Hijos de Bolívar

Peter Albers

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peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

Lo teníamos delante y no lo veíamos. Sus ojos, esos a los que nos acostumbraron los retratistas de la época, negros, penetrantes, nos miraban fijamente. Si hay algo impresionante en sus retratos es esa mirada fija, dominante, que parece exigirnos sacrificio, valentía, desprendimiento. Ser como Él, para merecer llamarnos sus hijos.

Pero nos habían antepuesto una imagen que nos impedía verlo. Una de plástico, desdibujada, manipulada y tosca, colocada entre nosotros y Él por gente malintencionada y movida por el único afán de conquistar el poder y mantenerse en él por cualquier medio y a toda costa. Gente ambiciosa de mando y dinero, dispuesta a cualquier cosa para llenar sus arcas con las riquezas que son de todos los venezolanos.

 

Genesis Carmona

 

Y bastante que nos lo repitió Hugo Chávez: somos Hijos de Bolívar. Pero, viniendo de quien venía, unos sentimos recelo de sus intenciones, llegando hasta a detestar a esa falsa figura que, manipulada como marioneta de circo barato, nos exigía lealtad y obediencia al personaje que tenía los hilos en sus manos; otros cayeron como hipnotizados bajo las palabras del encantador teatrero, y siguieron sus órdenes, sordos sus oídos para cualquiera otra voz que no fuera la del meloso manipulador. Un redivivo Flautista de Hammelin.

Pero por nuestras venas, y por las de los engañados, seguía corriendo la sangre de El Libertador, y lo sigue haciendo, ahora con más fuerza y vigor. De tanto decírnoslo, hemos recordado que sí, que somos Hijos de Bolívar. Pero no de ese de cartón, desdibujado y tosco que nos trataron de vender, sino del auténtico, el que libertó cinco naciones.

Como un torrente incontenible circula la sangre del Ilustre caraqueño por las venas de esa muchacha que lleva el legado de Bolívar, transmitido por su madre venezolana desde su propio vientre, y se interpuso entre los violentos y el piquete de policías que, venezolanos también, se protegían de las agresiones de los impacientes y desorientados agresores, de esos que no entienden el mensaje de quienes queremos una lucha, aunque suene contradictorio, pacífica. Una batalla sin víctimas ni victimarios.

Como un torrente incontenible circula la sangre de Bolívar por las venas de esos jóvenes que, como Génesis Carmona, han caído bajo las balas asesinas de los que apoyan a los inescrupulosos que, valiéndose de artimañas y descarado ventajismo, se mantienen en el poder para continuar el festín al que se han acostumbrado por tres lustros de latrocinio y despilfarro de nuestros recursos.

Como un torrente incontenible circula la sangre de Bolívar por las venas de esos que nos dirigen hacia derroteros de libertad, igualdad y prosperidad, sin miedo a la amenaza, la tortura o el vejamen.

Como un torrente incontenible circula la sangre de El Libertador por nuestras venas, y ahora nos inspira para recuperar nuestra libertad perdida, nuestra dignidad pisoteada, nuestro honor puesto en los labios burlones de nuestros hermanos del mundo que nos miraban con sorna, sin sentir ninguna lástima por un pueblo que va inexorablemente caminando hacia el despeñadero.

Hemos despertado los Hijos de Bolívar de esa pesadilla, y caminamos fervorosos hacia un futuro donde nos espera la libertad, la democracia, la recuperación de nuestros valores y de nuestra dignidad.

Gloria al Bravo Pueblo.

 

 

 
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