Mercosur y el futuro de la integración

 

Mariano De Alba Uribe
@marianodealba

 

José “Pepe” Mujica, Presidente de Uruguay, es un personaje polémico. Guerrillero en los sesenta, estuvo preso por 15 años por sus acciones armadas, siendo liberado gracias a una amnistía en el año 1985 cuando culminó la dictadura cívico-militar. Asumió la primera magistratura en 2010, gracias a un lenguaje cercano a los más necesitados.

En el ámbito internacional es conocido por algunos como el Presidente “más pobre” del mundo. Decidió continuar viviendo en su granja a las afueras de Montevideo, utilizando la residencia presidencial únicamente para fines oficiales. Más sorprendente aún, en una reunión con varios mandatarios de Latinoamérica, llamó la atención por tener unos zapatos viejos y al ser increpado por la prensa respondió: “Son viejos, están gastados, pero son míos”.

Uruguay no ha mejorado durante su mandato y las principales críticas siguen siendo la pésima calidad de la educación y la salud. También hay inseguridad y una galopante inflación. En 2013, su país registró una inflación de 8,52%, quedando posicionado como el décimo país con la inflación más alta del mundo. Está en el podio de Latinoamérica, siendo superado únicamente por Argentina y por supuesto, Venezuela.

Pero quizás lo que más destaca de Mujica es su estilo franco, directo y crítico. Esto y la legalización de la marihuana le valieron a Uruguay para ser nombrado por The Economist como el país del año 2013.

Sin embargo, hace algunos días, Mujica dio en el clavo al criticar cómo se están llevando adelante los asuntos en el Mercosur. Específicamente, cuestionó el irrespeto de las reglas básicas de la organización. “Tenemos sistemas establecidos jurídicamente para dirimir nuestras diferencias y conflictos que en realidad no funcionan y no podemos aplicar”, espetó el mandatario. Lo que tiene molesto al Presidente es que Argentina prohibió el trasbordo de cargas de mercaderías en puertos uruguayos. Montevideo considera esto una represalia y en vista de esto, Mujica ahora opina que Mercosur es “una especie de mentira institucional; tenemos una letra pero vamos por otro camino”.

La crítica de Mujica llega tarde y es lamentable porque surge cuando su país se está viendo afectado. Por eso ahora alza la voz. Sin embargo, no por ello deja de tener razón. En Mercosur y en Latinoamérica sigue privando el interés político y nacional sobre los acuerdos vinculantes acordados previamente por los países. Basta recordar que en abril de 2013, Mujica, Rouseff y Cristina Fernández permanecieron impávidos ante la posible ruptura del orden democrático en Venezuela, incumpliendo así lo establecido en el Protocolo de Ushuaia 2.

¿De qué sirve entonces que los países se comprometan en el ámbito internacional si a la hora de la verdad lo que va a privar son los intereses políticos? Todos sabemos que bajo esas condiciones, no tiene sentido la integración latinoamericana. Debemos aprender la importancia de honrar nuestros compromisos y cumplir con las obligaciones pactadas, siendo esta la base fundamental de cualquier desarrollo e integración posible. Esto, de alguna forma, lo reconocía Mujica hace algunas semanas, sosteniendo que ante la competencia comercial internacional, lo que debe ofrecer Uruguay es seriedad y seguridad jurídica.

Al final del día, por las buenas o las malas, tendremos que aprender que existen momentos en que hay que anteponer el interés colectivo al individual, sobre todo cuando se trata del cumplimiento de obligaciones asumidas. Por lo pronto, sigue privando en Latinoamérica y Mercosur el oportunismo. Quizás por eso, cuando le preguntaron a Mujica por qué insistir en integrar a Venezuela al Mercosur, respondió: “Uruguay tiene leche, quesos y carne pero no tiene petróleo. Igual, al final, los gobiernos pasan y los pueblos quedan”.

 

 

 

 
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