La generosidad de Dilma Rousseff con Cuba crea polémica en Brasil

El Gobierno brasileño invierte de más de mil millones de dólares en el puerto de Mariel

Carla Jiménez

Raúl Castro y Dilma Rousseff durante la inauguración del Puerto de Mariel / Alejandro Ernesto (EFE)

Desde Davos, en Suiza, a Mariel, a 45 kilómetros de La Habana, en Cuba.

Después de debutar en el Foro Económico de la pequeña localidad suiza, donde insistió en que el país está abierto a las inversiones privadas extranjeras, la presidenta brasileña Dilma Rousseff se trasladó a la tierra de Fidel Castro para inaugurar las obras del puerto de Mariel, construido por la compañía brasileña Odebrecht con una inversión de 1.092 millones de dólares.

Brasil va ocupando así el espacio que antes pertenecía a Venezuela como principal impulsor de la economía cubana. “Brasil quiere convertirse en el principal socio de Cuba”, dijo Rousseff, durante la inauguración del puerto, al lado de Raúl Castro.

DIlma y Raúl

DIlma y Raúl

La isla caribeña es deudora del Gobierno de Brasilia y compensa la generosidad de la presidenta Rousseff con acuerdos como el programa Más Médicos, por el que el gigante suramericano importa doctores cubanos para suplir la carencia de profesionales de la salud en las regiones periféricas del país. El martes llegarán a Brasil más de 2.000 médicos de la isla que empezarán a prestar sus servicios a partir de marzo. Es la tercera oleada del programa que comenzó el año pasado. Durante la ceremonia, Rousseff aprovechó para agradecer la ayuda del “pueblo cubano” en este proyecto.

El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil y una de las instituciones de desarrollo más grandes del mundo, prestó 682 millones de dólares para que Odebrecht pudiese construir, en colaboración con la empresa Quality, vinculada al régimen cubano, una terminal de containers en el puerto de Mariel. El coste llama la atención porque supera, incluso, el total de las exportaciones brasileñas a Cuba: el año pasado fueron 530 millones de dólares, con la venta de salvado y aceite de soja, maíz y maquinaria, entre otros. Los cubanos ocupan el puesto 51 entre los socios comerciales brasileños.

El BNDES argumenta que se trata de un proyecto que será rentable para el banco ya que facilita la exportación de bienes y servicios de una empresa brasileña y recibe después el préstamo con intereses, que serán contabilizados como ganancia del banco.

El ex ministro de Desarrollo del Gobierno de Lula, Miguel Jorge, asegura que el proyecto tiene un gran valor estratégico para el país. “Brasil está posicionándose en un momento en el que Cuba está abriendo su economía”, dice Jorge, responsable de urdir el acuerdo con las autoridades cubanas y con Odebrecht en su etapa como ministro. “El puerto atraerá a empresas brasileñas que podrán exportar a América Central y eso es muy importante”, afirma. Odebrecht, por otro lado, explica que podrá invertir en nuevos proyectos, como un aeropuerto nuevo en Cuba. La división de infraestructura de Odebrecht ya firmó el pasado 5 de septiembre con el Grupo de Administración Empresarial del Azúcar (Azcuba) un contrato para modernizar la producción de la Central Azucarera en la región de Cienfuegos. La filial también negocia un proyecto de ampliación y puesta al día de las infraestructuras aeroportuarias cubanas. Ambos negocios, así como el puerto de Mariel, están patrocinados por el BNDES.

Sin embargo, cualquier movimiento en relación con Cuba se ve con reticencias en Brasil, sobre todo en un momento en el que el país tiene una política exterior tímida en relación con los países vecinos, que están cerrando ambiciosos acuerdos de libre comercio. “El apoyo a las obras del puerto de Mariel no es una simple cuestión de infraestructura, sino un gesto político”, dice Alberto Pfeifer, director de negocios del Consejo Empresarial de América Latina (Ceal). Para él, ir de Davos a La Habana es un movimiento muy simbólico, que intenta subrayar una cierta independencia de Rousseff. “La presidenta quiere mostrar que es ella quien decide qué hacer, con quién y de qué forma”, explica.

El gesto, entre tanto, no ha sido bien recibido por la clase empresarial del país. “¿Qué es lo que facilita ese puerto cubano a Brasil? ¿Qué más hay, además de una decisión política e ideológica de ayudar a La Habana?”, reclama un representante del sector privado, que prefiere no identificarse. Para Pfeifer, las ganancias en un proyecto como el puerto de Mariel son limitadas. “Deberíamos concentrar nuestros esfuerzos en proyectos con más énfásis económico y comercial”. La propia cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que comienza este lunes en Cuba, tiene un peso más político que económico y emite señales difusas sobre la política de apertura comercial de Brasil.

En la página oficial del Palacio de Planalto, el Gobierno brasileño reproduce una información divulgada por Odebrecht, en la que se asegura que el puerto de Mariel está generando 153.000 empleos, directos, indirectos o “inducidos” ya que, por cada 100 millones de dólares exportados por Brasil en bienes y servicios, se crean 19.200 empleos. Del total de la inversión final de mil millones de dólares, 800 se gastaron en territorio brasileño, contratando cerca de 400 empresas, explica Odebrecht.

 

 

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