Manuel Noriega, criminal, narcotraficante y mentiroso

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JUSTO VILADESANS

Los políticos mienten. Todos. Pero no todos por igual. No deberían mentir. Hoy desvelamos la historia del general Manuel Antonio Noriega.

El 3 de enero de 1990, monseñor Laboa, nuncio apostólico en Panamá, ofició misa en la capilla de la Nunciatura. Entre los pocos fieles que asistieron a la celebración estaba el general Manuel Antonio Noriega, jefe del Gobierno de Panamá, ex agente de la CIA y presidente en la sombra del país desde la muerte en accidente (?) aéreo del dictador Omar Torrijos. Monseñor Laboa, en su sermón, recordó a Dimas, el buen ladrón arrepentido que fue crucificado junto a Jesús.

Noriega se puso a llorar, fue a su cuarto, escribió una letra de agradecimiento al Papa por haberle permitido refugiarse en la Nunciatura, se vistió con su uniforme de general y salió a la calle, donde fue detenido por los soldados estadounidenses que desde el 20 de diciembre habían invadido el país con un solo objetivo: apresar a Noriega.

Cuando Omar Torrijos se hizo con el poder, Noriega era un ambicioso comandante y antena de la CIA al que se le premió con la Jefatura del Servicio de Inteligencia panameño. Su primera medida fue controlar el narcotráfico en la zona. Pero no controlarlo, sino ampararlo, gestionarlo y beneficiarse de él. A cambio, Estados Unidos tenía un aliado en el sur que le permitía dirigir con más eficacia la lucha contra los regímenes comunistas de El Salvador y Nicaragua. Noriega se fue haciendo cada vez más fuerte hasta que creyó que podía desafiar al jefe de la CIA, George Bush padre, cuando decidió conspirar hasta conseguir la renuncia del presidente electo Nicolás Ardito Barletta. Cuando Washington pidió explicaciones, Noriega decidió mentir. Negó todas las acusaciones y se enrocó.

La Casa Blanca montó en cólera y Noriega, atrapado en sus mentiras, decidió cortar todos los lazos con la CIA y tirar por la calle del medio: atrincherarse y ligar su suerte a la de su país. En mayo de 1989, el general Noriega, líder militar de Panamá y comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa, decidió anular las elecciones que había ganado de forma arrolladora el candidato opositor Guillermo Endara. En septiembre de 1989, después de gravísimos disturbios y centenares de desapariciones de opositores al Gobierno ilegítimo, Noriega nombró presidente a uno de los suyos, Francisco Rodríguez.

Estados Unidos decidió intervenir y el 3 de octubre apoyó un golpe de Estado que fracasó. Todos los oficiales golpistas fueron torturados con saña y el jefe de los sublevados, el comandante Moisés Giroldi, fue ejecutado sin proceso judicial. La Asamblea Nacional panameña decidió otorgar poderes especiales a Noriega y lo designó presidente y jefe del Gabinete de Guerra. La primera medida de ”cara e’ piña” – así le llamaban los panameños- fue declarar la guerra a los Estados Unidos de América.

En respuesta, el presidente Bush padre autorizó la operación Causa Justa. El 20 de diciembre, cerca de 30.000 soldados estadounidenses invadían Panamá mientras Noriega corría a la Nunciatura a pedir asilo. Efectivos del Grupo de Operaciones Psicológicas del Ejercito de los Estados Unidos colocaron altavoces gigantes dirigidos a la Nunciatura y comenzaron a bombardear el edificio con las notas de la canción I Fought the Law del grupo The Clash. 

Pero ninguna guerra psicológica pudo con Noriega. Sólo la homilía de Laboa y el recuerdo del buen ladrón ayudaron al mentiroso (criminal, narcotraficante y carapiña) a entregarse a los yanquis.

 

Lagaceta.es

 

 
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Un Comentario;

  1. Jose nicolas aray said:

    Y asi terminan estos delincuentes que se creen dueños de sus paises.

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