La costumbre

 

Rafael J. Chavero Gazdik 
rchavero@hotmail.com

 

Mendigar Cadivi es la tragedia más mísera del venezolano

 

Se ha incrustado en los genes del venezolano esa maldición de aceptar sin mayor esfuerzo el status quo. El conformismo se ha convertido en nuestra principal epidemia. Se ha desvanecido nuestro ánimo de superación. Nos han condenado a la costumbre de la mediocridad.

Cuando comenzaron los apagones y el racionamiento eléctrico, hasta con humor nos resignábamos a la oscuridad. La inseguridad se ha vuelto nuestro patrón de vida, al punto que no hay nadie que no tenga una tragedia cercana. La impunidad ya forma parte de la esencia de nuestra sociedad. Si pensamos en los servicios públicos de correo, salud, vialidad o transporte no podemos más que lamentarnos de las precarias condiciones. Las largas colas para comprar bienes de primera necesidad o ser atendidos en cualquier oficina pública ya es parte de la idiosincrasia nacional.

Las extorsiones, las comisiones y las gestorías para cualquier trámite nos acompañan a diario. Según Transparencia Internacional somos uno de los países más corruptos del planeta, pero es que “somos así”. Y ni hablar del control cambiario, un sistema perverso para controlar políticamente la economía. Somos la burla del mundo entero, pues el Gobierno nos dice a qué podemos dedicarnos y qué podemos gastar. Lo que en algún momento sirvió como medida excepcional frente a crisis financieras ahora se ha convertido en nuestro eje central de vida. Mendigar Cadivi es la tragedia más mísera del venezolano.

Son muchas las razones de esta actitud pasiva y complaciente, pero una de las principales es el desconocimiento de la separación de poderes. No hay instituciones capaces de exigir calidad de vida. La Asamblea Constituyente y las siguientes actuaciones gubernamentales se encargaron de homogeneizar toda la actitud deferente de los servidores del Estado. Nos convertimos en un país presidencialista, donde una sola persona gobierna a placer y sin controles. Los estándares de vida los fija un jefe de Estado y ya sabemos que no hemos tenido ningún erudito en los últimos tiempos.

La lucha de la sociedad civil ha tenido muchos contratiempos. El Gobierno ha respondido a la disidencia y presión social con cárcel y hundimiento económico. El que exige cambios y rebeldía no se atreve a protestar fuera de sus cúpulas protegidas. Pareciera que es labor de los políticos opositores encontrar la fórmula mágica para la superación de la plaga revolucionaria.

 

Somos una buena muestra de la pasividad y resignación humana. Eso es parte del legado comunista. Por eso nos sorprende que los gringos se quejen por el aumento de un centavo en la estampillas.

 

 

 

 

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