Entrampado sin salida

Pedro García Otero
potero@eluniversal.com
@pedrogarciao

 Un Gobierno incapaz de poner leche en la mesa de sus ciudadanos no merece el poder

La conmemoración de los 22 años del golpe del 4 de febrero marca un agravamiento de la crítica situación nacional. Porque, por primera vez, Nicolás Maduro se atreve a utilizar abiertamente la palabra “confiscación”, algo que no hizo jamás Hugo Chávez; porque Heber García Plaza debería saber que el uso reiterado del verbo “desaparecer”, en boca de un militar latinoamericano, produce escalofríos; y porque toda la estética del acto, y el discurso de las imágenes televisivas, era una perenne amenaza de fusil. Atrapado entre la quiebra y la ideología, el chavismo vuelve a apostar por huir hacia adelante, lo que anticipa el colapso del país; sus señales están en todos lados.

Y esto ocurre porque en esta oportunidad hay algo distinto: El modelo de reparto está agotado, y los primeros que se lo advierten a Nicolás Maduro son los que escriben en Aporrea. El costo para el presidente de hacer lo que debería es demasiado alto -abjurar de la política económica de los últimos quince años, es decir que Hugo Chávez se equivocó de medio a medio, y esto, a su vez, le quitaría el piso político. Aún podría estar manteniendo el discurso radical mientras realiza las reformas, aunque esto parece poco posible: Ceder poder económico derivaría también en ceder poder político, tirarse a los leones.

La tentación del Gobierno es incendiar el país, antes que abandonar su modus vivendi. Pero aunque ceda a ella, también terminará siendo inviable, porque en ninguna parte un régimen como el que se pretende imponer aquí se ha establecido sin pisotear todo derecho fundamental. ¿Podrá? ¿Con medio país en contra y otro 25% señalando lo obvio, es decir, que un Gobierno incapaz de poner leche en la mesa de sus ciudadanos no merece estar en el poder? No parece probable.

 

 

 

 
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