El golpe que está en marcha

Miguel Sanmartín
msanmartin@eluniversal.com

 

El golpe en progresión es contra el estómago, la salud, el sosiego y la tolerancia de los ciudadanos

Ojo pelao. Esta puesta en escena es engañosa. Lo que está a la vista no es lo que, desde el régimen, quieren que parezca. No, camarita. Es otro montaje. Una farsa más. Burdo tinglado con guión, vestuario, maquillaje y dirección cubana.

La protesta ciudadana que hoy arde en todo el país es solo eso, el reclamo legítimo de un pueblo decepcionado, empobrecido, exasperado e irritado. Convertido en pedigüeño y esclavo de una cola para todo y no encontrar nada de lo que necesita. Un pueblo, además, agobiado e inmerso en la incertidumbre y la desesperanza.

No se trata, no señor, de agitación con fines golpistas como lo “denuncia” la nomenklatura venecocubana. La sociedad civil -democrática y pacífica-, en efecto, cogió calle con los estudiantes al frente. Allí, mientras voceaban sus consignas, fueron emboscados y acribillados por el gamberrismo escarlata motorizado. El motivo de la protesta no era desestabilizar ni conspirar contra la malandrocracia enchufada. Menos para destronar a quien usurpa el trono sino para reclamar, como corresponde, seguridad, alimentos básicos, medicinas, desodorante, crema dental, papel higiénico, trabajo, vivienda, repuestos para reparar sus vehículos y para que se le respeten sus derechos y libertades.

Pero el ejercicio de ese derecho ciudadano -reclamar por la chorrera de calamidades acumuladas- fue tergiversado y criminalizado por el régimen con la intención de presentarlo como un acto conspirativo. Guerra económica. Saboteo eléctrico, etc. Y, con ello, tapar la incompetencia del funcionariado “revolucionario”, perennemente reciclado porque no tienen donde escoger, y disimular así el fracaso del socialismo del siglo XXI.

La verdadera insurrección y eventual golpe en progresión -contra el estómago, la salud, el sosiego, la seguridad y la tolerancia de los ciudadanos- lo perpetra el régimen. Es el gran responsable -por irresponsable, ineficiente y corrupto- de una crisis económica extrema -terminal para muchos- que se refleja en el desabastecimiento (el mayor en cinco años) y la inflación (la más alta en 18 años) debido a la escasa producción nacional de bienes y servicios como consecuencia de la ruina provocada de empresas y el cierre inducido de comercios. Lo que ha resistido y se mantiene en pie sucumbirá por la deuda que el gobierno mantiene con el sector privado de la economía (sobrepasa los 50 millardos de dólares).

La crisis económica derivada de la falta de divisas para importar lo que el país dejó de producir impacta en lo político, social y militar. Es decir, afecta la paz ciudadana. De allí el desasosiego, la irritación, el nerviosismo y la virulencia del heredero que siente esfumarse la herencia recibida.

 

 

 

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