Mar de lágrimas

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli

Juan M. Raffalli 
jraffalli@rdhoo.com 

 

Más grave que no tomemos leche es salir a la calle sin tener la certeza de regresar a salvo

 

Monica Spear

Monica Spear

Avanzada esta entrega Cori y Mele paradas a mi lado, ojean la pantalla y al ver los misiles que lanzo contra la estupidez de seguir intentando doblegar la economía, atacando a quienes más producen, me dicen al unísono papi ¿y no vas hablar de lo que le pasó a John? Y rematan con meridiana claridad, “lo que está acabando con el país es la inseguridad”. No dudé en darles la razón y empecé de nuevo.

Es verdad, más grave que no encontrar papel periódico ni higiénico, o que no tomemos leche, es salir a la calle sin tener la certeza de regresar a salvo. Conocí a John A. Machado en sus luchas gremiales, coincidentes con el oficio de abogar que me da el pan diario. Su muerte prematura a manos de malandros nos sorprendió como ayer la de Mónica. Son pérdidas impensables, absurdas y lamentables. John era un tipo productivo, discreto, pleno de afectos, promotor solidario y gran empleador, digamos que encarnaba lo que los romanos llamaban sencillamente un Buen Pater Familiae. Su funeral era un mar de lágrimas, sus deudos lloraban por él y seguramente por ellos mismos. Así como John y Mónica son miles los anónimos sin recursos ni trayectoria visible cuyas vidas se pierden a diario por motivos siempre crueles y fútiles. Como dice Héctor Torres, Caracas Muerde. Y lo peor es que la inseguridad se nutre de la crisis económica y en ella florece.

John Machado

John Machado

Si yo fuera revolucionario me preguntaría después de tres quinquenios, cómo es que nuestros muchachos con sus posgrados a cuestas o sin mayores reservas académicas igual se van sin pensarlo, así sea a lavar ventanas o repartir pizzas. Será que no entienden las bondades y la suma felicidad que proporciona la revolución o es que el país se les está haciendo invivible. No creo que tanta gente buena haya enloquecido y desfilen buscando el Consulado de Irlanda en El Rosal o el de Canadá. Quizás lo bueno es que esto pareciera tener patas cortas. Entre la economía y la inseguridad Maduro, sin dar pie con bola y rodeado de uniformes, ingenuamente pide consideración, que no lo critiquen y que se pongan en sus pantalones, muestra clara de que el cargo lo devora desde adentro y las cosas pronto pueden empezar a cambiar.

Afortunadamente hay quienes no quieren irse y hay quienes no pueden, así que la lucha sigue y sigue como dicen del lado de allá.

 

@ELUNIVERSAL

 

Artículos relacionados

Top