofrecerles vivienda y trabajo.

 

En 2002, como primer ministro, Sharon inició la construcción del muro de separación entre Israel y los territorios ocupados a raíz de ataques terroristas. Contrariamente a la opinión común, Sharon construyó el muro con mucha vacilación, lentamente, solo y bajo la presión masiva de la oposición y de la opinión pública. Más aún, nunca la terminó de construir. Es probable que suponía que un muro  pondría en peligro su idea de una coexistencia futura basada en la apertura de fronteras (Según Dennis Ross, el verdadero constructor del muro fue el terrorismo palestino).

 

La retirada unilateral de Gaza fue, entre otras cosas, un gesto de buena voluntad, cuyo objetivo fue dar un impulso al proceso político. Por eso propuso no destruir viviendas e instalaciones agrícolas para que estas sean usufructuados por los refugiados palestinos y mejorar así su situación económica, a diferencia de la retirada de Sinaí tras la paz con Egipto, cuando Beigin ordenó destruir la ciudad de Yamit.

 

Sharon sin embargo apoyó la creación de asentamientos judíos durante la mayor parte de su carrera política. Pero él veía en los colonos judíos “rehenes de la paz”. Según su programa, cuando se firme un acuerdo de paz, ellos servirían como puente para la paz. Así como los ciudadanos árabes de Israel prefieren fronteras abiertas, la presencia de ciudadanos judíos en Palestina sería funcional para impedir el cierre de fronteras. Pero la mayoría de los colonos no ha hecho ningún intento por crear simpatía de la población árabe hacia ellos y no han tenido ninguna voluntad de integrarse como ciudadanos del futuro estado. En esta situación, el antecedente del desalojo de asentamientos en la franja de Gaza otorgaría una eventual legitimación al desalojo de colonos de la franja occidental del Jordán, como un mal menor.

 

Bajo la condición de una paz verdadera, Sharon estaba dispuesto incluso a dividir a Jerusalén. Tal como se reveló recientemente, estaba dispuesto a transferir los barrios árabes de Jerusalén a la soberanía palestina, a condición de que ellos revelen de su parte una obligación sin concesiones a combatir el terrorismo. Según su idea, Jerusalén debería ser una ciudad unida que sirva como capital para dos países, a condición de que no se transforme en una segunda Berlín.

 

Sharon se opuso con determinación a basar la seguridad del país en armas atómicas. En su biografía comenta que nunca comprendió a aquellos que creen en un balance de horror nuclear. Sus palabras insinuaban con claridad a la política de Shimon Peres, actual presidente, quien declaró que “el balance de terror superará la hostilidad”. Contrariamente a las conclusiones de la teoría de juegos de Israel Aumann y Thomas Schelling, laureados ambos con el Premio Nobel, quienes en los años 60 y 70 fueron los teóricos de la perpetuación de la guerra fría, Sharon sostenía que no se debe delegar la seguridad del Estado en manos del juicio racional del enemigo. Se opuso en efecto a todo tipo de estrategia nuclear militar disuasiva. Convivir bajo la amenaza nuclear no era, para él, una opción de convivencia:

 

Las concepciones de Sharon son controversiales, y se puede discutir su operatividad. Pero no hay que confundir los resultados con los programas y fines por el otro. Ya Kant indicó que los resultados de nuestra acción no nos pertenecen con exclusividad. Sólo las intenciones son totalmente nuestras. Los resultados no pertenecen sólo al autor que los programa sino también a sus rivales.

 

Hay en efecto muchas dificultades cuando se recorre este camino. Lo claro es que una biografía política de Sharon está aún por escribirse.

 

Oded Balaban es Profesor de filosofía en la Universidad de Haifa

 

NR. Texto ligeramente editado por razones de espacio

 
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