Damas y caballeros… ¡Los Beatles!

The-Beatles

El día que John, Paul, George y Ringo aterrizaron en Nueva York se convirtió en el hito de la música popular del siglo XX. Cincuenta años después, Los Beatles siguen siendo la banda de rock más importante de la historia.

Pedían   a   gritos su atención y tan solo una mirada era suficiente para desatar el frenesí de alaridos y hacer temblar las pancartas que decían “Los amamos”. Los cuatro chicos de Liverpool apenas se estaban acostumbrando a tener fanáticas y esta demostración de afecto los dejó atónitos. “Había millones de jóvenes, cosa que nadie anticipó. Nos enteramos estando todavía en el aire, cuando el piloto anunció: ‘Díganle a los chicos que hay una gran multitud esperándolos’. Y pensamos: ‘Dios, de verdad lo logramos’, escribió años después Paul McCartney. Era el 7 de febrero de 1964 y Los Beatles acababan de aterrizar en el aeropuerto internacional de Nueva York, recién bautizado J.F. Kennedy, y, sin saberlo, estaban haciendo historia. 

 

La emoción de aquel día, y de las siguientes dos semanas, marcó el comienzo de la Beatlemanía, el fenómeno que consagró a John, Paul, George y Ringo como la banda más famosa que ha existido. Nunca se había visto a miles de adolescentes gritar enloquecidas por un grupo, y el particular corte de pelo y el acento británico les hacía perder completamente  la compostura. Los periodistas estadounidenses tampoco fueron inmunes al fenómeno y unos 200 de ellos se reunieron en el aeropuerto para hacerles preguntas a los recién llegados. 

 

 

La pinta de los chicos y sus ocurrentes y sarcásticas respuestas durante la conferencia enamoraron a los estadounidenses tanto como sus canciones. Esa misma noche otra multitud los esperaba frente al Hotel Plaza, donde se hospedaron. “¡Era una locura! Estaban todos afuera, había barreras y policías a caballo por todas partes y nosotros cuatro sentados en el carro, riéndonos. ¡No podíamos creerlo!”, recordó después Ringo. 

 

Aunque para entonces ya era claro que tenían una buena base de fanáticos en Nueva York, el verdadero nivel de su influencia en Estados Unidos solo se hizo evidente cuando se presentaron en el programa dominical The Ed Sullivan Show. Una semana antes ya las 780 plazas del estudio estaban agotadas y los teléfonos no paraban de sonar: todo el mundo quería ver a los británicos tocar en vivo. Incluso el entonces ex vicepresidente Richard Nixon metió palancas para conseguirle una entrada a su hija Julie, de 15 años. Al presentar a la banda Sullivan dejó claro cuál era el ambiente esa noche: “Desde ayer nuestro teatro está inundado de periodistas y cientos de fotógrafos de todo el país, y estos veteranos están de acuerdo conmigo en que esta ciudad nunca ha vivido una emoción como la que han causado estos jóvenes de Liverpool. Damas y caballeros…¡Los Beatles!”. 

 

Se dice que aquella noche Lennon pegó las letras de las canciones a la parte de atrás de su guitarra, pues estaba tan nervioso que pensó que podría olvidarlas. Y tenía razón, pues 73 millones de personas vieron el programa, lo que marcó un nuevo récord de sintonía en el país. De hecho, aunque Los Beatles también dieron otros dos conciertos en esos días, ellos realmente estaban en Nueva York por el programa de Ed Sullivan. La versión más difundida de su viaje a través del Atlántico cuenta que Sid Bernstein fue quien los llevó  a Estados Unidos. En realidad, Brian Epstein, el mánager de los Fab Four, como comenzaban a ser llamados, había viajado en septiembre de 1963  Nueva York para reunirse con Sullivan y acordar  con él que los chicos se presentarían tres veces seguidas en el programa por 10.000 dólares. Solo después Bernstein lo contactó y le dijo que podía conseguirles conciertos en el mítico Carnegie Hall y en el Coliseo de Washington. 

 

Los Beatles además llegaron a Estados Unidos en un momento especialmente crucial. Solo unos meses antes, el 22 de noviembre de 1963, el país había quedado noqueado por el asesinato del presidente John F. Kennedy. Como señala el historiador Philip Norman en su biografía de Los Beatles titulada Shout!, los norteamericanos necesitaban algo que llenara ese vacío profundo. Y ese algo comenzó a ganar fuerza cuando el disc-jockey Carroll James, de la emisora WWDC, de Washington, aceptó la sugerencia de Marsha Albert, una adolescente fanática, de pasar por su emisora canciones del grupo. El hecho es que en diciembre de 1963 importó de Reino Unido el sencillo de I Want to Hold Your Hand y comenzó a transmitirlo una y otra vez.

 

Estados Unidos llevaba años oyendo baladas insulsas tras la guerra a muerte que le declaró la derecha al rock and roll a finales de los años cincuenta. Así que el público quedó maravillado con el sonido que ofrecía el cuarteto. Era movido, alegre, optimista, una canción aparentemente sencilla y fácil de digerir, pero con una progresión de acordes que nunca antes se habían escuchado, unos arreglos vocales prodigiosos y un sonido de guitarras enérgico pero limpio.

 

Lo que es increíble es que cuando llegaron  a Estados Unidos con semejante resonancia, el fenómeno apenas estaba naciendo, pues hasta febrero de 1964 los Fab Four solo tenían un éxito, I Want to Hold Your Hand . Después seguiría She Loves You, y de allí una serie de canciones que llegaban a la radio y a las listas de éxitos a raudales.  Los muchachos llevaban más de un año grabando en Reino Unido y había mucho material represado, que a lo largo de ese año apareció en Estados Unidos con muy pocas semanas de intervalo. 

 

Los Beatles no solo llenaron ese vacío que señala Norman, también resucitaron el rock and roll, que volvió a sonar en la radio gracias a esa hábil combinación de música blanca y negra que había logrado el grupo, y a la que había que agregar la capacidad que tenían ellos, en particular Paul McCartney, para componer o interpretar canciones más líricas y armoniosas.

 

La Beatlemanía estalló definitivamente aquel fin de semana. Ya no era un tema exclusivo de Reino Unido o de Europa sino del mundo entero.  Y como Los Beatles no eran precisamente un grupo creado para triunfar en la radio sino una suma de talentos prodigiosos pocas veces vista, el fenómeno duró hasta septiembre de 1966, cuando se aburrieron de cantar ante audiencias que gritaban tan duro que la música no se podía oír y decidieron concentrarse en trabajar en los estudios. 

 

En los seis años que estuvieron juntos  Los Beatles lograron lo que nadie antes había logrado, no solo en el ámbito musical, sino en cuanto a la influencia que tuvieron sobre varias generaciones. Cincuenta años después, Estados Unidos celebra la llegada del cuarteto británico con decenas de homenajes y la prensa les vuelve a dar portada a John, Paul, George y Ringo porque, sin importar el tiempo que pase, su música y lo que representaron sigue estando más vivo que nunca. Como dice la expresión anglosajona: fue corto pero dulce. 

 

Tomado de Semana.com

 
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