El país anda mal

 

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HENRIQUE SALAS RÖMER – 

Nadie sabe dónde estuvo ubicado Camelot, el reino mítico del Rey Arturo. Ni siquiera se ha podido demostrar que realmente Camelot existió. Pero la leyenda, con su Mesa Redonda, los artilugios del mago Merlín y la espada Excalibur, perdura siglo tras siglo porque de allí, del heroísmo, el misterio y la leyenda, se nutre el cuerpo místico de los pueblos.

Al reino de la familia Kennedy, en Hyannis Port, rodeado de sus propias leyendas, misterios y actos de heroísmo, se le asoció figurativamente a Camelot y de su seno surgió el hombre que, unido a su esposa, Jacqueline, representaría por un fugaz momento el arquetípico del “sueño norteamericano”.

Tras su trágico fin, su imagen quedó grabada en el imaginario de aquel país, y se le venera como uno de los presidentes que, al igual que Lincoln, pero sin una hazaña comparable, dejó una imborrable huella en su tránsito por la Casa Blanca.

Mónica fue mucho más que Mónica. De haber sido presidente, habría conmovido al mundo entero. Su muerte ciertamente conmovió a Venezuela… porque “tenían un rango excepcional (ella y su esposo, Henry) de personajes casi arquetípicos como formas del “sueño venezolano”, acotó Boris Muñoz[i].

El asesinato de Mónica ha sido catastrófico para la ya magullada imagen internacional del régimen venezolano. Además, con la dulzura que de ella emanaba, su muerte le puso rostro a la mayor masacre de seres inocentes que se haya permitido en tiempos de paz.

Doscientos mil asesinatos en 15 años, casi 25 mil en el 2013, cifras sin duda espeluznantes. Y, sin embargo, hasta que se produjo el asesinato de Mónica, el fenómeno era una realidad macabra que golpeaba duramente a hogares individuales… pero sin conmover en su conjunto a toda la sociedad. Ahora TODOS somos Mónica.

El asesinato de la pareja en una desolada autopista, le ha dado un carácter dramático adicional. Nos viene a la mente otra muerte en carretera. La del líder pacifista cubano, Oswaldo Payá, que conmovió al mundo entero. Y, mirando atrás, el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero de la corona del Imperio austrohúngaro, así como de su esposa, Sofía, hace cien años, en junio de 1914, hecho que provocó el estallido, un mes más tarde, de la Primera Guerra Mundial.

La violencia está desatada en Venezuela y luce fuera de control. Mientras escribo estas líneas, me llega una nueva noticia alarmante. En el Parque Fernando Peñalver, ese santuario de paz y civilidad de la ciudad de Valencia, se ha producido por vez primera en veintiún años, un hecho de violencia. Las sumas ya no cuadran.

Ausentes el heroísmo, las leyendas, y el cuerpo mítico de ayer, el país está desbocado, anda mal. En muchas dimensiones anda mal. Estamos al borde del caos. No sé si ya es demasiado tarde.



[i] Prodavinci

 

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