LA SALIDA

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo 
mrcarrillop@gmail.com 
@carrillomarcos 

 

Un sector de asesores de la MUD ha venido planteando por años un falso dilema entre vía electoral y otras formas de lucha democrática. Alegan generalmente que son las elecciones el único camino que ha dado resultados. La afirmación no es correcta pues, si bien es cierto que ese espacio no debe abandonarse y que ha habido algún éxito a nivel municipal o estadal, no se ha logrado el fin principal que se persigue a través de esa vía que es la toma del Poder Ejecutivo nacional.

Opi Salida Venezuela SeñalOtro sector, encabezado por María Corina Machado, Leopoldo López, Antonio Ledezma y Diego Arria ha propuesto que, además de la opción electoral, la salida es por la vía democrática mediante mecanismos de lucha no violenta (en el caso de Arria, va aún más allá). Quienes se oponen a esta posición suelen alegar el fracaso del 11 de abril, argumento no solo errado sino –increíblemente- importado de la versión chavista de los hechos. Ya hemos argüido que el 11 de abril fue un triunfo de la sociedad civil, a la que se sometieron tanto la Fuerza Armada como todos los poderes públicos. Lo sucedido el 12 y el 13 fue producto de situaciones distintas causadas por la chapucería de un grupito de aprovechadores, no imputables a la sociedad civil que pacíficamente derrocó al principal culpable de la tragedia que hoy vivimos. 

En los actuales momentos la situación es clara: o se espera hasta las elecciones presidenciales del 2019 para tratar de salir de este oprobio, como veladamente desean algunos, o se toman acciones políticas para producir un cambio de régimen en el corto plazo.

Mantenerse esperando el 2019 no solo es una ingenuidad de marca mayor sino una irresponsabilidad histórica. Esta posición presupone varias cosas:

En primer lugar, asume que en 2019 las trampas electorales se mitigarán. No hay el más mínimo dato tangible que permita sustentar esto; por el contrario, todo indica que las trampas se harán aún más sofisticadas y, peor aún, es una variable a tomar en cuenta la posibilidad de que ni siquiera haya elecciones democráticas, como se deduce tanto del plan de la patria como de la critica cubana al “sistema electoral burgués” que Maduro (el niño de mandado de los castro en el país) ha venido predicando reiteradamente este 2014. 

En segundo lugar, esa posición desprecia la capacidad de lucha y de organización del ciudadano, y asume una actitud resignada que implica aceptar que quienes desean la libertad y la democracia somos minoría, comprando, una vez más, el argumento cubano-chavista y contradiciendo el hecho de que los demócratas ganaron las elecciones de 2013 (alegado por los mismos que aducen que la única salida es electoral).

Finalmente, quienes proponen la pasividad de las fuerzas democráticas hasta el 2019 no toman en cuenta que con cada día que pasa se seguirá afianzando la capitulación de Venezuela a la invasión cubana y a los más infames intereses de la humanidad (narcotráfico, trata de personas, terrorismo, corrupción, etc.). Es decir, mientras en esta esquina ingenuamente se esperarán ¡seis de años! hasta la próxima campaña presidencial, en la otra se maquinan, desarrollan y concretan acciones día a día para continuar con el sometimiento de Venezuela a los antes nombrados intereses.

Por ello, toda la oposición debe mantener la unidad alrededor de quienes están proponiendo un camino que ya fue exitoso y que, dadas las actuales circunstancias,  se perfila como la única opción plausible de confrontar el castrocomunismo y sus implicaciones. Los riesgos y los costos son muchos, evidentes y dramáticos, pero son infinitamente menores a esperar pasivamente la abolición definitiva de la libertad y a que haya 150.000 muertos más de aquí al 2019 en manos de la violencia patrocinada por el Estado.

 

 

 

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