FIDEL: COMES Y TE VAS

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

 

No es necesario recalcar el hecho de que Venezuela pasó a un segundo plano en el escenario cubano y que el papel secundario del presidente venezolano, impuesto por La Habana, quedó plenamente en evidencia.

 

“Comes y te vas”, fue la lapidaria y torpe frase pronunciada por Vicente Fox, ex gerente de la Coca Cola e improvisado jefe de Estado, (2000-2006), demostrando desconocer las normas más elementales de la diplomacia, en conversación telefónica sostenido con Fidel Castro, quien, haciendo gala a su vez de su particular manera de ejercer diplomacia, inspirada de técnicas policiales y de chantaje, grabó y difundió ampliamente a través de los medios las palabras del presidente mexicano. Desde entonces, las tradicionales y amistosas relaciones entre México y Cuba, sufrieron un periodo de frío distanciamiento.

 

Fidel Castro - Dilma Rousseff

Fidel Castro – Dilma Rousseff

Varias versiones circulan acerca de las razones de Vicente Fox de pedirle a Fidel Castro no permanecer en la capital mexicana durante un encuentro de presidentes que debiera realizarse allí y en el que debía participar George Bush. Seguramente, Fox temía un desplante del dictador cubano hacia el representante de Washington, su principal aliado y socio comercial.

 

El sucesor de Vicente Fox, Felipe Calderón (2006-2012), tampoco le puso mucho empeño en reanudar la estrecha amistad que el PRI había mantenido con el castrismo.

 

La cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (CELAC) celebrada a finales de enero en La Habana, constituyó un indudable triunfo político y diplomático para la dictadura castrista.

 

Y no fue tanto la enternecedora fotografía en la que se ve el presidente del Brasil, Dilma Roussef, sostener contra su generoso pecho, en ademán maternofial, el brazo del dictador cubano, ayudándolo a incorporarse, -gesto que parece que ya éste no puede realizar solo- el símbolo del triunfo cubano en la Cumbre, sino el derroche de concesiones que prodigó el joven presidente de México, Enrique Peña Nieto, en una evidente operación de seducción hacia el régimen castrista, buscando el perdón de Cuba para que las aguas cubano-mexicanas retomara su antiguo curso.

 

Como siempre, los brasileños van a lo suyo, Dilma Roussef viajó de Davos, en donde participó en el Foro Económico, se trasladó a Cuba, en donde inmediatamente acudió a inaugurar las obras del Puerto de Mariel, construido por la compañía brasileña Odebrecht con una inversión de 1.092 millones de dólares. “Brasil quiere convertirse en el principal socio de Cuba”, dijo Roussef durante la inauguración del puerto ante el general presidente de la isla, Raúl Castro. No es necesario recalcar el hecho de que Venezuela pasó a un segundo plano en el escenario cubano y que el papel utilitario del presidente impuesto por La Habana, quedó plenamente en evidencia.

 

José Mujica - Enrique Peña-Nieto

José Mujica – Enrique Peña-Nieto

Lo que también quedó en evidencia tras la celebración de la CELAC, es la rivalidad del liderazgo de los grandes países que conforman la comunidad Latinoamérica: México y Brasil.

 

Brasil ha visto disminuida su influencia tras el inesperado surgimiento de la Alianza del Pacífico, bloque constituido por México, Colombia, Perú y Chile.

 

Por otro lado, la voluntad de México de recuperar su liderazgo en la zona centroamericana y del Caribe, sensiblemente disminuida desde el enfriamiento de las relaciones con Cuba, tiene condición ponerse bien con los hermanos Castro.

 

Peña Nieto nació (1966) cuando ya los Castro llevaban varios años en el poder. Es de suponer, que contrariamente al resto de los mandatarios que se forjaron en la política bajo el encandilamiento de la figura de Fidel Castro, esté exento de la devoción y del afecto paterno filial que el resto de sus colegas le prodigan al cubano. Ante esa evidencia, el pragmatismo de Peña Nieto le obliga a admitir que la condición para ser admitido con plenos derechos en el club de los gobernantes, debe congraciarse con Cuba, de allí que hiciera derroche de concesiones a la Habana.

 

Condonó 70% de la deuda de Cuba con México, tras lo cual por fin obtuvo, tras los esfuerzos desplegados por la delegación mexicano, una entrevista y foto con Fidel Castro. Algunos medios mexicanos calcularon el precio de la foto en 340 millones de dólares, que corresponden al 70 % de la deuda que era de 500 millones de dólares.  Peña Nieto firmó un artículo en el diario Grannma en el que alaba los logros de Cuba en materia de educación. Le otorgo la orden del Águila Azteca al presidente de Uruguay José Mujica, mencionando las cualidad del uruguayo: “un hombre sobrio, líder social y ciudadano del mundo (…) por más ardua que fue la prueba, José Mujica se levantó, una y otra vez, para seguir andando el camino.”

 

Se supone que al referirse a “la prueba ardua” vivida por Mujica se refiere a sus años de cárcel tras haber desencadenado la lucha armada en su país.

 

Hubiese sido más acorde con la verdad histórica, felicitar a José Mujica por lo que ha sido su verdadero mérito: tras haber introducido la violencia en la política del Uruguay, el país más democrático del continente, favoreciendo así la instauración de una dictadura militar, recapacitó e incorporó su afán de liderazgo a las normas democráticas.

 

La posición de Peña Nieto con respecto a Cuba queda reflejada en dos frases de su discurso: México quiere acompañar a Cuba en el proceso de actualización económica y social. Y la máxima expresión de realismo la expresó al admitir que Cuba mantiene “un liderazgo moral” frente a los países del bloque forjado por Chávez.

 

Podemos concluir que Enrique Peña Nieto en la CELAC dio muestras de legitimar la dictadura castrista porque la necesita para evitar que la obstaculice recuperar la presencia azteca en la zona.

 

De la frialdad de Fox y de Calderón, ahora México vuelve al pasado de sus relaciones con Cuba, sin importarle la naturaleza del régimen, ignorando olímpicamente la oposición cubana, que según Peña Nieto, él rehusó recibirla para no cometer una falta de educación ante el régimen.

 

Así van las cosas en América Latina. Una falta elemental de principios democráticos en el seno de los propios representantes políticos, y la existencia de dos categorías de dictadores: los buenos y los malos.

 

Cabe preguntarse con qué legitimidad Dilma Roussef puede pretender sean juzgados los militares brasileños implicados en la represión durante la época de la dictadura.

 

 

 
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