Elogio a la violencia

Francisco Olivares

Francisco Olivares

Francisco Olivares
@folivares10

 

Los colectivos armados, las milicias y las bandas son parte de la ruptura institucional

 

Que el modelo del nuevo hombre sea un guerrillero de los años sesenta, no es nada extraño en un país en el que desde el Gobierno se promueve la violencia.

El busto del guerrillero, fusil en manos, fue develado por Nicolás Maduro, de quien exaltó su ruptura con la naciente democracia venezolana, cuando en aquellos años tomó las armas inspirado por la revolución cubana. Fabricio Ojeda, un líder formado en la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez, como muchos dirigentes de la época, fue seducido por la triunfante revolución, aunque muchos de ellos, al darse cuenta de su error, se incorporaron a la vida democrática y se destacaron como parlamentarios. No fue el caso de Ojeda, quien murió en prisión, aparentemente a manos de sus carceleros.

No es el propósito de este comentario ahondar en la vida o el pensamiento de Ojeda, sino en la utilización de figuras que han utilizado las armas para imponer ideologías.

El Che Guevara, el hombre que promovió la lucha armada en América Latina y comandó los fusilamientos de los adversarios políticos en Cuba, es hoy una figura modelo en Venezuela.

A Raúl Reyes, Chávez le dedicó un minuto de silencio, cuando su campamento guerrillero fue destruido. Desde allí Reyes comandaba todo tipo de acciones armadas contra las instituciones colombianas. En la parroquia del 23 de enero se levantó un busto de Manuel Marulanda, máximo jefe y fundador de las FARC, con asistencia de líderes del PSUV.

Enero ha sido uno de los meses con mayor violencia en el país. Al tiempo que el país se conmovía con el asesinato de Spear y su esposo, dos colectivos se enfrentaban a tiros en Cotiza durante 45 minutos, dejando en el pavimento 300 conchas de bala. Hace tres noches bandas de motorizados tomaron una calle de Guarenas y pasaron horas disparando y haciendo piruetas en homenaje a uno de ellos fallecido. El festín duró hasta la madrugada cuando finalmente la GNB puso fin a los desmanes de las bandas.

A raíz de esa ola de violencia que anuncia que este año la cifra podría superar los 24 mil muertos de 2013, en las redes sociales han circulado imágenes de muchas de estas bandas que exaltan públicamente las armas y la impunidad de la que gozan.

No es extraño que la Ministra de prisiones se fotografíe con un “pran” o que una joven muera por sobredosis en la discoteca de una cárcel. Ya es común que altos jerarcas militares aparezcan abrazados con líderes de La Piedrita, fusil en mano.

Los colectivos armados, las milicias y las bandas delincuenciales con pistola moto y carnet del PSUV, son parte de la ruptura institucional que se ha implantado en Venezuela.

 

 

 

 

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