¿Podemos ser optimistas?

 

Alex Capriles M.

Alex Capriles M.

Axel Capriles M. 
acaprile@ucab.edu.ve
@axelcapriles 

 

Una nueva dirigencia tendría que reconstruir el país con una población improductiva…

 

Siempre habrá Venezuela fue el título de un libro con el que uno de los hacedores de la Venezuela que heredamos, Miguel Ángel Capriles, intentó sembrar su optimismo nacionalista por encima de los recurrentes desaciertos que constantemente ennegrecían el horizonte del país. Sin duda, siempre habrá Venezuela, por más de que ahora esté adjetivada y sea bolivariana, pero la Venezuela de hoy ya nada tiene que ver con la que vivimos durante gran parte del siglo XX. No sólo variaron las circunstancias y los líderes políticos actuales no tienen la estatura de los que sembraron la democracia sino que, por encima todo, ya no somos la misma gente. El venezolano cambió.

venezuela¿Podemos ser optimistas sobre el futuro que les espera a los venezolanos de hoy? Muchas personas perciben a Venezuela como un país lleno de oportunidades y potencialidades y sienten que si tan solo se diese un viraje y hubiese un gobierno medianamente eficiente las perspectivas de la nación cambiarían. Las posibilidades de futuro de Venezuela, sin embargo, ya no dependen de la recuperación de su menguada industria petrolera, no residen en cambios en la política económica y ni siquiera están atados al orden legal y a las transformaciones institucionales. Con todos los factores a favor, todavía nos encontraremos con los demonios desatados por la Revolución Bolivariana: el desmembramiento de la red social que requerirá de por lo menos una a dos generaciones para volverse a formar.

Por más que una nueva elite ilustrada (que no se ve en el horizonte) llegara sorpresivamente al poder, esa nueva dirigencia tendría que reconstruir el país con una población dependiente, improductiva y mantenida por el Estado, con un cuerpo social maleado, adverso al delicado equilibrio de derechos y deberes ciudadanos y nutrido en el resentimiento, la violencia, la altanería y la anarquía. El odio del motorizado contra el conductor de automóvil que intenta cambiar de canal en la Francisco Fajardo repercute más en nuestro desarrollo que los cambios en el patrón energético.

 

 

 
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