ORIENTE MEDIO HACIA EL 2014

Fernando Mires

Fernando Mires

Fernando Mires
fernando.mires@uni-oldenburg.de 

 

No es demasiado original decirlo pero es la verdad. El año 2014 será muy complicado en el Oriente Medio. La región no solo seguirá viviendo réplicas contra-revolucionarias surgidas como respuesta a los movimientos del 2011. Además han aparecido nuevas alianzas, nuevas constelaciones y nuevos actores. Una evaluación más precisa podrá recién hacerse después de la Conferencia sobre Siria, a fines de Enero de 2014.

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En Túnez el Islam moderado se mantiene a duras penas en el poder presionado por fracciones radicales suníes, por un lado, y por un ejército que, como ya ocurrió en Egipto, intenta regresar al poder. 

Egipto vive los luctuosos efectos de la restauración militar. Por el momento los principales opositores a la dictadura son las hermandades musulmanes las que cuentan con una enorme capacidad organizativa más el apoyo de los sectores empobrecidos del país. Los sectores medios urbanos que derrocaron a Mubarak se encuentran políticamente divididos entre quienes intentan pasar a la resistencia en contra de la dictadura y quienes buscan todavía negociar con ella. 

En Libia el poder central es solo una ficción y los poderes locales continuarán disputados entre tribus locales y milicias regionales. 

En Siria, con armas químicas o sin ellas, continuará la guerra civil. La autocracia rusa seguirá apoyando al único peón que posee en el ajedrez de la región, el dictador Al Asad, y EEUU evaluará si vale la pena apoyar a una oposición en la cual sus enemigos más declarados ganan cada vez más terreno.

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Lo cierto es que el gobierno norteamericano no puede bailar en dos fiestas. Sobre todo cuando ya terminó el momento en el cual la contradicción principal del Oriente Medio estaba marcada por la línea que separa a las dictaduras de los sectores democráticos de cada nación islámica. Hoy Obama tiene que elegir entre la peste o el cólera. O apoya a dictaduras militares como la de Egipto, e incluso la de Al Asad en Siria, o apoya a sus más declarados enemigos, los islamistas suníes, entre ellos miles de combatientes de Al Quaeda establecidos en Siria e Irak.

La penetración de las milicias de Al Quaeda en Faluya  y en la provincia de Al Anbar agrega por cierto un problema adicional. 

Evidentemente el gobierno de Irak no está en condiciones de repeler por sí solo a las tropas de Al Quaeda. Tampoco EE UU, aunque solo sea por razones de política interna, puede darse el lujo de hacer regresar a las tropas que ya retiró desde Irak. Eso significa que la única alternativa viable para los EE UU es delegar la pacificación de Irak a Irán, aunque sea al precio de aumentar sus tensiones con sus aliados “históricos”: Arabia Saudita e Israel. Irán, Irán es por el momento la variable fundamental en el peligroso juego.

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El acuerdo entre EE UU e Irán puede ser leído sin ninguna documentación. Irán cederá puntos centrales en su programa atómico. A cambio recibirá desde EE UU las llaves para abrir las puertas de Irak y anexar religiosa y políticamente, aunque no territorialmente, al país vecino y, por si fuera poco, derrotar militarmente al sunismo radical representado (no solo) por Al Quaeda e indirecto aliado de Arabia Saudita. Más aún, si EE UU logra incorporar a Irán a la mesa de negociaciones sobre el caso sirio, podría incluso ser configurada una entente internacional muy provisoria formada por Rusia, Irán y los EE UU. Si esa entente puede trascender las negociaciones sobre Siria, nadie puede predecirlo.

Si se toma en cuenta de que ni siquiera hemos hablado de Turquía país cuyo gobernante hará todo lo posible para que en el país no se repita la historia reciente de Egipto, el panorama hacia el 2014 no puede ser más confuso. Quizás las negociaciones sobre Siria arrojarán algunas luces sobre las tinieblas del Oriente Medio. Esperemos.

 

 

 

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