A este país se lo está llevando la chingada

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com 

 

Todos los días nos enfrentamos a una inseguridad angustiante, el número de fallecidos se incrementa año a año, y los más de 20 planes de seguridad y la docena de ministros que han pasado por el despacho encargado de la seguridad de los venezolanos en estos 15 años de gobierno revolucionario, socialista y antiimperialista… no han podido detener, mucho menos disminuir, las voluminosas estadísticas de muertes a manos de la delincuencia.

El problema como ha dicho el psicólogo social y sacerdote salesiano Alejandro Moreno en entrevista que le realizara Vanessa Davies, va más allá de la condición de pobreza y exclusión, de la violencia que puedan mostrar los medios de comunicación y de otros factores importantes como la deserción escolar. Para Moreno la acción de matar produce placer al delincuente porque implica reconocimiento y poder.

violenciaNos enfrentamos a una subcultura delincuencial que entiende el empoderamiento bajo sus propias reglas, lo que significa que el poder de decisión de si alguien vive o muere en un atraco es discrecional, está sujeto al capricho de quien ilegalmente empuña un arma para despojarnos de un teléfono, dinero, un vehículo, o simplemente nada, quitarnos la vida porque sí, porque le dio la gana.

El problema no lo va a resolver el gobierno desarmando a la población civil que legalmente porta un arma para su defensa personal y la de su familia, tampoco se disminuirá la tasa de homicidios censurando las telenovelas y las series que transmiten las cableras, ni descongestionando las cárceles con reformas judiciales. El problema lo vamos a resolver cuando conectemos de nuevo el sentimiento como un valor.

El relato político del gobierno y sus planes de seguridad no nos está llevando a ninguna parte porque están atrapados en un concepto de revolución, que entiende la inclusión social dentro de un esquema populista heredado de los gobiernos anteriores. La idea de empoderamiento del poder popular asociada a un paternalismo centralista que está plasmada en el “plan de la patria” no siente, en todo lo que significa el sentir, el palpitar del momento social que está atravesando Venezuela.

Cuando digo que lo que hace falta es reconectar “el sentir” a todos los niveles de la sociedad, estoy reconociendo que el venezolano que comete delitos tiene carencia de sentimientos, de ética, de moral. Y no me refiero exclusivamente al que mata, sino también al que roba desde una posición privilegiada pública o privada, y en general al ciudadano que en busca de su beneficio no escatima en pasarle por encima a cualquiera para hacerse de un bien o una posición.

El sentir, el sentimiento que nos hace falta reconectar es el del amor, y cuando digo amor me refiero a un estado emocional que ya conocemos, que hemos experimentado muchas veces como sociedad, y que de ninguna manera puede crecer cuando se odia al adversario, cuando se divide al país por motivos políticos en buenos y malos, pues al dividir dejamos de sentir lo que siente el otro, y eso es precisamente lo que nos ha ocurrido.

Lamentablemente el liderazgo político encabezado por el presidente Chávez nos llevó a una confrontación política en donde tirios y troyanos desaprendimos el sentir del “nosotros”, por eso más allá de la exclusión social que es una realidad compleja, la exclusión que nos está desangrando y dividiendo cada día más,  es la exclusión del sentimiento, del “sentir en presente” , y a pesar de las buenas intenciones que pueda tener el Presidente Maduro, si no abandona sinceramente la retórica guerrerista heredada, y la oposición no pone de su parte tomando la calle para acompañar al pueblo y apoyar al gobierno en lo que haya que apoyar para pacificar al país, podemos decir, como una vez le escuché decir al recientemente fallecido poeta y escritor mexicano José Emilio Pacheco, “que a este país se lo está llevando la chingada”.    

 

 
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