LOS COLECTIVOS DE LA MUERTE

 

Rubén de Mayo

Rubén de Mayo

Rubén De Mayo 
rub_dario2002@yahoo.es
@rubdariote

 

Varios años le llevó a Colombia hacer un diagnóstico del mal que le afectaba: el narcotráfico. Antes de identificar el problema, Pablo Escobar y los demás miembros del Cartel de Medellín (Carlos Lehder, Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano, y los hermanos Ochoa) se paseaban tranquilos, exhibiendo y derrochando sus fortunas, por Medellín. Eran personas respetables, ricos con sensibilidad social, que construían canchas deportivas y viviendas gratis en sectores pobres de la ciudad de Medellín. Uno de ellos, Pablo Escobar, era incluso diputado suplente de la República de Colombia. Pues estos mismos personajes, que en algún momento fueron venerados por la sociedad colombiana, una vez desvelado su narconegocio por la prensa y el estamento político, mudaron su ropaje de corderos al de mafiosos y asesinos, y libraron una guerra crudelísima contra el Estado colombiano. Pero esa guerra fue muy posterior a casi una década de luna de miel con los narcos, en la cual se les agasajaba y celebraba como grandes personalidades filantrópicas.

 

04 Colectivo 2Muy parecida es la situación acá, en Venezuela, respecto a los colectivos. Todavía no se ha desnudado su verdadera naturaleza y aún persiste una luna de miel con ellos. Muchos colectivos hay de labor social encomiable, de promoción cultural y defensa activa de los derechos de la ciudadanía, pero la existencia de estos colectivos es la bruma que no nos permite ver claramente la verdadera naturaleza paramilitar y hamponil de muchos otros colectivos, que actúan como bandas criminales en las barriadas populares.

 

Estos colectivos, en zonas como el 23 de Enero, justamente en frente del palacio presidencial de Miraflores, en Caracas, fueron creados con la intención de ser fuerzas de choque civil en contra de un probable golpe militar. De ahí que Chávez llamara a los colectivos los “brazos armados de la revolución”. El mismo gobierno chavista se encargó de nutrirlos con armas de guerra y de ideologizar su acción social (algunas de las actividades sociales de los colectivos son beneficiosas para las comunidades, hay que decirlo. Este barniz les sirve para camuflar y justificar sus actividades ilícitas). Estos colectivos se comportan como grupos paramilitares, administrando las zonas de su jurisdicción, sobre todo el tráfico de drogas para autofinanciarse, y normando la conducta hamponil de las bandas que hacen vida en esos sectores, impartiendo también  justicia.

 

04 Colectivo 3Estos colectivos, que en momentos de confrontación política defenderían a la revolución de un excepcional golpe militar, juntamente con las milicias, en tiempos normales, de vida civil cotidiana, vuelven sus armas contra la población allende su jurisdicción, organizando robos, secuestros y actividades delictivas de toda pelambre, para la manutención de sus miembros y para la autofinanciación de sus actividades colectivas.

 

Recientemente, estos colectivos demostraron todo su poderío en Ocumare del Tuy, por la muerte de tres hampones pertenecientes a la banda criminal de Los Orejones. Impusieron un toque de queda, hicieron cerrar comercios, negocios y escuelas, paralizando a la ciudad, y se pasearon por toda ella pavoneando sus armas de guerra, atemorizando a la población. Incluso llegaron al extremo de atacar con armas largas, con un grupo de asalto, la sede policial de esa ciudad, para dejar bien en claro quién tiene el poder, y que lo ocurrido no puede ni debe ocurrir de nuevo: la baja de tres delincuentes pertenecientes a sus filas, uno de ellos activista, por paradójico que pueda resultar, del Movimiento por la Paz y la Vida.

 

04 Pistolero 23 enero armado 2Es cinismo que el gobierno sepa de esta situación, porque él mismo la ha creado (de ahí a que el tema de la delincuencia en nuestro país sea un asunto político), y veamos a Maduro hablar cándidamente de la violencia en la televisión y los antivalores difundidos en una inofensiva telenovela (por cierto, la violencia en los medios sirve de catarsis aristotélica; misma función que tenía la tragedia entre los griegos). Pero también hay cinismo por parte de la oposición cuando se acusa al gobierno de promover la violencia por el solo discurso polarizado y radical, de confrontación social, y no se señala explícitamente a estos grupos paramilitares que hacen vida en nuestros barrios populares, por no ser rentable políticamente.

 

Dejemos ya de echarle la culpa a la palabra, que se la lleva el viento, y apuntemos al verdadero problema, al verdadero criminal: los colectivos de la muerte.

 

 

 

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