Nos vemos en las calles

William Padrón
@williampadron
williampadron@gmail.com

 

Agarras un taxi con desconfianza mientras el conductor suspicazmente te escanea. Apresuras el paso cuando un adolescente de color vestido con ropa deportiva va por tu misma vía. La señora mayor que ve que te le acercas con la premura que el tiempo callejero nos permite deslazarnos, huye aterrada de ti. En el autobús preferimos usar el puesto vacío de atrás antes de compartir el que está disponible junto el pasajero de turno.

Nos hemos vuelto desconfiados. El panorama diario de hampa, criminalidad, violencia y viveza citadina nos ha separado el instinto de compartir y darle la mano al prójimo. Somos sobrevivientes de nuestro propios temores y aquellos que nos ha sido infundado por el ejemplo cotidiano de un país en el que la vida no vale nada y el que convertirnos en una estadística de afortunados con vida es una ruleta de la suerte.

Solíamos ser tan calurosos, efusivos y colaboradores como ciudadanos que ahora todo se ha reducido a no mezclarnos con desconocidos, limitar las conversaciones y tener que aprender a usar el instinto de ubicación para no tener que pedir direcciones y nos dejen con la palabra en la boca.

Nuestra quimera de país seguro es una posibilidad de la que todos van elucubrando durante sus análisis internos. Aún no queremos darnos cuenta de que el primer paso es cambiar como individuos, reforzar la cultura alrededor de nuestra sociedad para darle un vuelco a ese fétido pensamiento en el que aniquilamos al de al lado.

Parece irónico que el gobierno llame a una marcha por la paz mientras la oposición hace lo suyo por la misma causa, como si la totalidad del país no necesita lo mismo. No existen niveles de paz según tu ideología, ni es un tema político. Es un deber de quienes están en los cargos del Estado asegurarnos un bienestar social, hacer un plan de desarrollo de la ciudad y que todos gocen de la misma seguridad y paz que nos merecemos como individuos. ¿No deberíamos salir todos juntos a reclamar lo mismo sin importar nuestra ideología? El hampa no pide credenciales políticas, te ataca y ya.

La oposición llama a la gente a la calle, el ciudadano inconforme tiene ganas pero le da miedo ser agredido, acusa a los militares de no actuar conscientemente y se refugia en las redes sociales a lanzar una retahíla de pensamientos hostiles y subidos de tonos con la firme convicción de que un hashtag o etiqueta en el tuiter va cambiar el curso de los acontecimientos.

Estamos atrapados en nuestros hogares, llenos de impotencia, buscando un cambio pero con miedo. Es cierto, la paciencia se ha perdido, estamos al borde del colapso mental, queremos calentar la calle. Las redes sociales ya no son suficiente para enfrentar lo inevitable, hasta el hampa está consciente de que debemos tomar las calles y tomar el control porque esos mismos delincuentes saben que su poder es efímero mientras no lo mate el enemigo natural de sus fechorías: la violencia.

Este año no hay voto secreto, no hay campañas políticas, no hay promesas, huele a sentimiento reprimido, se siente las ganas de salir a reclamar, se percibe al ciudadano saliendo a la calle. Lo que viene son acciones inmediatas de cada uno de nosotros exigiendo el cumplimiento del deber…  nos vemos en las calles.

 

 

 

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