LA NUBE

Ofelia Avella

Ofelia Avella

Ofelia Avella
ofeliavella@gmail.com

 

Cuando leí el artículo de Laureano Márquez sobre la llegada a la tierra prometida, recordé la imagen con que la psicóloga Elizabeth Lukas ayuda a comprender cómo debemos orientarnos en la vida. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, Dios les dio una columna de nube durante el día y otra de fuego, durante la noche, para ayudarles a atravesar el desierto. Los israelitas seguían el movimiento de las columnas y se detenían cuando ellas se detenían.

Aunque no tendremos una columna de nube ni otra de fuego que nos guíen de ese modo tan claro, la imagen ilustra bien que para llegar a la tierra prometida hizo falta “el factor direccional”. De lo contrario, todos se hubiesen perdido en el desierto.  Interesa el hecho de que se nos aplica, pues todos debemos buscar “nuestra nube” en el cielo presente. 

05 Venezuela NubeLa psicóloga de la que hablo señala que esta nube debe tener tres características: está siempre delante, es diferente y es inalcanzable. Los israelitas no se adelantaban a las columnas de nube o de fuego, pues si lo hubiesen hecho, se hubiesen paralizado por la falta de perspectiva del objetivo. Si hubiesen pretendido que las columnas quedaran sobre sus cabezas, no habrían podido saber hacia dónde ir, pues al mezclarse con ellos se habrían visto envueltos en neblina, o en fuego, y se habría perdido la orientación. Así el ideal que debemos seguir; éste debe “flotar” delante de nosotros, invitándonos a su realización. Si dejamos de actualizarlo, de visualizarlo, nos paralizamos, caemos en la desesperanza y nos cargamos de “pasado”. Para caminar debemos llenar nuestra vida con contenidos de futuro cercano, que anticipemos de una forma visionaria. El futuro no debe adelantársenos demasiado, pues lo perderíamos de vista y nos detendríamos también. Acabaría transformándose en una ilusión imposible de alcanzar, por lo lejana.

La nube es diferente para todos, porque todos somos distintos. Los pueblos, sin embargo, tienen una común si desean caminar juntos hacia un ideal. Cada pueblo tiene la suya, pues la tierra de promisión es relativa a cada grupo humano y orienta desde el propio contexto. La base de este modo de visualizar el futuro es la esperanza, ya que para caminar hay que mantenerse percibiendo ese “llamado de sentido” que está siempre delante. Se impele a escuchar la voz de la conciencia, la intuición del paso que debe darse, pues al pueblo de Israel no lo dirigía alguien parecido a ellos, es decir, las columnas no eran hombres, integrantes del mismo pueblo de Israel. Eran precisamente orientadores distintos de ellos: se trataba de columnas de nubes y fuego; de “valores superiores” a ellos. Las esperanzas, para mantenerse, deben arraigarse fuertemente en algo superior a nosotros, pues sólo así, abiertos a la trascendencia, no seremos engañados ni confundidos.

La nube es inalcanzable porque está siempre delante y encima de nosotros; de lo contrario, ni lo veríamos, como hemos dicho, pues se confundiría con nosotros, se mezclaría en el grupo y se transformaría en neblina o en llamas, que nos cegaría o quemaría. El objetivo está siempre delante y encima de nosotros: debe trascendernos y  superarnos para estimularnos a caminar. Por eso no puede ser nunca una persona como nosotros. Debe ser superior a nosotros: distinto de nuestra condición. Solo así une al grupo y lo dirige. Un dato importante, pero no desesperanzador, es que la gran mayoría del pueblo de Israel no llegó a la tierra prometida. Incluso Moisés murió en el camino. Fueron los hijos y nietos quienes alcanzaron la meta. Es importante saber que sembramos para las próximas generaciones, pero si no caminamos, nadie llega.

Creo que la nube que nos orienta, como pueblo que transita este desierto, nos indica que salvemos a Venezuela del caos que vivimos; nos insta a liberarla del poder del Egipto cubano, del Egipto socialista que la tiene esclavizada. Y aunque nuestra generación no vea una transformación sublime, inmediata, como desearíamos, la alegría de lograr este ideal bastaría para empezar a trabajar por la reconstrucción del país. Quien compra una casa abandonada sabe que le espera la remodelación, pero la alegría de poseer una vivienda y de saberla propia es ya un estímulo suficiente para desear trabajar.

El pueblo de Israel estaba unido y aunque Moisés era el líder, las columnas de nubes y fuego guiaban su caminar. Unámonos más, identifiquemos el ideal que nos supera y que la desesperanza no nos abata. La salida de Egipto fue crítica. El Faraón no hizo caso a nada, a pesar de las plagas. Tuvo que morir su hijo para que se ablandara y después de dar su brazo a torcer, se arrepintió. Envió a su ejército a detener al pueblo recién liberado, pero Dios obró y el mar se abrió para los judíos; no así para los egipcios, quienes murieron todos ahogados en el mar. 

Nuestra situación es distinta, pero hagan las analogías correspondientes. Es hora de unirse, trabajar y rezar, pidiendo poder visualizar la nube que debe orientarnos.

 

 

@ELUNIVERSAL

 
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