Los ajustes

 

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli

Juan M. Raffalli A.
jmrhab@yahoo.com

 

Nuestra calidad de vida, empezando por los más pobres, está seriamente comprometida

 

Ahora es cuando comenzamos a conocer los verdaderos anuncios económicos. La larga sesión de lectura del Presidente en la Asamblea Nacional fue tan solo un preludio, con el imposible objeto de evitar que el costo político lo asumiera él directamente. Ahora el vocero fue el Ministro responsable de la economía quien se inmola dispuesto a asumir los costos directos. Era ya un lugar común que vendrían ajustes. No hacerlo era tapar el Sol con un dedo. Recién se publicó la deuda financiera de Pdvsa al 31 de diciembre de 2013, asciende a la bicoca de US$ 43.384 millones, por cierto la reportada por la propia estatal petrolera en 1998, es decir al llegar Chávez al poder, era de US$ 7.000 millones aproximadamente con lo cual la revolución la multiplicó casi 7 veces. A no dudarlo, con el agua al cuello, se ha optado por el disfraz para controlar daños colaterales, pero de hecho se pasó de una tasa oficial de 6,30 a otra de casi el doble la cual aplicará prácticamente a todos los rubros, excepto algunos medicamentos y alimentos. En todo caso aún lo anuncios son tímidos y cortos, seguramente vendrán más. Adicionalmente habrá que esperar las reformas normativas que aclaren muchas dudas como los posibles regímenes de transición, los tipos de tasas y bandas, los sistemas de subasta y en general los convenios cambiarios y providencias administrativas que conformen el nuevo régimen cambiario. Igualmente tendremos que aguardar por los nuevos procesos administrativos.

 

Todo lo anterior implica más tiempo e incertidumbre. Mientras tanto las colas siguen en los mercados, la escasez campea y la inflación ni hablar. Se pretenderá corregir los desajustes con un la absurda medida de un régimen general de control de ganancias. Una especie de “Dakazo” masivo y con soporte legal aunque semejante estrategia para lo único que sirvió fue para ganar más alcaldías con un costo social enorme. La economía es implacable, no se deja controlar por normas escritas ni medidas de facto, no cree en revoluciones ni en buenas intenciones. Deseamos que estos anuncios en el mediano plazo estabilicen las cosas. Nuestra calidad de vida, empezando por los más pobres, ya está seriamente comprometida y todos, con excepción de algunos oligarcas de nuevo cuño, cada día nos empobrecemos más y con una pasividad asombrosa.

 

 

 

 

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