¡Qué vivan los estudiantes, carajo!

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa

MERCURIALES
Carlos Ochoa 
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El romanticismo literario y plástico que convirtió la guerra de independencia en una epopeya, dejó grabada en la mente de los venezolanos del último tercio del siglo XIX un lirismo y una imagen que todavía pesa en el presente. La batalla de “La Victoria” narrada por Eduardo Blanco en su obra “Venezuela Heroica”, relata la decisión de los jóvenes seminaristas y estudiantes de la Real y Pontificia Universidad de Caracas de acompañar a Ribas para defender una posición importante, como un acto de desprendimiento, de arrojo juvenil, de sacrificio por la patria.

La verdad histórica es que en el Seminario de Santa Rosa cursaban estudios menos de cien jóvenes, y de estos sólo unos 80 marcharon con Ribas a “La Victoria”, igual caso se da en la Universidad, son pocos y no estaban muy dispuestos a enfrentarse con el temible Boves. Las arengas encendidas de patriotismo de Ribas y el reclutamiento forzado decretado por Bolívar son los elementos más concretos que tenemos para después de doscientos años pongamos en perspectiva el significado de la batalla de “La Victoria”, que se libró entre los venezolanos de Los Llanos que constituía el ejército de Boves y Morales y los venezolanos de Caracas comandados por Ribas quien recibió órdenes de Bolívar de defender la plaza.

Para algunos historiadores, hasta 1814, la guerra de independencia fue una guerra civil. El historiador Laureano Vallenilla Lanz (padre) afirma que la sociedad mantuana era muy conservadora, represiva y temerosa de perder sus privilegios de casta y clase, y por durante el periodo que va desde 1811 hasta 1814 constituyen: “una oligarquía opresora y tiránica”, a diferencia del ejercito de llaneros de Boves que ejercen un igualitarismo social que lejos de condenar al Asturiano lo catapulta como “el primero de nuestros caudillos populares” en opinión de Vallenilla.

El cambio de estrategia de Bolívar en 1815, leyendo correctamente el proceso anárquico de clases que se produjo entre 1811 y 1815 en el transcurso de la guerra, lo llevó a incorporar a los esclavos, mestizos y blancos de orilla al proyecto independentista mantuano. Por esa lectura correcta del proceso, Bolívar, al invadir nuevamente a Venezuela en 1816, decreta la liberación de los esclavos. La hazaña de Bolívar como estratega, consiste en haber interpretado correctamente que sin la participación de los mestizos y esclavos, no se ganaría la guerra ni se concretaría la patria de iguales que dejaba en el pasado el viejo orden colonial.

La batalla de “La Victoria” después de 200 años sigue representando para la juventud venezolana una épica imprescindible, una lección necesaria que enseña a cada generación el alto costo que significó obtener la independencia y fundar una república en donde el principio de libertad de oportunidades es su bien más preciado. 

La mayoría de los jóvenes de hoy, sin distinción de ninguna clase, no se ven representados en “el socialismo y en plan de la patria”. El proyecto de Chávez que continúa Maduro no pudo crear una estrategia para incorporar a la “revolución socialista” a los jóvenes de los sectores medios y populares de las zonas urbanas, y en mi opinión ya se les hizo tarde.

Los jóvenes que marcharán este 12 de febrero para conmemorar el bicentenario de la batalla de “La Victoria”, lo harán no para conservar privilegios como dice Maduro que los califica de sifrinitos, marcharán por el igualitarismo de oportunidades, la libertad de los presos políticos y el derecho a una mejor vida en todos los sentidos.

¡Qué vivan los estudiantes, carajo! Como dice la pintora Elisa Abadí con mucha emoción y sabrosura.

 
Carlos OchoaCarlos Ochoa

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