El ABC de Carlos Urdaneta – Presidente de Uniapac – Venezuela

“Una empresa no puede ser todo para las finanzas y nada para la calidad de vida de las personas que allí trabajan”.

“Una empresa no puede ser todo para las finanzas y nada para la calidad de vida de las personas que allí trabajan”.

El trabajo representa una dimensión fundamental de la existencia humana. Hay temor y desconfianza cuando se habla de estas cosas, pero ello no refleja sino desinformación. Hay que promover una economía que sea más respetuosa de la humanidad, señala el empresario.

 

Macky Arenas

 

Esperábamos a  un señor mayor y apareció un joven que no llega a 50 años. Trabajó varios años en empresas y corporaciones, algunas de ellas muy comprometidas con la responsabilidad social y ambiental, en un esquema de rentabilidad muy sólido. Siempre estuvo moviéndose entre el mercadeo y las finanzas… hasta que su suegra le entregó una empresa familiar de yogurt artesanal que hoy maneja exitosamente. Este ingeniero mecánico con postgrado en Finanzas preside Uniapac-Venezuela. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

—  ¿Qué es Uniapac?

—  Es una federación de asociaciones, como también un lugar internacional de encuentro para empresarios, que tiene la intención de contribuir al debate público de la moderna cuestión social en consonancia con el avance de las nuevas tecnologías y el crecimiento económico en diferentes regiones del planeta. Es un medio para prestar atención a las acuciantes necesidades a fin de demostrar el mayor respeto al hombre en todas las circunstancias.

—  ¿Cómo nació y dónde?

—  Fue creada en 1931 por federaciones de empleadores holandeses, belgas y franceses, con ocasión del 40 aniversario de la Encíclica “Rerum Novarum” en Roma. Después de la Segunda Guerra Mundial se amplió para incluir otros países europeos y latinoamericanos y cambió su nombre original por uno en francés que traduce: “Unión Internacional de Asociaciones Patronales Católicas”, en 1949.

—  ¿Cuál era la inquietud?

—  Los empresarios, a la luz del contenido de esa Encíclica del Papa León XIII y con ocasión de esa celebración, se cuestionaron si estaban haciendo las cosas como debían. Lo mismo que ocurre hoy en Venezuela: una necesidad de coherencia entre nuestras creencias y valores y la manera como dirigimos nuestras empresas. Acá vino hace poco un grupo de empresarios mexicanos y nos contactó para integrar Uniapac – Venezuela. Y en eso estamos. Nos constituimos en septiembre y en octubre pedimos la incorporación a Uniapac – Latinoamérica. Estamos reuniéndonos, dictando charlas, en fin, comenzando la labor de organización.

—  ¿Sólo la integran católicos?

—  No, en 1962 se convirtió en una asociación ecuménica bajo la nueva denominación “Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresas”, conservando sus iniciales Uniapac.  Ya para ese entonces ganaba miembros en Asia y África.

 

Doctrina social

 

—  Es muy oportuno que inicien labores en Venezuela, dado que este año, según acaba de declarar el Cardenal Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos: “va a ser un año importante para el ecumenismo” y resulta más que obvio que el diálogo con las demás confesiones cristianas, es una prioridad para el Papa Francisco.

—  Sí, es providencial y esperamos poder entusiasmar a muchos empresarios para se unan en este esfuerzo cuya misión es clara: capacitar a nuestro personal, transformar nuestras empresas y entorno laboral y contribuir con la construcción de una sociedad más humana y justa. 

—  ¿Bajo qué inspiración trabajan?

—  Nuestra fuente de inspiración es la doctrina social de la Iglesia. Tenemos el objetivo de promover entre los dirigentes la visión e implementación de una economía que sirva en gran medida a las personas y al bien común en nuestras sociedades.

—  Muy a tono con el discurso y mensaje del Papa Francisco.

—  Correcto, eso nos compromete, nos interpela y nos anima. El Papa ha puesto el acento en la lucha contra la pobreza y en la inclusión. La tendencia viene siendo aumentar el conocimiento de las empresas vinculado a su responsabilidad hacia la sociedad en su totalidad, representada en lo que ahora llamamos “responsabilidad social empresarial” y esto es visto por Uniapac como la oportunidad para promover una economía que sea más respetuosa de la humanidad, siempre que el hombre, de hecho, permanezca como el principal centro de atención de la implementación de la Responsabilidad Social Empresarial.

—  ¿Cuáles principios básicos los animan?

—  El principio fundamental surge del hecho que la sociedad y la economía se relacionan con los seres humanos y que estos merecen respeto.  

—  ¿Eso qué implica? 

—  Que hay principios derivados: Respeto a la dignidad de la persona y fomento de su desarrollo integral. El trabajo, que representa una dimensión fundamental de la existencia humana, por lo tanto es en el trabajo donde el hombre debería expresar y disfrutar de su dignidad. El Bien Común que, a diferencia del “interés general”, involucra a todos los miembros de la sociedad y garantiza el derecho de todos a disfrutar de las condiciones de la vida social que surgen de esa búsqueda. El destino universal de los bienes, que  asume la propiedad privada como un derecho y como una obligación, la preferencia y el alivio a los pobres. Finalmente, la subsidiaridad, la participación y la solidaridad.

— ¿Cómo se traduce eso en valores que materialicen la aplicación de esos principios en la vida social y empresarial?

—  Las actitudes morales que se corresponden con esos valores son, ante todo, trabajar con la verdad. Las consecuencias de la verdad en la empresa son transparencia y confianza en todas las prácticas y actividades económicas, el comportamiento responsable de cada persona. La libertad, ejercida  responsablemente y enfocada a la contribución de todos al bien común. La justicia, como la constante voluntad de dar a cada uno lo que le es debido. Y la paz, como resultado de la coexistencia social.

 

Urdaneta considera que la responsabilidad social empresarial se convirtió en un referente obligado para la vida de las empresas.

Urdaneta considera que la responsabilidad social empresarial se convirtió en un referente obligado para la vida de las empresas.

Valores y obligaciones

 

— ¿Qué significa la paz?

—  No es meramente la ausencia de guerra o el equilibrio entre fuerzas en conflicto. Más bien se basa en la correcta comprensión de la persona humana. La justicia y el desarrollo constituyen indudablemente las condiciones para la paz. La paz es un valor y una obligación universal. Es el fruto de la justicia pero también de la solidaridad. 

—  ¿Cuál es la concepción de empresa que ustedes tienen?

—  Atiende diferentes dimensiones. Básicamente se trata de sentirnos llamados, en nuestras empresas, a alcanzar objetivos económicos y sociales basados en el respeto de la dignidad humana y los principios antes mencionados, pero igualmente debemos ser capaces de construir la justicia social y  lograr que estos principios fundamenten la cultura de nuestras empresas. De allí que la responsabilidad social empresarial se haya convertido es un referente obligado para la vida de las empresas.

—  ¿Cuál ha sido el resultado en los países donde la organización trabaja desde hace años? 

—  Hay lugares, por ejemplo, donde la formación es una constante y llevan programas muy importantes. En México tienen un diplomado que dura 36 semanas donde los mismos empresarios enseñan a otros empresarios a conducir sus empresas de manera acorde con nuestros principios y la misión que nos hemos impuesto. El 75% de los cursos los imparten empresarios. Son cursos muy completos y se ha probado que contribuyen notablemente a orientar y tomar decisiones.

uniapac

 

—  Nunca se termina de aprender…

—  Fíjate que antes todas estas cosas eran materia obligada en las escuelas y colegios católicos; la doctrina social de la Iglesia se comenzaba a conocer desde el bachillerato. Las generaciones anteriores a la nuestra estudiaban estas cosas, de allí que la formación era muy completa y la actitud ante la política, ante la empresa y sus compromisos era otra, con más sentido de responsabilidad, más solidarios, convencidos de que estaban haciendo país más que haciendo fortuna personal. 

—  ¿Piensan en retomar todo eso?

— Por lo pronto, como miembros de Uniapac nos comprometemos a vivir de acuerdo a esos principios, ir mejorando y haciendo funcionar nuestras empresas acorde con ellos. Estamos armando un plan de trabajo para los próximos meses y años, donde vamos a promover y formar a quienes se unan a este empeño de conocer la doctrina social de la Iglesia y su impacto en las empresas. Queremos debatir los grandes temas de actualidad e involucrarnos en esa gran cruzada de combatir la pobreza y luchar por una sociedad inclusiva a que tanto anima el Papa Francisco. Afortunadamente, hay mucha gente interesada en participar. No importa si el empresario es grande o pequeño. Todos caben.

—  ¿Es posible manejar empresas en base a esos principios?

—  El fundador del movimiento en México ha manejado sus empresas, muy sólidas e importantes, en concordancia con lo que planteamos y ha demostrado que termina siendo beneficioso, no sólo humanamente, sino también económicamente.

—  Bueno saberlo pues mucha gente pensará que esto podría tener un costo para la empresa, al punto de volverse inaplicable…

—  Mira, preocuparse por la gente a la que uno emplea, por los clientes, por los proveedores no puede sino rendir beneficios. Incorporar a los trabajadores y sus familias a la empresa y a los programas de desarrollo, mal puede perjudicar. Si ellos están bien, el empresario y la empresa estará bien. Ello termina en un impulso muy positivo para toda la sociedad.

—  No faltará quien sospeche de todo esto, lo califique de comunistoide y hasta, como le ha ocurrido al propio Papa Francisco, sea malinterpretado como discurso contrario a la libre empresa o a la propiedad privada.

—  Hay temor y desconfianza cuando se habla de estas cosas, pero ello no refleja sino desinformación. Hay mucho ruido alrededor. Pero hagamos esta reflexión simple: la persona tiene cuatro dimensiones, la espiritual, la material, la individual y la social. Las distorsiones comienzan cuando le das más peso a una que a otra. El materialismo desbordado es tan equivocado como el acento en un espiritualismo que te aleje del mundo y de tus responsabilidades, a menos, claro está, que tengas vocación mística, a una vida contemplativa, que no es el caso de las mayorías. De la misma manera, ves regímenes ateos, que pretenden desaparecer a Dios de la vida de la gente, suprimir la dimensión espiritual de las personas y, no sólo no lo consiguen, sino que derivan hacia feroces dictaduras. De la misma manera, en una empresa no puede ser todo para las finanzas y nada para la calidad de vida de las personas que allí trabajan y para las familias que de ellas dependen. La crítica y el temor siempre lo habrá, pero al final se abrirá camino una nueva manera de concebir y practicar las relaciones en el marco de una cultura empresarial moderna, eficiente y justa. Al fin y al cabo, los principios que proclama la doctrina social de la Iglesia son universales. 

—  Tal vez se trate de buscar puntos de coincidencias entre quienes quieren empresas exitosas, pero también desarrollar formas de gestión perdurables…

—  Es posible, sin duda. Tan universales son esos principios que en una ocasión se reunieron grupos de Uniapac con musulmanes a fin de explorar aquello en que podían coincidir. Sorprendentemente estaban de acuerdo en casi todo, al punto, de que un grupo de empresarios musulmanes, a pesar de no ser cristianos, se están adhiriendo a Uniapac. Y es que son principios universales. El derecho a la propiedad privada, para qué es la propiedad privada, son aspectos sobre los cuales nadie puede negarse a discutir.

— ¿No cree que justamente los líderes de empresa, los emprendedores, estarían llamados de manera muy especial en un momento de quiebre de valores, a rescatar ese debate sobre los principios en Venezuela? 

—  Por eso decía que la coyuntura es casi providencial. Ha podido ser antes y quizá habría sido más fácil, pero el momento actual es desafiante. En una oportunidad un periodista comentaba con el entonces Cardenal Bergoglio sobre Argentina, que nadie entiende –y se puede aplicar a Venezuela- cómo es subdesarrollado y por otro lado citaban a Japón, que nadie entiende cómo es desarrollado. La respuesta del cardenal fue muy dura. Le dijo, palabras más palabras menos: “La explicación de eso es el pecado. No nos preocupamos por las necesidades de la gente, por el verdadero desarrollo de las personas que están cercanas a nosotros. Allí comienzan los dramas, las distorsiones y los fracasos”.

—  ¿Qué pide la Iglesia?

— La Iglesia no nos pide que no hagamos riqueza, que no levantemos empresas, que no generemos empleo, que regalemos todo. No se trata de beneficencia, sino de solidaridad. La Iglesia nos recuerda ese principio que se llama “Subsidiaridad” y no es otra cosa que las entidades mayores dejen actuar a las menores en lo que les compete y ayudarlas para que gradualmente mejoren la producción, se superen. Incluso suplirlas temporalmente si no pueden hacerlo porque enfrentan dificultades. En otras palabras, aportar las herramientas para que otros potencien sus capacidades, crezcan y puedan dar el máximo de sí mismas.

— El reto es mostrar empresas rentables con esa cultura de responsabilidad  social integral… 

—  Y así como las hay en el mundo las tendremos nosotros. Se impone un cambio de cultura en la toma de decisiones, en el trato, los precios que cobro y lo que pago, si es justo o no, todo ello debe permear desde el empresario hasta cada uno de los trabajadores, sus familias y la comunidad. Al final, eso es rentable y sostenible. Es así como se cambia a la sociedad.        

 

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