DEPORTE: DEMOSTRACIÓN DE PODER Y GUERRA SIN FUSILES

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

 

Los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi poseen todos los ingredientes políticos que denunciaba George Orwell hace siete décadas, al referirse a las competencias deportivas internacionales.

 

La celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en el balneario ruso de Sochi y la creencia de que las competiciones deportivas son una actividad humana libre de consideraciones políticas, me han hecho recordar un artículo de Georges Orwell en 1945, “El Espíritu deportivo#, en el que el autor inglés discurre sobre el sentido de las competencias deportivas a propósito de la gira en Gran Bretaña en 1945, del equipo de fútbol ruso “El Dinamo”, compitiendo con diferentes clubes de fútbol británicos.

 

cen sochiEn su artículo, G. Orwell –quien conocía la guerra por haber participado como brigadista internacional en la guerra civil española- no ignoraba que ésta puede dar lugar a toda clase de violencia y ser escenario de toda clase de experimentos inhumanos, -se extrañaba de que se consideraran las competencias deportivas como un espacio que favorece la amistad entre los pueblos, al punto de llegar creer que “si la gente se enfrentara más en terrenos de fútbol, perderían el deseo de enfrentarse en un campo de batalla”. Lejos de Orwell todo simplismo en su análisis. Lo que él considera más significativo, no es tanto el comportamiento de los jugadores, como el de los espectadores que “poseídos por la pasión, creen que correr y partear un balón constituyen actividades que ilustran las virtudes nacionales”. Actitud que Orwell considera como una expresión del nacionalismo, “locura moderna que consiste en identificarse a vastas entidades de poder y a considerar todo en términos de prestigio competitivo”. Lapidaria es su conclusión: “se trata de una guerra sin disparos de fusil”.

 

Y aunque la competencia deportiva esté exenta del uso de armas de fuego, su vocabulario remite indudablemente a la guerra, demostrando que esta dinámica subyace en ella: ataque, pelotón, combate, son términos militares frecuentes en el deporte. Por cierto, similar configuración discursiva la practica el poder en Venezuela, expresando así el carácter pretoriano del gobierno. Desafortunadamente, no sólo es característica del grupo de poder, sino que también las corrientes de oposición dócilmente se van adaptando al pretorianismo, adoptando por ejemplo la palabra “comando”. Equívocos de lenguaje, suelen ser también prueba de equívoco político.

 

Cen Medalla olimpica naziHitler comprendió perfectamente el significado y el interés que tiene la celebración de esa gran ceremonia que son los Juegos Olímpicos porque centran las miradas del mundo en el país de la sede. Hitler inauguró personalmente en Berlín los Juegos Olímpicos de Verano 1936, inmortalizados por el documental de Leni Riefenstahl. Para Hitler, se trataba de demostrar la superioridad del régimen nazi y por ende, de la raza aria. El resultado prefiguró los acontecimientos que se desarrollarían en el verano de 1945 con el desembarco de las tropas americanas en Normandía.  Alemania arrasó con 89 medallas, Estados Unidos le siguió con 56. Pero una nota discordante para el Fuhrer, fueron las cuatro medallas ganadas por el atleta negro americano, Jesse Owens, demostrando que los negros también podían ser superiores, aún sin corresponder a los parámetros arios.

 

Lula lloró de emoción al desbancar a Estados Unidos y al Japón al obtener para el Brasil la sede de los Huegos Olímpicos en 2016, que por cierto, bastantes sinsabores le están causando al gobierno de Dilma Roussef por los gatos faraónicos que dicho evento significa para el erario nacional, mientras la agenda social no es prioritaria.

 

cen george-orwell-1984-2013-1949-L-b_qUlD 2Vuelvo al artículo de Orwell en el que autor inglés va más allá de la idea simplista de que el deporte es un aura de paz, poniendo en evidencia la relación entre deporte, afán de supremacía, y poder personal.

 

Así lo demuestra el evento que está celebrando esta semana en la Rusia de Putin. Prestigio competitivo es la dinámica no disimulada que inspiró a Vladimir Putin, primero para lograr que el Comité Olímpico accediera a otorgarle la sede en lugar de Salzburgo, favorito por poseer las instalaciones y los equipos técnicos indispensables para acoger un evento de las dimensiones de los Juegos Olímpicos. Putin se involucró personalmente en la construcción de la villa olímpica. Contrariamente a Salzburgo, en Rusia no existía nada semejante, por lo que hubo que proceder a la construcción, desde carreteras, aeropuertos, hoteles, pistas de esquiar.

 

El empeño mesiánico de Putin le significó a Rusia costear los juegos más caros de la historia olímpica. De los 25 millones de euros del coste previsto, se llegó a los 150 millones de euros. Independientemente de los jugosos negocios de los amigos de Putin gracias a las obras emprendidas, el coste elevado se debe en particular al hecho de tener que vencer un ecosistema totalmente desadaptado para semejante actividad.

 

george-orwellRealizar olimpíadas de invierno en una ciudad balnearia situada al borde del Mar Negro en donde, incluso en invierno, la temperatura es de 16 grados. Es el clima más templado de toda Rusia, obliga a llevar a los esquiadores participantes, de las tierras bajas a las cimas montañas cubiertas de nieves eternas y glaciares en la cordillera del Cáucaso, hecho que obligó a construir carreteras, en un relieve geográfico que tiene zonas de marismas por lo que es propenso a derrumbes y terremotos. Derrumbe, ya ocurrió uno en la primera pista construida que hubo de rehacer y apuntarla. Se construyó y un ferrocarril al borde del río de aguas cristalinas, lleno de peces y rodeado de una flora única que fue destruida de forma irreversible. Hoy los peces están muertos y el río totalmente contaminado.

 

Se construyó un puerto para recibir los materiales de construcción que por falta de carreteras no se podían enviar por tierra, pero fue destruido por una tempestad por lo que hubo de construirse otro. Una vez terminado, se percataron que era demasiado tarde porque entretanto se construyó un ferrocarril para traer el material.

 

Un habitante de Sochi declaró a un periodista que lo entrevistaba: la naturaleza es compleja y es necesario colaborar con ella. Lo dijo refiriéndose a la violación de las normativas arquitectónicas de la zona. Y precisamente, son los habitantes de la zona quienes más han sufrido del proyecto faraónico. Sus vidas han sido literalmente destruidas. A familias que poseían casas y huertos, éstos les fueron expropiados, mediante una ley creada especialmente para la ocasión: la ley 310 que permite la expropiación inmediata. Hoy, esos antiguos habitantes que tuvieron la mala suerte de poseer una casa por donde debía pasar una carretera, no tienen domicilio fijo y viven en tugurios improvisados, porque por supuesto, las primeras de albergarlos en otra parte, no se han cumplido.

 

Cen competenciaUn rasgo excepcional de estas olimpíadas que se llevan a cabo en Sochi, es que a otros mandatarios les sirvió de vitrina y de demostración de poderío político. Para Hitler, los Juegos Olímpicos significaron una victoria ideológica y política, para Lula, afianzar el liderazgo internacional del Brasil.

 

En cambio para Vladimir Putin se trata también de un reto personal: mostrar su poder personal haciendo alarde de su propia presencia como campeón deportivo, de su fuerza física y de su salud rozagante.

 

Cen anillos olimpicosCurioso contraste con sus aliados más cercanos de Hispanoamérica, todos aquejados de enfermedad y de los que el más cercano, ya es difunto.

 

Un gesto de vitalidad lo demostró el grupo que acudió a manifestar su repudio contra la presencia cubana en Venezuela, valiéndose de la presencia del equipo cubano de béisbol que participan en Margarita en la Serie del Caribe.

 

Una prueba más de que las competencias deportivas pueden tener, según las circunstancias y el contexto, un carácter político y es lógico que así lo sea. En el caso de la protesta contra el equipo cubano, significa la expresión de la sensibilidad nacional herida, en un contexto de pasión deportiva que se presta para ello.

 

cen instalacionesNi Barack Obama, ni Ángela Merkel, ni François Hollande, ni David Cameron acudieron a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi como lo hubiese deseado Vladimir Putin. Un gesto eminentemente político que le da una vez más la razón a Orwell.

 

 

 
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