Huntelaar, faro del Schalke

 

Schalke 04's Huntelaar celebrates a goal against Viktoria Plzen during the Europa League round of 32 soccer match in GelsenkirchenFernando Aramburu

 

Cinco meses ha estado de baja el delantero holandés Klaas-Jan Huntelaar. Tras el descanso invernal, recuperado de una grave lesión de rodilla, ha vuelto y su equipo, el Schalke 04, parece otro. Un equipo que de repente se pone a ganar partidos, que ha recobrado la ambición, que juega con una especie de alegría, desenfado, ligereza, que no mostraba desde hace tiempo. Ayer en zona mediocre de la clasificación, ahora está entre los candidatos a la Liga de Campeones.

Ha bastado la presencia de Huntelaar en el campo para que el equipo enderezase el rumbo. El presidente del Schalke, Clemens Tönnies, no sabemos si movido por un rapto poético, lo definió como un Leuchtturm (faro). El apelativo no sólo es una manifestación pública de aprecio. Implica el reconocimiento de que el equipo navegaba a oscuras y a la deriva, dejando tras sí una estela de puntos perdidos.

No se trata, en realidad, de que Huntelaar haya hecho maravillas. Ha hecho lo que sabe: crear peligro en el área del rival, meter un gol, propiciar otros. Es, simplemente, que sus compañeros vuelven a tener un punto de referencia sobre el césped, así como la convicción de que, si Huntelaar juega, todo está bien, nada puede fallar.

Tras la victoria a finales de enero contra el Hamburgo (0-3), sus compañeros Kevin Prince Boateng y Max Meyer declararon en sendas entrevistas, con palabras apenas diferentes, que la presencia de Huntelaar en el terreno de juego les había servido de gran ayuda, como si dicha presencia hubiese obrado en el equipo el efecto de un talismán.

A sus 30 años, el jugador holandés se encuentra en un momento de plenitud. Tiempo atrás, Van Gaal aseguró de él que era el mejor delantero en la especialidad que Huntelaar mejor domina, la brega con astucia y agilidad en las inmediaciones del punto de penalti. Su carrera, sin embargo, no ha estado exenta de sombras.

El aficionado quizá recuerde su paso fugaz por el Real Madrid, adonde llegó en 2009, fichado en el curso de una operación de invierno para ocupar la vacante por lesión de su compatriota Ruud van Nistelrooy. Lo acompañó en la cesta de la compra el francés Lasanna Diarra. Total, que los dos habían disputado esa temporada partidos de la Copa de la UEFA con sus respectivos equipos y la UEFA sólo consintió en la participación de uno de ellos en la Liga de Campeones con el club madrileño.

No puede decirse que la dirección deportiva del Real Madrid se luciera en este asunto. Por motivos tácticos, el entrenador prefirió al francés. En total, Huntelaar disputó veinte partidos, trece como titular, con los blancos. Pocos para un futbolista que había costado 20 millones, más 7 por objetivos. En verano llegó Pellegrini, que no lo quiso. Huntelaar se marchó al AC Milan, donde apenas jugó. Al cabo de un año, Silvio Berlusconi pidió hueco para Ibrahimovic y Robinho, y al holandés no le quedó más remedio que hacer de nuevo las maletas.

Quizá le haya faltado carisma, mala órdiga para exigir y levantar la voz, y al final, antes de su llegada al Schalke, donde nadie le disputa el puesto y con el que ha sido máximo goleador de la Bundesliga (temporada 2011/12), otros se han zampado el bocadillo. Algo similar le ha ocurrido hasta la fecha en la selección holandesa. A pesar de sus méritos indudables, a la hora de configurar la lista de titulares fueron otros los elegidos.

 

Así las cosas, el capítulo de la selección nacional no está cerrado para él. Durante la convalecencia de su lesión del ligamento lateral interno, ha trabajado como un poseso a fin de recuperarse del todo en un plazo razonable de tiempo. Confiesa estar sobremanera motivado, primero por clasificarse con el Schalke para la Liga de Campeones, segundo por vestir de anaranjado en el Mundial de Brasil.

Klaas-Jan Huntelar tiene contrato con el Schalke hasta 2015. El director deportivo, Horst Heldt, ha anunciado que en breve iniciará conversaciones con el representante del jugador. Al revés que otros equipos, que lo dejaron ir sin sacar provecho de sus enormes cualidades, el Schalke está dispuesto a retenerlo como sea. Lo cual significa, claro está, que habrá que rascar el bolsillo. No vaya a ser que se apague el faro, esta vez para siempre.

Tomado de El País

 
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